Sábado, 06 de junio de 2026 Sáb 06/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Las confesiones sobre la trama de Julián, un diputado del PSOE que no existe

Las confesiones sobre la trama de Julián, un diputado del PSOE que no existe
Artículo Completo 3,436 palabras

Pedro Sánchez a su llegada a la Ejecutiva del PSOE este lunes en Ferraz. PSOE

PolíticaLas confesiones sobre la trama de Julián, un diputado del PSOE que no existe Publicada 6 junio 2026 02:50h Las claves

Las claves Generado con IA

La realidad ha okupado el lugar de la ficción a lo largo de estos días con las ramificaciones más delirantes de la trama.

Hagamos justicia: en esta columnata, durante un rato, la ficción va a okupar el lugar de la realidad con la historia de Julián, un diputado del PSOE que no existe, pero que podría ser todos los diputados del PSOE.

Me llamo Julián. Tengo 55 años, un gato y un carné del Partido Socialista. Nací en Pamplona, junto al Parque de la Taconera, y me afilié en la sede que está a veinte metros de casa de mis padres, en el Paseo Sarasate.

Me decía mi padre "Julián, baja ya, hostia, si está aquí al lado; baja y afíliate como tu padre y como tu abuelo". Hoy mi padre me dice “pero, Julián, por el amor de Dios, rompe ya el carné, qué van a decir tus hijos".

Mis hijos no dicen nada, pero a ellos les dicen de todo. Les dicen que soy un “hijo puta". Y un chaval muy listo, que tendría que ser político, les dice que soy un pesebrero. A mí, lo del “pesebre" me trae buenos recuerdos, me suena a Navidad. En el Belén de casa, cuando niños, el caganer era Gil-Robles y había un cuarto rey, Pablo Iglesias el bueno.

No sé por qué me afilié y tampoco sé muy bien por qué sigo afiliado. Quise ser médico, pero no me daba la media. Quise ser matemático, pero no me daba la cabeza. Quise ser tantas cosas, pero nunca quise ser político.

Escribo porque es lo único que sé hacer y hablo porque es lo único que me da de comer. Estas páginas me sirven porque siento que aquí sí digo algo. Hablar todo el tiempo sin decir nada es muy trabajoso. Escondo estas notas emparedadas en el enorme argumentario que nos manda Patxi López cada mañana.

Con Patxi las vi de todos los colores en los años duros. Ahí sí sentí por primera vez, de manera clara, la vocación: éramos los que arriesgábamos la vida para defender una idea. Podían matarnos por llevar el carné en el bolsillo.

Hoy, en las calles de lo Viejo, los que alentaban nuestros asesinatos son nuestros socios y eso, lo reconozco, es lo que más me ha costado. “Aúpa", me dicen cuando nos cruzamos. Y a mí me sale de alguna parte “aúpa tu puta madre", pero se me traba la lengua cuando mi mala cabeza de matemático suma nuestros escaños con los suyos.

El partido ha ido cambiando mucho. Yo era de los de Alfonso, de los que escribían. Un guerrista me metió en la sede del Paseo Sarasate a escribirle ideas a un alcalde de la Ribera: “El cago en la hostia no me lo escribas, que ya lo digo yo".

Acompañando a aquel alcalde a su pueblo, mitin tras mitin, un día se dio el Milagro. Lo llamo el día de todos los Santos. Porque todos eran como él, como nuestro Santi.

Santi no hablaba nada, pero era el que mandaba en su pueblo. Yo, que hablaba mucho, no mandaba nada. Eso a veces pasa en política. Empezamos a tomarnos juntos unos “cacharros". No es que trasnocháramos, pero, claro, yo tenía que volver de Milagro a Pamplona y se me hacían las dos o las tres.

Mi novia, que es hoy mi mujer, me decía que me anduviera con ojo y que no dijera “cacharros", que yo no había dicho cacharros en la puta vida. Y tenía razón. Pero, si no llega a ser por los cacharros, no estaría escribiendo este diario en un ático con vistas a la calle Estafeta.

