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Bomberos rescatan el cadáver de un ucraniano bajo los escombros de un edificio de Járkov atacado por un misil ruso. AFP Las guerras que ha eclipsado Irán: la hemorragia continúa en Ucrania y GazaEl país eslavo consigue recuperar 420 kilómetros cuadrados de un frente congelado, mientras el paso a la segunda fase del acuerdo de paz en la Franja palestina se estanca
Domingo, 15 de marzo 2026, 21:09
CompartirVivimos tiempos en los que una guerra tapa a la anterior. Sucedió en 2023, cuando los atentados de Hamás en Israel y la posterior respuesta hebrea contra Gaza eclipsaron la invasión rusa de Ucrania. Ahora, los ataques de Estados Unidos e Israel en Irán corren un tupido velo sobre el país eslavo y la franja palestina. Quién se acuerda también de Nicolás Maduro, de Groenlandia, de Sudán o de la guerra de los cárteles del narcotráfico en México. No obstante, que el foco informativo se desplace frenéticamente por el planeta siguiendo los designios de Donald Trump no quiere decir que todos esos conflictos estén resueltos.
Lo sabe bien Volodímir Zelenski, que no puede hacer mucho más que encogerse de hombros. «Espero que el mundo no se olvide de lo que supone la agresión rusa», afirma el presidente ucraniano en una entrevista con Politico. Desde la distancia, el mandatario asiste a los bombardeos sobre territorio persa con sentimientos encontrados. Por un lado, reconoce que suponen una amenaza para sus intereses porque Estados Unidos, principal fuente de su armamento más sofisticado, necesita misiles e interceptores para llevar a cabo sus operaciones y proteger a sus aliados en el Golfo Pérsico. «Nunca hemos tenido los sistemas de defensa más avanzados que sí se han enviado a Oriente Medio, y no tenemos muchos misiles. Es verdad que esta nueva guerra puede dificultarnos acceder a armamento», lamenta Zelenski.
Por otro lado, también aprecia una oportunidad, ya que, por primera vez, Washington ha pedido ayuda a Kiev. Concretamente, quiere que le suministre los interceptores de drones Shahed que ha desarrollado y que fabrica de forma extremadamente económica. «Tres de nuestros equipos ya están en la zona», avanza el presidente, que en numerosas ocasiones se ha referido a su ejército como «el mejor preparado de Europa».
Relajación de sanciones
En cualquier caso, el balance es negativo, sobre todo porque las consecuencias económicas de la guerra en Irán pueden debilitar la postura de Ucrania en lo referente a las sanciones contra los hidrocarburos rusos. Si el precio del petróleo se dispara, la tentación de permitir que el crudo ruso vuelva a fluir libremente será elevada. De hecho, Estados Unidos ya ha sucumbido a ella: el jueves decidió otorgar una exención de 30 días para que los países puedan adquirir combustibles previamente sancionados en un intento por estabilizar su precio. El jefe del Tesoro, Scott Bessent recalcó que es una medida «específica y temporal», a lo que Zelenski responde que «no conduce a la paz».
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Un soldado ucraniano en la devastada ciudad de Konstiantinivka. AFPEl resto de los países del G7 se oponen a esta relajación de la presión sobre Moscú. «No es nuestra postura», afirmó el canciller alemán Friedrich Merz, sorprendido por la decisión de Washington. Pero en Kiev temen que la Unión Europea pueda seguir los mismos pasos si el precio se dispara más. Y si el flujo de combustible se reabre hacia Europa, también lo harán las divisas europeas hacia Moscú. Y eso, en opinión del mandatario ucraniano, sentaría un preocupante precedente.
«Si tratas de combatir una agresión con sanciones durante cuatro años y cuando se produce un momento crítico como el actual decides posponerlas, corres un gran riesgo», argumenta, incidiendo también en la división que Hungría y Eslovaquia provocan en el seno de la UE con el bloqueo de la financiación de 90.000 millones de euros acordada para el país invadido.
