'Gymfluencers', acaparadores de máquinas, ligonas de poca monta, cochinos... ¿tanto cuesta mantener una mínima etiqueta?
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 16/09/2026 Actualizado a las 00:10h.El gimnasio es un ecosistema de verdad curioso. Aunque en teoría deberíamos estar todos 'igualados' por el uniforme de deporte, por la costumbre extendida de ... meter tripa al desplazarnos por el recinto, por la sudada inevitable y por esa cara de 'no puedo con mi vida, pero disimulo', lo cierto es que la fauna resulta de lo más variado. Ya no hablamos solo de las edades de los clientes, que también -ahí conviven hombro con hombro los chavalillos que se estrenan y los veteranos entrados en años-, hablamos de los estereotipos que se repiten en todos los clubes.
Por eso la convivencia no siempre discurre en calma. Al pagar por el tiempo que pasamos allí -ese que tanto cuesta rascar a la agenda y que tan necesario resulta para nuestra calidad de vida-, nos cabrea muchísimo que otros usuarios nos lo amarguen por la razón que sea. Que las hay a patadas. A continuación, elaboramos un ranking de los llamados 'bad gym habits'. Para recorrerlo nos acompaña Marcos Vázquez, escritor y creador del exitoso blog Fitness Revolucionario.
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Ocupar la máquina mirando el móvil entre series
Es el número uno en la escala del enfado: querer utilizar un equipamiento y encontrarse a alguien ahí 'aparcado', ignorando olímpicamente a quien espera. ¿Un truco habitual para espabilar al jeta? Mirarle fijamente a ver si le entran los nervios, liquida sus series o se marcha a 'estacionar' a otra parte. Si ves que puede ser una persona agresiva, mejor te 'chivas' a los monitores y que se jueguen ellos la vida. «Si haces descansos largos, te levantas entre serie y serie para que la use otra gente. Y sobre todo, si haces estos descansos largos, no te quedes mirando el móvil», ruega Vázquez. ¿Existe algún margen considerado reglamentario para no monopolizar la máquina entre serie y serie? Expertos de la prensa especializada-'Garage Gym Reviews', 'Men's Health' y 'The Harris Poll'- coinciden en que jamás se deben superar los dos minutos. Pasar de ahí es de pésima educación. Aunque hay una maniobra peor si cabe: dejar la toalla encima en plan 'reserva' y marcharte a hacer otra cosa.
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No limpiar y no recoger
Este problema concentra el 75% de las quejas recurrentes, según los estudios de hábitos en recintos deportivos. Y aunque a casi nadie le repugne su propio sudor, al resto de la humanidad no le apetece lo más mínimo rebozarse en el ajeno... ¡Lleva siempre toalla para dejarlo todo impoluto! Para Marcos Vázquez es la regla de oro: «El gimnasio es un espacio compartido y la idea es dejar el lugar y el material como te gustaría encontrarlos». Considera, además, de pésimo gusto utilizar unas mancuernas, una máquina con discos o una barra y terminar dejando todo desperdigado fuera de su sitio. Es una de las cosas que más saca de quicio tanto a los usuarios como a los empleados, que están allí para asesorar y no para ejercer de niñeras recogiendo los juguetitos de nadie.
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Acoso visual
A veces la gente no sabe hacia dónde dirigir la mirada o le gusta observar a los demás, bien para aprender la técnica, bien porque le agradan los cuerpos de alrededor (y la ropa deportiva puede resultar muy sugerente, vale). Sin embargo, de ninguna manera podemos quedarnos clavados mirando a alguien fijamente.
Hay quien cree que así se liga (desplegando su mirada fascinante), pero no: lo único que consigue es inquietar. Las mujeres sufren mucho más este problema que los hombres. No es que ellas no miren, es que suelen ser bastante más disimuladas. De hecho, estas miradas incómodas provocan que, sobre todo los principiantes, perciban el centro como un espacio hostil. «Que no tenga miedo. A veces piensan que la gente con experiencia les juzga y en realidad casi nadie lo hace», anima Marcos Vázquez. Aunque ese «casi» siga resultando preocupante.
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Los 'gymfluencers'
Cada vez hay más personas (alrededor de un 43%) que son o se creen 'gymfluencers' y se dedican a grabar sus entrenamientos, algo que inquieta a quienes no tienen ningún interés en aparecer de fondo... «Intenta que sea un plano hacia una pared, y no grabes zonas de paso», destaca Vázquez. Y ya el colmo del descaro: plantar el trípode en mitad de la sala y bloquear el tránsito.
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Respeta el espacio personal
Un amigo anónimo dice en broma que algunos usuarios adoptan «posturas innobles». Y es que, ¿a quién no le ha incomodado alguien haciendo sentadillas justo delante de su cara? A ver, que corra el aire. «Hay que respetar el espacio personal y no pasar muy cerca de las personas que están entrenando. Les puede hasta distraer, sobre todo si están levantando peso o mirándose al espejo para hacer un ejercicio», indica el experto. Otro 'tip' de Vázquez: «Intenta no hablar con alguien hasta que termine su serie. O especialmente si están haciendo un peso muerto o un 'press' de banca», apunta.
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No des consejos que no te piden
Esto les ocurre sobre todo a las chicas. Concretamente, a más de la tercera parte de ellas, según las revistas especializadas. Por alguna misteriosa razón, algunos hombres se creen investidos de la misión divina de aleccionarlas sobre cómo ejecutar los ejercicios. Ay, el 'mansplaining'. «No des consejos que nadie te ha pedido», resume tajante Vázquez, «a no ser que veas un riesgo inmediato o que alguien está haciendo algo rematadamente mal. Ir de listillo corrigiendo a todo el mundo... mal».
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Banda sonora desagradable
Ni necesitas bramar como un elefante en celo al levantar peso, ni el reguetón que escuchas por los cascos a todo volumen le interesa a quien tienes al lado. Y si de verdad necesitas hablar por teléfono, «apártate a un lugar tranquilito donde no molestes», concluye Vázquez. Quienes más se quejan de estas molestias acústicas, por cierto, son los hombres.
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