Así conocí al presidente Sánchez. Lo recibí en el balcón de mi casa un 7 de julio a las siete y media de la mañana. Vino a ver el Encierro. No sé si le gustó. El presidente habla casi menos que Santi. Eso sí, algo debió de aprender porque lleva corriendo encierros que son sumarios y sumarios que son encierros ya una buena temporada.

Qué cosas tiene la política, ¿eh? Tenía razón Santi. “Tú vas a ser diputado gracias al Encierro. Vas a amortizar la hipoteca porque se alinearon los astros un día de tu vida". Yo le decía “te equivocas, Santi, yo voy a ser diputado porque aquel día se alinearon los Santos".

Y Santi se reía como pocas veces. Creo que eso le gustaba de mí. Era de los pocos que le hacía reír. Koldo tendría otras cosas. Sus bromas le caían muy gordas a Santi, pero ahí estaba, presente en cada ocasión importante, como el día en que el presidente que todavía no era presidente vino a la Fiesta de la Rosa y quisieron, quisimos, que viera a Koldo partir troncos.

Sánchez dijo aquella noche antes de subirse al tren: “Es un ser mitológico". Y todos asentimos como si hubiéramos escuchado a Heráclito. No es una burla hacia mis compañeros. Es el poder. Yo también asentí como si Sánchez fuera Heráclito.

Después, la mayoría nos fuimos a casa. A Koldo, me contaron algunos diputados de la derecha, lo conocían porque había sido guardaespaldas de todos, de las izquierdas y las derechas.

Se decía que estaba condenado por haber ahostiado a un chaval que llevaba una camiseta con el lema “Independentzia". Koldo es pura transversalidad. De pronto, esos chavales eran los hijos de sus socios.

¿Qué nos pasó? ¿Qué coño nos pasó? El otro día, leí en un ensayo de nazis corrientes que uno de ellos, ante la misma pregunta, decía sobre su metamorfosis: “¿Tú eres capaz de ver cómo crece el trigo? Qué va, nadie lo es".

Pues con el partido, aunque suene increíble, ha pasado lo mismo. Hoy, no nos reconoce ni la madre que nos parió, pero las cosas fueron sucediendo poco a poco.

El día de la moción de censura pude saludar a Sánchez en el pasillo, poco antes de entrar al Congreso. Me guiñó un ojo. Ábalos, que andaba por ahí, me susurró al oído: “Sabe que eres el del balcón en la Estafeta, no te preocupes".

Habíamos pactado, no sé muy bien qué, con Batasuna, Esquerra, el PNV y toda la cuadrilla. Pero la justificación era clara: desalojar al gobierno de la corrupción para convocar elecciones.

Yo no tuve mucho problema para entrar en las listas de las generales. Era, o soy, ya no sé, amigo de Santi y, en las primarias anteriores, en la guerra civil aquella, no apoyé a Sánchez, a Susana, a Madina ni a nadie.

Nos metimos en el piso cuando vi que íbamos a durar. Había, y hay, algo en la mirada del presidente. Lo miras, tienes miedo y sabes que esto va a durar. Un día, llamó Santi muy contento. Escuché de fondo el corcho de una botella. Me dijo: “Dile a tu mujer que mire el correo". La habían hecho asesora de un consejero autonómico con un sueldo casi mayor que el mío.

Menudo grito pegó don Inda cuando chillamos para celebrarlo. Don Inda es el gato, por Prieto, que decía las cosas que dicen los que hoy llamamos "fachas", pero qué importa hoy don Inda.

El verbo “poder" desapareció de nuestras vidas. Ya no lo conjugábamos como una pregunta: “¿Podemos irnos de vacaciones a Canarias? ¿Podemos comer en el Europa? ¿Podemos mandar a los chavales a estudiar un máster a Estados Unidos?".