Afortunadamente para los ucranianos, la primavera va abriéndose camino a través de las grietas que deja el invierno más duro en una década. Ha sido un frío que ha congelado hasta la guerra: tanto en el frente como en los despachos. Porque ambos están estancados: Zelenski subraya que sus tropas han logrado recuperar 420 kilómetros cuadrados de territorio en los últimos meses, pero las líneas se mantienen prácticamente inamovibles; las negociaciones de paz, por otro lado, tampoco van a ninguna parte y, aunque ambos bandos aseguran trabajar para que fructifiquen, ni Kiev ni Moscú modifican sus líneas rojas.
Eso sí, los ucranianos avanzan hacia la autosuficiencia con la producción en masa de los interceptores de drones Sting y los misiles de crucero Flamingo FP-5, que ya han demostrado su valía contra objetivos estratégicos en Rusia, como son las refinerías o las fábricas de microchips. Además de ser un proyectil más económico que sus equivalentes occidentales, no está restringido por las cortapisas que Estados Unidos y Europa imponen a los suyos. Por si fuese poco, la decisión tomada por Elon Musk de cortar el acceso de sus satélites Starlink a Rusia parece haber sido relevante también en el avance que han protagonizado las tropas ucranianas en la región de Dnipropetrovsk, donde el Instituto para el Estudio de la Guerra afirma que han recuperado entre 10 y 12 kilómetros de territorio. En el bando opuesto, sin embargo, no hay grandes noticias para Vladímir Putin.
«Actos sistemáticos de genocidio»
Mil kilómetros al sur, la guerra de Gaza también ha pasado a un segundo plano. Y, teóricamente, desde la firma de la hoja de ruta para la paz diseñada por Donald Trump el conflicto debería estar encarrilado. Pero lo cierto es que la situación sobre el terreno no ha mejorado y que no se ha pasado a la siguiente fase, aquella en la que Hamás cede el poder a un gobierno de tecnócratas mientras las tropas hebreas se van retirando progresivamente. Ese comité de 15 miembros ya se ha creado, pero aún no está operativo. El número de enfrentamientos armados ha descendido, sí, pero las operaciones continúan y la crisis humanitaria no está resuelta. Ni mucho menos.
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Ûna niña palestina sujeta a un bebé en un campo de desplazados atacado por Israel. AFPCuando se van a cumplir 900 días desde que los ataques de Hamás dieron el pistoletazo de salida a la guerra, la agencia de Naciones Unidas para los Palestinos (UNRWA) ha informado de que a lo largo de la última semana se han registrado «múltiples ataques aéreos, bombardeos y tiroteos con víctimas en toda la Franja de Gaza, especialmente en las zonas orientales del norte». Según el Ministerio de Salud, solo entre el 26 de febrero y el 5 de marzo, 18 palestinos murieron y 41 resultaron heridos. Es un trágico goteo que no cesa: desde que el alto el fuego entró en vigor, el número de fallecidos asciende a 631.
A esto se suma que todos los cruces fronterizos hacia Gaza, excepto el de Kerem Shalom, permanecen cerrados. «Las evacuaciones médicas siguen suspendidas y solo se ha permitido la entrada de un número limitado de suministros comerciales. Los retrasos y los cierres han provocado escasez de combustible, un aumento de los precios y una mayor dependencia de la ayuda humanitaria», destaca UNRWA.
«La guerra con Irán ha dado a Israel un espacio más amplio para intensificar sus crímenes en Gaza, mientras que la situación humanitaria se ha deteriorado rápidamente debido a las severas restricciones en los cruces», señala Ramy Abdu, director del Monitor Euromediterráneo de Derechos Humanos, en declaraciones a la cadena Al Jazeera. Considera que la guerra en Irán y el desplazamiento del foco informativo es la cortina de humo perfecta para que Tel Aviv continúe con su campaña de «actos sistemáticos de genocidio» en Gaza sin que el mundo le señale con dedo acusador.
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