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Las guerras del rey Arturo

Las guerras del rey Arturo
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Pérez-Reverte reúne sus crónicas bélicas y expone por primera vez sus fotos al pie de la batalla
Las guerras del rey Arturo

Pérez-Reverte reúne sus crónicas bélicas y expone por primera vez sus fotos al pie de la batalla

Regala esta noticia Arturo Pérez-Reverte presenta su exposición 'Fotografías de guerra' (1974-1985) y el libro 'Enviado especial'. (Antonio López-Gracia)

Miguel Lorenci

06/05/2026 Actualizado a las 13:24h.

Hoy es el rey de la ficción. Antes fue durante años el rey de la tribu de los reporteros de guerra. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, ... 1951) reúne ahora sus crónicas bélicas en 'Enviado especial' (Alfaguara) —«el libro que nunca quise hacer»— y presenta por primera vez sus inéditas fotos al pie de la batalla en la exposición 'Fotografías de guerra' (1974-1985) —«las imágenes que hoy nadie quiere ver»— las de un incómodo testigo de la verdad.

«Nunca quise hacer este libro. Pero aquí está el origen de todo, la mirada del novelista: el dolor, el fracaso, la muerte, la sangre, la violación», insiste.…«No se trata de nostalgia. Es el archivo de una vida, del material con el que luego uno escribe novelas. Algunas noches, desvelado en la oscuridad, pagas el precio de haber mirado tanto tiempo al ser humano sin apartar los ojos», escribe a sus 74 lúcidos años el padre del capitán Alatriste.

«Nunca quise hacer este libro. Pero aquí está el origen de todo, la mirada del novelista: el dolor, el fracaso, la muerte, la sangre, la violación»

Sus crónicas no se publicarían ahora. «La guerra de verdad molesta e incomoda. Entonces queríamos cortar la digestión a la gente y ahora no se puede», asegura. ¿La verdad ha muerto? «No hay ya ninguna guerra fiable. Entonces se podía contar la verdad. Ahora no», señala. «La verdad se manipuló siempre, pero los reporteros fuimos su última garantía. Éramos un contacto fiable con la verdad, sus testigos. Ahora es imposible matizarla», lamenta.

Mostar, Sarajevo, Vukovar, Beirut, Malabo, Managua, Yamena, Jartum, Bucarest, Nairobi, El Aaiún, Bagdad, Luanda, Maputo o Petrinja son algunos de los lugares «que retornan con la misma terquedad» a la cabeza del autor. «La guerra se queda en tu cabeza y sus fantasmas no te abandonan jamás.»

Un testigo incómodo

Las rescatadas fotos, tomadas en esos conflictos bélicos, podrán verse hasta el 31 de mayo en el Ateneo de Madrid, en una muestra incluida en PhotoESPAÑA. 'Fotografías de guerra (1974-1985)' reúne por primera vez más de treinta imágenes en blanco y negro sin datar tomadas en Líbano, los Balcanes, el Golfo, Mozambique o El Salvador. Las captaba tras cerrar el cuaderno. Alzaba la cámara «casi por instinto», sabiendo que «había algo que las palabras no podían contener». «Tampoco estas fotos se publicarían hoy. Se ocultarían para no herir sensibilidades. Son inadmisibles en el mundo actual, son incómodas y molestan. Ahora la guerra la pixelan», lamenta.

Acompañadas de textos del autor, las fotos no son el archivo de un fotógrafo, sino la memoria visual de un testigo incómodo. Muestran el instante más desnudo de la condición humana y no el horror como espectáculo.

«Hoy no iría a ninguna guerra. Hice mi trabajo lo mejor que pude y mereció la pena. He hecho cosas que no me gustan, pero estoy orgulloso de mi biografía»

«Hacíamos bien el trabajo. Éramos buenos profesionales. Y esta exposición y el libro son un homenaje a los compañeros que vivieron y no pueden contarlo», dijo Pérez-Reverte recordando a Julio Fuente y Miguel Gil. «Un periodista que muere en la guerra es un accidente profesional», asegura reconociendo haber «delinquido en todos los países y todos los idiomas». «He sobornado, he mentido y he robado para poder transmitir», admite sin pudor. «Hoy no iría a ninguna guerra. Hice mi trabajo lo mejor que pude y mereció la pena. He hecho cosas que no me gustan, pero estoy orgulloso de mi biografía», afirma.

Sabe que hoy sería imposible hacer ese trabajo como entonces «Hay un mundo que se ha terminado. Está perdido. El público prefiere mantenerse cálidamente alejado de la realidad. No quiere muertos, ni vísceras, ni mutilados, ni sangre. La guerra ha dejado de ser real —reitera— parece un videojuego. Es una atrocidad que durante 3.000 años ha sido real, pero ya no», insiste.

«El mundo se merece lo que tiene. Hay censura social. Recibes lo que quieres recibir y tan culpable es el receptor, como el emisor. Si Trump manipula, es porque el emisor se lo ha permitido. No queremos mirar. Somos testigos, molestos de la realidad y nadie quiere que le amarguen la fiesta» , concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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