Ya no podíamos, sólo decidíamos. Eso era el poder. El poder como sustantivo. Y lo mejor de todo: el poder anónimo. A mí mujer y a mí no nos conocen ni en Pamplona. Ahora, nos conocen un poco más por los líos de Santi. Nos han sacado en algún periódico. Qué suerte tuvimos. Santi nunca nos propuso nada raro.

Se lo leí una vez a Manolo Vicent en El País. Nuestros periódicos siempre han sido El País y el Diario de Navarra, aunque por la calle siempre llevo el Diario de Noticias por si me cruzo con algún votante.

Escribió Vicent que, una vez, Cela cruzó la Gran Vía con Baroja y que nadie reconoció a don Pío. Esa es la mejor fama: la de tener mesa en un restaurante, la de tener mecánico los fines de semana, la de tener siempre entrada para el partido... y que nadie te reconozca.

Mi Sonia y yo somos Baroja desde hace ocho años.

En política, a poco que uno lleve en ella desde chaval, nada sorprende, pero debo reconocer en estas notas que no leerá nadie que lo de Koldo sí me sorprendió. Gente sin ganas de trabajar, sin demasiado talento, como es mi caso, siempre ha habido en política, en cualquier partido.

Pero lo de Koldo… cago en mi puta vida, cómo es posible. Eso dije la primera vez: “Cago en mi puta vida, ¿ese no es el del Rosalex?".

Al lado de El Sadar, había un puticlub, el Rosalex. Yo pasaba por allí los días de partido porque cogía la villavesa justo al lado. Me fijaba en aquel hombre, que es, como han podido comprobar todos los españoles, un hombre inolvidable.

Hasta pensé, se lo dije a Sonia, en escribir un relato inspirado en él. Eso, cuando supe más de su vida. El del Rosalex era el guardaespaldas frente a ETA, el confidente de la Guardia Civil, el chico de los recados en el Partido, el hombre para todo de Santi.

Solían irse a tomar algo al Franky. Cuando iban al Burladero y al Savoy, me invitaban, pero, si se iban al Franky, no me decían nada. Y mejor, porque una vez oí la palabra “Acciona" y me acojoné. Vaya huevos. Ya sé que somos el partido feminista, pero vaya huevos. Iban al Franky, que está en la puerta del Palacio de Justicia.

Santi es más listo de lo que parece. Era, o es, yo qué sé, mi amigo. Lo conozco bien. Lo subestiman por ser de pueblo y haber trabajado como técnico en una fábrica cualquiera.

Resulta impactante que el técnico de una planta acabe, de pronto, decidiendo la soberanía nacional en Waterloo con un prófugo de la Justicia. A veces, Santi me llamaba y me pedía que le escribiera algún papel inspirado en la Constitución. “Para justificar, algo para justificar".

Entonces, me levantaba, me ponía una copica de pacharán y, mirando a la Estafeta, retorcía algún artículo de la Constitución como si le estuviera retorciendo el cuello a Aznar.

Santi hizo la jugada de su vida. La jugada de nuestra vida, deberíamos reconocer cada diputado, porque su permanencia en el poder era nuestra permanencia. Yo, como osasunista que soy, siempre tengo el objetivo de la permanencia.

Santi sabía de las nocturnidades de Koldo y, en cuanto supo de las parecidas nocturnidades de Ábalos, se lo colocó como asesor. A José Luis, al principio, le chocó. Eso me lo contó Santi cuando le pregunté.

José Luis, un mediterráneo, no entendía: “¿Cómo coño va a ser este mi asesor, Santos, te has vuelto loco?". Y Santos nombró la palabra clave, “presidente": “Este tío protegió con su cuerpo los avales del presidente en las primarias. Este tío te saca de cualquiera. Le puedes confiar la vida. Ha luchado contra ETA".

