Empresas como Palantir o Lockheed representan una pequeña parte del gasto, pero son difíciles de eliminar
Regala esta noticia Añádenos en Google 26/08/2026 a las 01:37h.«No echo nada de menos», afirma Dirk Schrödter, ministro de digitalización del estado federado alemán de Schleswig-Holstein. A través de una videollamada con ... OpenTalk, una alternativa alemana a Teams de Microsoft, explica cómo, en los últimos dos años, ha trasladado a unos 30.000 funcionarios del Estado de las herramientas de colaboración y productividad de la empresa estadounidense a alternativas de código abierto. Ahora ha iniciado el proceso de migrar al personal de Windows a Linux, un sistema operativo de código abierto. Esta medida ha llamado la atención de autoridades de otros lugares que también desean romper sus vínculos con los gigantes tecnológicos estadounidenses. «Cada semana recibimos preguntas de otros estados, ciudades y gobiernos tanto de dentro como de fuera de Europa», afirma.
Los gobiernos extranjeros están analizando hasta qué punto su capacidad de funcionamiento depende de los proveedores estadounidenses. Los temores se avivaron el pasado mes de mayo cuando Karim Khan, entonces fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, perdió el acceso a su cuenta de correo electrónico de Microsoft después de que el presidente Donald Trump impusiera sanciones a la Corte por haber dictado una orden de detención contra Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel —Microsoft afirma que no interrumpió su servicio—. Otro sobresalto se produjo este mes de junio, cuando Trump obligó a Anthropic, un laboratorio de inteligencia artificial, a cortar temporalmente el acceso a sus últimos modelos en países extranjeros. Los aliados de Estados Unidos también tomaron nota cuando el país suspendió en dos ocasiones el suministro de armas a Ucrania el año pasado.
Las empresas estadounidenses obtienen una pequeña parte de los contratos licitados por gobiernos extranjeros. Sin embargo, sus productos y servicios suelen ser fundamentales para funciones gubernamentales críticas. Por ello, se están llevando a cabo diversas iniciativas para reducir la dependencia de los proveedores estadounidenses y fomentar alternativas nacionales. En muchos casos, no obstante, hacerlo resultará enormemente difícil.
Europa, en particular, se ha convertido en el epicentro de los esfuerzos para expulsar a las compañías estadounidenses de las cadenas de suministro de la administración pública. El ejecutivo francés tiene previsto abandonar Teams y quiere migrar algunos ordenadores a Linux. Las administraciones locales, entre ellas las ciudades de Reus, en España, y Aarhus, en Dinamarca, han recurrido a proveedores europeos de servicios en la nube como Nextcloud y Hetzner, ambos de Alemania. En junio, la Comisión Europea dio a conocer un plan para impulsar la «soberanía tecnológica» del continente que, entre otras cosas, tiene como objetivo trasladar el procesamiento de datos gubernamentales sensibles a dichos proveedores. El año pasado, España canceló un pedido de aviones de combate F-35, suministrados por la empresa estadounidense Lockheed Martin. Los políticos británicos están instando al primer ministro a aplicar una cláusula de rescisión en un contrato entre Palantir, una empresa estadounidense de análisis de datos, y el Servicio Nacional de Salud.
Nuestras estimaciones sugieren que, a nivel agregado, las empresas estadounidenses representan una parte modesta del gasto público en el extranjero. Calculamos que, de los 25 billones de dólares en ventas generadas el año pasado por las empresas estadounidenses que cotizan en bolsa, quizá 500.000 millones de dólares (o el dos por ciento) procedieron de gobiernos extranjeros. Esto equivale aproximadamente al siete por ciento de la contratación pública en los países de la OCDE, excluido Estados Unidos, que representan una abrumadora mayoría del gasto.
Información y defensa
Algunos países son más dependientes que otros. Si nos basamos en el número de contratos públicos adjudicados a empresas estadounidenses el año pasado, Australia (el seis por ciento de los contratos) y el Reino Unido (el cuatro por ciento) son más dependientes que Francia (el dos por ciento) y Alemania (el uno por ciento), según cifras de TenderAlpha, un proveedor de datos.
