Caos total en las calles de Nueva York tras conquistar los Knicks la NBA 53 años después
Las horas más salvajes de Nueva York: explosión en un camión, policías embistiendo con los caballos…Caos total en las calles de Nueva York.- JOEL DEL RÍO Nueva York
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Nueva York pasó de la euforia al caos en cuestión de minutos. "We did it". "Knicks in 5". Una vez. Y otra. Y otra más. Durante horas no se escuchó prácticamente otra cosa en las calles de Manhattan. Miles de gargantas repitiendo las mismas frases en bucle. Como si nadie quisiera despertarse de un sueño que llevaba más de medio siglo esperando. 53 años después, los Knicks volvían a conquistar la NBA y Nueva York había decidido celebrarlo a lo grande. Demasiado grande.
Porque como suele ocurrir en este tipo de noches, junto a los aficionados que simplemente querían disfrutar del momento aparecieron también los que ven en el caos una oportunidad. Los maleantes de toda la vida. Los que aprovechan la locura para sembrar el caos. Y la ciudad empezó a calentarse.
La policía llevaba horas avisando. Por megafonía. A pie. A caballo. Pidiendo que la gente se bajara de las farolas, de los coches y de cualquier estructura sobre la que alguien decidiese utilizar para ver mejor la fiesta. O para crearla. Pero nadie escuchaba. Los agentes de policía, superados en número por cientos de miles, trataron de cerrar calles y crear embudos para controlar el flujo de aficionados. Una misión imposible. Cuanto más cerraban, más gente se acumulaba. Cuanta más gente se acumulaba, más difícil era recuperar el control.
Caza en medio del caos
Y en medio de todo aquello estaban los pobres diablos que simplemente intentaban volver a casa. Conductores atrapados durante horas, ciclistas buscando una salida que no existía. Gente completamente ajena a la celebración que se encontró de repente encerrada en una ciudad tomada por decenas de miles de personas. Servidor fue uno de ellos. Salí del MetLife Stadium a las 21:00. Llegué al hotel a las 00:44. Tres horas y cuarenta y cuatro minutos para atravesar una ciudad colapsada y controlada por el caos..
Tras el 94-90 definitivo y la confirmación del 4-1 en la serie, la temperatura de la noche subió de golpe. Primero volaron ríos de cerveza, después aparecieron las botellas... y la gente se empezó a subir a los coches. Ahí llegaron los primeros arrestos y los primeros mamporros. Y después llegaron las provocaciones.
Grupos de aficionados retando a los agentes. Otros organizando improvisadas batallas de flexiones delante de policías que observaban impasibles. Todo parecía una competición para ver quién era capaz de empujar un poco más los límites para comprobar hasta dónde podían llegar. Pero todo en la vida tiene un fin. La policía a caballo empezó a avanzar entre la multitud mientras por megafonía seguían repitiendo las mismas órdenes. Bajarse. Despejar la zona. Retroceder. Nadie quería hacerlo y se empezó e embestir con los caballos.
Casi cuatro horas para llegar al hotel
A todo esto, el más listo de todos era un chino cargado de protecciones y casco... y pegatinas de 'press' (prensa) por toda la ropa a modo de protección y para evitar linchamiento o una detención. La sensación era que bastaba una chispa para que todo saltara por los aires. Y la chispa llegó. En cuestión de segundos cientos de agentes comenzaron a correr para dispersar a una multitud que ya era imposible de controlar. La imagen era impactante. Policías avanzando desde varios puntos a la vez mientras los aficionados se dispersaban por calles, avenidas y cruces abarrotados. Ya no eran tan valientes.
Pero ni siquiera eso bastó para detener la locura. Hubo gente lanzándose desde farolas y otros se subieron a un camión de lavandería de varios metros de altura convertido de repente en improvisado palco de celebración. Y entonces empezaron a aparecer los petardos. Uno tras otro. Explosiones resonando entre los edificios hasta que llegó la más peligrosa. Uno de ellos golpeó la capucha de uno de los jóvenes encaramados al camión. Pero la fortuna le volvió a sonreír. El petardo tocó tablero y salió rebotado, pero quedó encajado en el camión y la explosión golpeó con fuerza. El estruendo fue brutal y el caos volvió a activar a la policía. En medio de todo, la expresión de los trabajadores del camión era un poema. Nueva York llevaba 53 años esperando esta noche... pero nadie pensó en las consecuencias.
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