Ahí les perdí un poco el rastro a todos… por fortuna para mí. Santi, en Madrid, se volvió Santos y no tenía tiempo ni para tomar una caña. “Un cacharro, Santi, ¿te acuerdas?". No había manera.

Santi dominaba Ferraz y Koldo, al que reconozco haber mirado siempre por encima del hombro, ¡el del Rosalex!, era consejero de Renfe. Le habíamos dado la vuelta al país. El país era nuestro. Era como si Osasuna, en una noche de resaca, se pusiese a ganar La Liga y a jugar la Champions.

Pasaron tantas cosas por el camino. Fue un desafío dialéctico. Primero dijimos que era Rebelión. Primero estuvimos contra los indultos. Primero estuvimos contra la rebaja de la malversación. Primero estuvimos contra la amnistía.

Sonia y yo nos divertíamos con un juego: cada vez que Sánchez se posicionaba en contra de algo muy gordo, nos poníamos un gintonic y empezábamos a escribir papeles sosteniendo la opinión contraria.

A Sonia se le escapó en una reunión y tuvimos que mandar esos papeles a Madrid más de una vez. El presidente lo sabía. El presidente lo sabe todo. Porque, en el Congreso, un día, volvió a guiñarme el ojo.

Fue la primera vez en que no lo busqué yo a él. Santi, desde la esquina del pasillo, se dio cuenta y asintió con la cabeza.

Hay que ser elástico para estar en esto, pero tengo la ventaja de ser el Baroja que decía Vicent. El tiempo va pasando y de un ministro, en diez años, no se acuerda nadie. ¿Quién se va a acordar de un diputado por Navarra?

Esta variable se les escapa a todos esos analistas de derechas que nos apremian a “darle un golpe al presidente votándole todo en contra en el Congreso". No tenemos ningún incentivo para hacerlo y tenemos muchos incentivos para mantenernos firmes.

La hipoteca, los hijos, los padres, nosotros mismos. ¿Quién no se hace moldeable en su trabajo cuando eso le puede arreglar el futuro? Al fin y al cabo, las posiciones que defendemos, aunque no sean las nuestras, son tan constitucionales como las contrarias. ¿Cuántos periodistas trabajan en periódicos con líneas editoriales contrarias a su pensamiento?

¡Pero si en los últimos tiempos del Arriba todos sus redactores eran rojos!

Además, algunos nos hemos jugado la vida frente a ETA y eso hay que cobrarlo de alguna manera. Todas esas mañanas mirando debajo del coche. ¿Y el entierro de Isaías? ¿Quién se acuerda de eso? Había que estar ahí.

Lo de Bildu… aúpa tu puta madre. Sí, es verdad, es una cabronada. Pero, a ratos, también pienso que los nietos de ETA van a ir al colegio con mis nietos. Algo habrá que hacer.

Porque lo que tenemos enfrente… Los locos de Vox y el PP, que harán como nosotros o peor. Lo que más me jode es lo de la corrupción. Eso ya… Eso, además, me está trayendo problemas.

Los de la trama mintieron a sus hijos diciéndoles lo de “no todos somos iguales" y Sonia y yo hemos tenido la mala suerte de utilizar la misma frase para tranquilizar a los nuestros. Joder, no nos creen ni nuestros hijos.

Tuvimos que cerrar las ventanas del puto balcón de todo lo que gritaban. Menudo arañazo me pegó don Inda. Que si nosotros íbamos a acabar igual, que si vamos a acabar saliendo en los papeles, que si su apellido va a acabar ensuciado para siempre, que si están perdiendo amistades… "¡Papá, no queremos ser las hijas de Zapatero!".

Los dos les juramos que no tenemos ni idea, que Santi no nos hizo ni caso desde que llegó a Madrid y que con Antxon, pese a los "cacharros" en el Burladero y las tostadas en el Savoy, no es que congeniáramos demasiado.

