Ángela Vélez, psicóloga especialista en adicciones de Cúvel
«Las familias de los adictos les resuelven todos los problemas y eso es contraproducente»«Hay personas genéticamente más vulnerables a engancharse al consumo de una sustancia y otras más protegidas»
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Ángela Vélez, en un momento de la entrevista. (Salvador Salas | Vídeo: Pedro J. Quero) 29/07/2026 a las 00:11h.La adicción es una enfermedad crónica a la que cualquiera está expuesto, pero hay personas genéticamente más vulnerables a engancharse a una sustancia. Así lo ... explica Ángela Vélez, psicóloga especialista en adicciones de Cúvel, centro que cuenta con clínicas en Málaga, Marbella y Córdoba. Vélez analiza la influencia de las personas cercanas y advierte de que las familias, tienden a tapar y resolver los problemas del enfermo, y esa sobreprotección es contraproducente.
—Cuando pierde la capacidad de elección y el control, cuando la droga pasa a ser una necesidad en su vida diaria o en el fin de semana. Es una condición crónica con un periodo silente en el que se es adicto sin saberlo. Luego aparecen las primeras señales: pérdida de empleo, deterioro del entorno y descontrol. Es ahí cuando se detecta, aunque la patología existía previamente sin signos evidentes.
—En el periodo silente se consume, pero da la impresión de tener el control...
—La adicción es una enfermedad neuronal y progresiva con tendencia a la recaída. En los primeros años solo hay consumo social y silencio clínico. Ese periodo es necesario para desencadenar el deterioro posterior. Cuando la adicción se descontrola, los sistemas de metabolización se saturan: el cuerpo avisa y el paciente empieza a vivir por y para el consumo o para mantener la abstinencia, intentando controlar lo incontrolable.
—¿Por qué unas personas se convierten en adictas y otras mantienen consumos ocasionales?
—Hay personas genéticamente más protegidas y otras más vulnerables. Además, influyen factores ambientales, familiares, de personalidad y el grupo social de pertenencia.
—¿Cuál es el caldo de cultivo para desarrollar una adicción?
—En España el alcohol está integrado en la socialización y el grupo de iguales en la adolescencia es una de las vías principales de entrada. Desarrollar la enfermedad depende de la genética, pero carecer de apoyo familiar o social, vivir en un barrio deprimido o tener una personalidad compulsiva son factores de riesgo muy importantes.
—¿Tener antecedentes familiares predispone a la adicción o funciona como 'vacuna'?
—Debido a su importante carga genética, tener padres o familiares adictos incrementa la predisposición y el riesgo de convertirse en adicto.
—¿Se puede prevenir la adicción antes de que la vida del consumidor se desmorone?
—La prevención es el consumo cero. Es difícil prevenir porque incluso en niveles socioeconómicos altos el consumo se promueve en la familia (brindis navideños o remedios tradicionales que incluyen alcohol). Si alguien con predisposición empieza a consumir a los 13 ó 14 años es muy posible que desarrolle una adicción no buscada. Pasa igual en adicciones iatrogénicas por opiáceos recetados para el dolor. Hay muchos caminos para enfermar en lo que la voluntad individual cuenta poco.
—¿Cuál es la puerta de entrada más habitual?
—El alcohol y el cannabis. El alcohol está en todas partes y es lo que más cuesta abordar en terapia, porque es difícil concienciar al paciente de que no podrá beber jamás. Se asume dejar la cocaína, pero el alcohol reaparece en cada celebración.
—¿Cómo se les ayuda a enfrentarse a esos momentos?
—El tratamiento busca interiorizar la condición de adicto para mantenerla siempre. Al ser crónica, exige muchas horas de terapia y concienciación: un adicto no puede volver a consumir nunca.
—¿Es una condición crónica o una enfermedad?
—Es una enfermedad que requiere un equipo multidisciplinar: médico, psicólogos, trabajador social y terapia grupal. Tras años de consumo queda deterioro psicológico, ansiedad, depresión y alteración del sueño. Hay que reeducar neuronalmente al paciente para recuperar la atención, la concentración y la memoria.
«Una persona con un nivel socioeconómico más elevado puede esconder mejor la adicción»
—¿Existe un perfil tipo por edad o sexo, y cuándo piden ayuda?
—No hay un perfil único. En Cúvel tratamos a sanitarios, empresarios, abogados, trabajadores, amas de casa, estudiantes... En entornos deprimidos es más evidente, porque una persona con mayor nivel socioeconómico puede esconder mejor la adicción, pero la enfermedad no entiende de profesiones ni de formación.
—¿Qué papel juegan las familias a la hora de acompañar o ayudar?
—Juegan un papel fundamental a veces en el mantenimiento de la adicción y otras en la recuperación como aliadas del equipo terapéutico. Pero también pueden ser irrelevantes en algunos pacientes.
«Los familiares desarrollan codependencia y se convierten en personas controladoras, adictos al adicto»
—¿Qué tendría que hacer la familia para ayudar?
—Trabajamos mucho con las familias porque desarrollan codependencia y se convierten en controladoras y adictas al adicto. A menudo, las familias de los adictos les resuelven todos los problemas y eso es contraproducente: lo hacen con la mejor intención, pero les tapan e impiden que asuman las consecuencias. Hacemos psicoeducación para convertirlas en aliadas y no en un obstáculo.
—¿En qué consiste el tratamiento y de qué depende que sea ambulatorio?
—Implica reenseñar al paciente a vivir sin consumir mediante desintoxicación, deshabituación y reinserción. La sintomatología se mantiene entre dos y cinco años, pero con un buen tratamiento la recaída es la excepción. Que sea ambulatorio o no depende del entorno: si este es tóxico, conviene ingresar dos o tres meses mientras se trabaja con la familia.
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