Sin embargo, las empresas estadounidenses desempeñan un papel desproporcionado en áreas críticas de la administración pública. Estimamos que aproximadamente dos quintas partes del volumen de negocio que las empresas estadounidenses generan con gobiernos extranjeros corresponde a los sectores de las tecnologías de la información y la defensa. —los productos farmacéuticos y los equipos médicos, adquiridos por los sistemas de salud públicos de todo el mundo, constituyen otra parte importante—.
A menudo, esto se debe a que hay pocas alternativas válidas. Alphabet, Amazon y Microsoft controlan dos tercios del mercado mundial de la computación en la nube, según Synergy Research, una empresa de análisis. Forrester, otro grupo de investigación, calcula que los proveedores estadounidenses representan entre siete y nueve de los diez mayores proveedores en la mayoría de los segmentos del software empresarial.
Los gobiernos que desean el sistema de defensa aérea más avanzado deben recurrir a Lockheed y RTX
Los sustitutos que existen suelen ser de menor calidad. A veces, la pérdida es insignificante: en OpenTalk, los usuarios no pueden enviar emojis que vuelen por la pantalla. Sin embargo, otras carencias son más graves. LibreOffice, el paquete de software de productividad de código abierto por el que se están decantando muchos gobiernos, carece de las funciones de inteligencia artificial que ofrece Microsoft, una debilidad que no hará más que acentuarse a medida que avance la tecnología. OVHcloud, proveedor francés de computación en la nube que es la mayor empresa de este tipo de Europa, genera aproximadamente una centésima parte de los ingresos de Amazon Web Services, lo que le dificulta competir en precio o mantenerse al día en materia de innovación. Del mismo modo, los gobiernos que desean el sistema de defensa aérea más avanzado deben recurrir a Lockheed y RTX, otro fabricante de armamento estadounidense, que juntos producen el Patriot.
Los costes del cambio también pueden ser elevados. Lockheed suministra aviones F-35 a gobiernos desde Noruega hasta Bélgica. Estos países podrían optar en su lugar por un avión europeo, como el Rafale o el Typhoon, aunque sean menos avanzados. Sin embargo, eso requeriría una profunda reorganización operativa, que incluiría la recapacitación de pilotos y personal de apoyo, así como la sustitución de los arsenales de armas —algo difícil de vender cuando ya se han gastado enormes sumas en los aviones de Lockheed—.
O pensemos en los sistemas de historiales de pacientes en los hospitales. El elevado coste de cambiar a un nuevo proveedor es, en parte, la razón por la que el Parlamento noruego votó en junio a favor de seguir utilizando Epic, un proveedor estadounidense de bases de datos sanitarias, a pesar del descontento de los médicos con el producto.
Las empresas estadounidenses que venden a gobiernos extranjeros suelen depender de cadenas de suministro globales
La dependencia de las empresas locales respecto a los proveedores estadounidenses complica aún más las cosas. Roy Illsley, de Omdia, otra empresa de investigación, señala que gran parte del software que utiliza OVHcloud procede de VMware, propiedad de Broadcom, una empresa estadounidense.
Los gobiernos que rechazan a los proveedores estadounidenses corren el riesgo de irritar a su tempestuoso presidente, lo que podría convertir a la superpotencia en un aliado aún menos fiable. Pieter Wezeman, del SIPRI, un centro de estudios de Estocolmo, señala que, en julio, Dinamarca se decantó por aviones de patrulla marítima fabricados por Boeing, un gigante aeroespacial estadounidense, en lugar de por alternativas europeas, lo que interpreta como una señal de que el país no quiere distanciarse de Estados Unidos a pesar de los enfrentamientos por Groenlandia.
A modo de consuelo, los aliados de Estados Unidos deberían recordar que existen numerosas dependencias en sentido contrario. Gran parte del gobierno federal de Estados Unidos funciona con software proporcionado por la empresa alemana SAP. Y las empresas estadounidenses que venden a gobiernos extranjeros suelen depender de cadenas de suministro globales. La parte trasera del fuselaje de cada F-35 la fabrica BAE Systems, un fabricante de armamento británico, en Lancashire. Los chips más avanzados utilizados en la computación en la nube se fabrican en instalaciones gestionadas por TSMC, una empresa taiwanesa, utilizando equipos de ASML, una compañía neerlandesa. A los aliados de Estados Unidos les convendría centrarse en hacerse aún más indispensables.
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