El libro descatalogado se ha vuelto materia prima de la IA. Su destino final es ser completamente destruidos
2 comentariosFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-07-23T10:31:15ZJohn Tones
Editor Senior - EntretenimientoJohn Tones
Editor Senior - Entretenimiento Linkedintwitter4094 publicaciones de John TonesEl impacto de la IA ya no solo está en términos digitales, sino que afecta a marcos tan aparentemente poco vinculados al entorno virtual como los libros de segunda mano. Libreros de todo el mundo están detectando la compra de lotes de libros focalizados en puntos muy específicos. Al cruzar los datos se adivinan las intenciones, y de nuevo la IA y su voraz necesidad de ser alimentada con datos de forma casi pantagruélica está detrás.
Robots compradores. Marçal Font regenta la librería Fènix, en Badalona, y lleva semanas recibiendo compras de una empresa canadiense que sospecha que está automatizada: encargos consecutivos del mismo comprador separados por apenas un minuto. Una veintena de librerías de viejo españolas han vendido a la misma compañía desde finales de abril, algunas con encargos de más de mil ejemplares, casi siempre no ficción descatalogada: hablan de una monografía sobre los castellers de Granollers de los años setenta, un manual técnico de vinificación, actas de congresos de hace medio siglo, dietarios de la Guerra Civil...
En todo el mundo. El mismo patrón se repite en Alemania, Estados Unidos, Nueva Zelanda o Australia: una compañía de Silicon Valley ha llegado a hacer a una librería española un pedido de más de 3.000 libros. Lo que distingue a este tipo de compradores de clientes corrientes es la indiferencia sobre el precio y la ausencia de coherencia temática.
En XatakaLa imagen que resume una era: millones de libros en un almacén esperando a ser destruidos tras entrenar a una IAOtro ejemplo: un librero estadounidense pasó de vender veinte libros en una buena semana a cientos, con compras que ignoraban el valor de mercado del ejemplar y ojo a la sutileza, saltando de un tema a otro sin relación aparente. En los foros de Alibris, otro mercado de venta de libros, un responsable de la plataforma atribuyó el repunte a la llegada de nuevos compradores al por mayor que están acaparando libros comerciales.
Dos empresas, un destino. El comprador identificado en España es ZoomBooks, una compañía canadiense de compraventa de libros de segunda mano que envía los pedidos a un operador logístico de Illinois, PrepFort, encargado de escanear y catalogar los envíos. Cuando se le pregunta, ZoomBooks niega colaborar directamente con Anthropic, la empresa detrás del asistente de IA Claude, y se define como una librería de segunda mano dedicada al reciclaje. Sobre el destino final de los libros, y sobre las publicaciones que su propia web llegó a difundir acerca de cómo alimentar algoritmos con ejemplares usados y destruirlos después, la compañía responde que no comenta sus acuerdos comerciales por estar sujetos a confidencialidad.
Foto de Ugur Akdemir en UnsplashEn paralelo opera otro tipo de intermediario, más explícito sobre su función: ISBNdb, una base de datos de metadatos bibliográficos que ahora ofrece a laboratorios de IA la compra de entre mil y un millón de libros por encargo. Su propia web lo plantea crudamente: los libros impresos anteriores a 2022 son la reserva de texto humano que ningún rastreo de internet puede ya garantizar, protegidos frente a la contaminación de textos generados por la propia IA que ahora inundan la red.
Destrucción obligada. Esa oferta comercial se apoya en una sentencia concreta. El juez federal William Alsup dictaminó en junio de 2025, en el caso Bartz v. Anthropic, que entrenar modelos de lenguaje con libros comprados legalmente constituye un uso transformador amparado por la doctrina del fair use. También consideró legal digitalizar esos ejemplares, pero solo porque el ejemplar impreso desaparecía en el proceso. Es decir, que la copia digital pase a ocupar el lugar del libro en papel. Dicho de otra forma: si el libro físico sobreviviera al escaneo, la empresa que lo compró conservaría dos copias habiendo pagado una, y el argumento de fair use se debilitaría. La trituradora es un paso obligatorio del proceso legal.
Jason Leung en UnsplashProyecto secreto. Meses antes de esa sentencia, Anthropic ya llevaba en marcha una operación de compra a gran escala bautizada internamente como Project Panama. Un documento interno de la compañía, destapado por The Washington Post a partir de escritos judiciales desclasificados, definía así la acción: "Escanear destructivamente todos los libros del mundo". El mismo documento pedía que el proyecto permaneciera oculto.
ISBNdb ha convertido esa misma cautela en argumento de venta: ofrece a sus clientes, las empresas de IA, un acuerdo de confidencialidad en cada encargo y admite sin rodeos el problema de imagen que supone la destrucción masiva de libros. Ningún titular sobre libros destruidos genera simpatía, o como ellos mismos dicen, "destruir libros da mala imagen".
En XatakaLos libros usados son la nueva sensación de internet: ya mueven 10 millones de euros en comercio digitalLo que preocupa a los libreros. Los libreros de viejo españoles han alertado al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo. Miguel Ángel Ortega, presidente de la asociación de libreros anticuarios UNILIBER, recuerda que su gremio cumple funciones de preservación y conservación del patrimonio bibliográfico además de la compraventa, y le resulta contradictorio vender ejemplares para que terminen destruidos. Font lo plantea sin medias tintas: "estamos ante una forma de expolio literario".
Lo ya protegido por depósito legal y bien catalogado corre menos riesgo. Pero también existen "fanzines, boletines vecinales, publicaciones locales, documentación de movimientos sociales..." según Font. Xavier Vinaixa, investigador que ayudó a destapar el caso, y el analista Antonio Ortiz coinciden en que la industria necesita cada vez más texto humano no contaminado por IA para evitar el colapso del modelo, aunque Ortiz matiza que la escasez de datos pesa hoy menos que hace dos años porque el entrenamiento se apoya cada vez más en aprendizaje por refuerzo sobre datos ya cualificados. La investigadora Patrícia Ventura habla de que el conocimiento tiene que seguir siendo un bien público, no una reserva privada de un puñado de compañías.
Imagen | Prateek Katyal en Unsplash