Nunca había escrito un diario y lo estoy escribiendo ahora por culpa de esa noche, por culpa de esos gritos. No puedo dormir, no tengo hielos para prepararme una copa. Sonia anda de viaje en no sé dónde con su consejero.

Y mi padre, luego está mi padre, que le dio un ictus a los pocos días de salir el último sumario. Está en la cama, no puede hablar, pero es como si me lo dijera todo el tiempo con la mirada: “Por el amor de Dios, ¿cómo no rompes el carné? Hazlo por tus hijos".

Mi madre, antes de salir de casa, apuntó con la barbilla a la basura: estaba la figurita del Belén de Pablo Iglesias.

No queda ni un mes para San Fermín. ¿Con quién voy a ir a la plaza? Me han dicho que no tenemos mesa en ningún sitio para el almuerzo. No me han llamado con las entradas para Roca Rey.

En el fondo, todo eso, lo escribo aquí, en estos papeles que no lee nadie y que por eso son verdad… En el fondo, todo eso me da igual. Y esa indiferencia me genera ansiedad. Porque esa indiferencia ante lo ajeno solo tiene una explicación: algo está pasando en los alrededores de mi conciencia.

Lo de Koldo no puedo decir que me sorprendiera, pero lo circunscribí a un solo ministerio. Lo de Santos es terrible. Y ahora la cloaca. Por no hablar de Zapatero, el único que me encendía con sus discursos.

¿Qué le decimos a la gente? Porque la gente que nos votaba creía en este proyecto, en lo de la nación de naciones, en lo de desinflamar los independentismos, en la subida del salario mínimo, en el muro frente a la ultraderecha…

Los artífices de todos esos mantras, a tenor de la UCO, se lo estaban llevando crudo. Si el presidente sabía que yo mandaba papeles desde mi balcón de la Estafeta, ¿cómo no va a saber nada de ninguna trama?

La política, así la he entendido yo siempre, es un juego. Una especie de juego dialéctico. Lo que no puedo asumir es el atraco. Sonia y yo nos hemos buscado la vida en la política como otros se la buscan en otra parte, pero nos lo hemos ganado con nuestro trabajo.

Vamos a destruirlo todo. No va a quedar nada y nadie se acordará de nosotros, pero ¿se acordará de nosotros nuestra conciencia? ¿Seré capaz de disfrutar del próximo encierro? ¿De todos los encierros de mi vida?

Estoy simplificando el problema. No hago más que escribir gilipolleces. Estoy borracho. Para distraerme, escribo papeles como si fueran para el presidente. No me sale nada. ¿Hay salida? ¿Hay alguna salida?

Tengo una oportunidad injusta para salvarme. Pese al camino recorrido, si ahora inicio la revuelta, si ahora anuncio mi voto en contra del partido en todas las ocasiones que vengan, el futuro me salvará.

Me salvará la derecha, me salvará la prensa crítica y, quizá, hasta me salve el líder que suceda a Sánchez. Pero no sé si puedo. De verdad que no sé si puedo. Soy un escritor de papeles, un diputado desconocido. Siempre he tenido miedo a lo que sucede dentro del partido, a todas esas cosas que no vemos los escritores de papeles.

Me salvó de todas las guerras internas no tener más ambición que la de una vida cómoda. Pero querer acabar con el presidente es tener una ambición. Irán a por mí. Irán a por mí hasta los que también quieran acabar con el presidente.

¿Qué es mejor? ¿Esperar hasta la muerte por generales y la puñalada de mi conciencia? ¿O dar un paso y morir apuñalado por los míos?

Hay que dejar de escribir cuando se escribe con grandilocuencia.

Continuará… o no.

  1. Pedro Sánchez
  2. José Luis Ábalos
  3. Santos Cerdán
  4. PSOE
  5. Koldo García Izaguirre

NEWSLETTER - ESPAÑA

Recibe de lunes a viernes las noticias más relevantes de la política nacional Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir