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Economía

Las contradicciones de Trump tergiversan la compleja historia del comercio estadounidense

Las contradicciones de Trump tergiversan la compleja historia del comercio estadounidense
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La obsesión del presidente con los aranceles refleja una mala interpretación de los últimos 250 años. Leer
Financial TimesLas contradicciones de Trump tergiversan la compleja historia del comercio estadounidense
  • ALAN BEATTIE
Actualizado 3 JUL. 2026 - 17:17El presidente estadounidense, Donald Trump.KENT NISHIMURA / POOLEFE

La obsesión del presidente con los aranceles refleja una mala interpretación de los últimos 250 años.

El pasado abril, con un lenguaje que evocaba la Declaración de Independencia, Donald Trump anunció un "día de la liberación" con una extraordinaria campaña de subidas de aranceles masivas. Él y su Administración han dejado claras sus inspiraciones políticas: el congresista republicano y posteriormente presidente William McKinley, quien impuso altos aranceles para proteger la industria manufacturera a finales del siglo XIX; antes que él, el senador y secretario de Estado Henry Clay, quien negoció un compromiso arancelario entre los intereses agrícolas e industriales en la década de 1830; y el primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, quien impuso aranceles para financiar el Gobierno federal de la nueva república.

Por una vez, Trump no se equivoca del todo: Estados Unidos tiene una larga tradición de aranceles elevados. Su defensa del libre comercio y la globalización en las últimas décadas —de palabra, si no siempre en la práctica— no ha sido una postura coherente durante los 250 años de la república.

Sin embargo, como era de esperar, la política comercial de Trump no es tanto un resurgimiento de una tradición arancelaria familiar como un caos total. Una de sus características más inquietantes ha sido la inusual abrogación del papel del Congreso, cuyo poder para "regular el Comercio con naciones extranjeras" está consagrado en el Artículo I de la Constitución de los Estados Unidos.

Un análisis de los detalles de la historia de la política comercial estadounidense demuestra no sólo hasta qué punto carece de rigor histórico la visión de Trump, sino también el papel del azar y la casualidad. La historia rara vez es lineal; la correlación se confunde frecuentemente con la causalidad; el tiempo y el azar influyen en todo.

El gran historiador del comercio estadounidense, Doug Irwin, sostiene que la política arancelaria se ha regido por los ingresos, la restricción (proteccionismo) y la reciprocidad. Algunos proteccionistas actuales, entre ellos Trump, citan a Hamilton y su "Informe sobre las Manufacturas" de 1791 como argumento a favor de una política industrial agresivamente intervencionista, en la que el Estado fomenta el desarrollo industrial tras barreras arancelarias proteccionistas.

En realidad, como señala Irwin, la principal preocupación de Hamilton era recaudar. La joven república, con un Gobierno federal débil, carecía del apoyo político y la capacidad administrativa necesarios para un impuesto sobre la renta y necesitaba recaudar impuestos sobre las mercancías que transitaban por los puertos.

Los aranceles protegían la industria manufacturera, pero se mantenían relativamente bajos y no se desalentaban las importaciones. El uso explícitamente proteccionista de los aranceles para restringir las importaciones llegó más tarde, en el siglo XIX. Esto dio lugar a constantes conflictos entre la agricultura, que en ese momento era altamente competitiva a nivel internacional y deseaba mantener los aranceles bajos, y la industria manufacturera, que temía la competencia de Reino Unido y buscaba protección.

El arancel McKinley de 1890, si bien tristemente célebre por su desastroso resultado político —los republicanos sufrieron una aplastante derrota electoral dos años después—, se enmarcaba en la tradición proteccionista manufacturera de finales del siglo XIX. La invocación que hace Trump de este arancel como parte esencial del crecimiento industrial estadounidense es errónea: Irwin demuestra que, en todo caso, los aranceles frenaron el desarrollo de la industria manufacturera.

El episodio verdaderamente infame del proteccionismo fue la Ley Smoot-Hawley de 1930, a la que se le atribuye haber desencadenado una espiral global de aranceles que agravó la Gran Depresión. Ni siquiera Trump intentó reivindicarla como inspiración histórica. Ocurrió casi por casualidad: un modesto aumento de aranceles propuesto para apoyar la agricultura llevó a los fabricantes a añadir sus propias medidas de protección. La situación se descontroló por completo y provocó una feroz represalia por parte de los socios comerciales, lo que tomó al Congreso por sorpresa. (Eso, como mínimo, fue un presagio de lo que le ocurriría a Trump, quien aparentemente no anticipó la respuesta, de China en particular, a sus aranceles).

A ello le siguió un largo período de eliminación gradual de los aranceles de la era de la Depresión, iniciado por Franklin D. Roosevelt y continuado en un contexto multilateral, a pesar de algunos tropiezos proteccionistas bajo Richard Nixon y Ronald Reagan. Para cuando Trump fue elegido en 2016, el descontento estadounidense con el comercio y la globalización sin duda iba en aumento, consecuencia del auge de China, pero su desviación hacia la excentricidad proteccionista fue bastante extraordinaria.

La política comercial de Trump es un desastre porque intenta lograr los tres objetivos expuestos por Irwin y varios otros a la vez. Quiere que los ingresos arancelarios reemplacen el impuesto federal sobre la renta. Eso no sólo es absurdo, dado el tamaño del Estado moderno, sino que también contradice enormemente su deseo de proteger a las industrias favorecidas y negociar una reducción de los aranceles de otros países. Por definición, los aranceles no pueden generar ingresos si se impiden las importaciones o si se reducen en un acuerdo recíproco. La industria manufacturera estadounidense sigue perdiendo empleos: Trump, como un médico medieval que intenta reanimar a un enfermo, continúa aplicando sanguijuelas.

La impopularidad política de sus aranceles ha obligado a Trump a parar, por ahora. Su próximo paso es una incógnita. Pero haga lo que haga, sin duda encontrará algún aspecto de la compleja y contradictoria historia de la política comercial estadounidense que podrá usar erróneamente para justificar sus políticas.

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Fuente original: Leer en Expansión
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