Como solían hacer con cierta frecuencia, la familia decidió pasar la tarde del domingo en Baños de Cerrato, concretamente en su presa, que embalsa las aguas del río Pisuerga y donde abunda la pesca de lucios, carpas y barbos. La tenían además muy cerca, a unos 15 minutos de Palencia capital. De allí partieron en coche, Teófila, de 52 años, sus hijos Vladimir y Brigitte, y el hijo de esta última, de cinco años.
Normalmente les acompañaba también Aitor, el marido de Brigitte. «Solían ir a esa zona porque Aitor es aficionado a la pesca. Pero el domingo a Aitor, que trabaja conduciendo una ambulancia trasladando pacientes, le tocó el turno de mañana y después de comer estaba cansado y se echó la siesta. Su esposa, su suegra, el niño y un cuñado se fueron al lugar». Quien explica los pormenores de la excursión que acabaría en tragedia -con la abuela Teófila y su hija Brigitte, ahogadas y el pequeño rescatado del agua cuando también desfallecía- es el pastor de la iglesia evangélica a la que acudía la familia.
José Luis, que así se llama, ha estado acompañando en estas últimas horas tan difíciles a los allegados de las fallecidas. Teófila, explica, originaria de Perú, debió de instalarse con sus hijos en Palencia hará una década, al menos por entonces comenzó él a verlas entre sus feligreses. «Teófila trabajaba en una empresa de limpieza, aunque ahora estaba de baja porque la habían operado, y estaba también recuperándose de una lesión en un hombro», explica el pastor. «Colaboraba con Red Madre, que es una asociación que se dedica a ayudar a madres con pocos recursos. Era una mujer muy servicial en todos los sentidos. En nuestra congregación se encargaba de recibir a la gente y acompañarlos. Y qué decir de la hija... La verdad es que han sido unas pérdidas tremendas», se lamenta.
Brigitte, el día de su boda, con su madre, Teófila.E. M.«Brigitte había estudiado para delineante pero estaba trabajando en la limpieza de unas escuelas por la tarde, en un pueblo cerca de Palencia», continúa trazando el perfil de la familia el ministro evangélico, quien ofició la boda de Brigitte y Aitor. «Los casé yo en el Hotel Sancho y, si no me equivoco, el niño va a hacer seis años el mes que viene».
Cuando charlamos con el pastor, este lunes a mediodía, hace unas horas que se ha encontrado con el pescador que rescató al pequeño. «Ya se iba a casa, estaba recogiendo sus trastos, cuando escuchó el grito del niño. Cuando llegó hasta él, estaba tiritando, tragando agua y agarrado con el brazo a la rama de un árbol. Él cogió al niño y luego sacó a la madre, que ya estaba muerta. Él piensa que posiblemente llevaba 10 ó 15 minutos muerta», cuenta José Luis. De donde rescató al niño a donde se encontraban los cuerpos de su madre y su abuela, le ha dicho el rescatador, había mucha distancia, lo que les ha llevado a contemplar otra versión de lo sucedido diferente a la de que Teófila y Brigitte habrían fallecido intentando rescatar al pequeño. «Esa era nuestra teoría, lo que pensábamos ayer [por el domingo] a la noche, cuando estuvo en el hospital Vladimir hablando con la Guardia Civil. Pero el pescador piensa, no es que lo sepa, piensa... Debe de haber una zona donde cubre poco, les llegaba el agua por las rodillas, pero en un determinado punto, debe de haber como un agujero y, si no tienes cuidado y pisas mal y te resbalas, caes en zona de un metro y pico. Una de ellas pudo resbalar y como no saben nadar la otra fue a ayudarle».
Vladimir, explica, se encontraba un tanto alejado de la zona donde ocurrieron los hechos. Cuando escuchó los gritos de su sobrino y llegó al lugar, el pescador ya estaba allí. Tras lo sucedido, sufrió un ataque de nervios y tuvo que ser trasladado al hospital Río Carrión de Palencia junto a al menor. Antes, trasladó a uno de los bomberos que acudieron al lugar lo que creía que había sucedió: «Me dijo que estaba preparando la comida en la orilla mientras el niño estaba jugando con una tabla pequeña [de bodysurf] y que cayó al agua y ya no podía salir. Ahí es cuando se metieron su madre y su abuela, que lo subieron a la tabla y lograron empujarlo hacia fuera, pero la corriente ya no las dejó salir». En la misma línea se pronunció ayer el subdelegado del Gobierno en Palencia, Eduardo Santiago. «La corriente habría separado a las tres personas», apuntó. «La abuela fue desplazada hacia una de las márgenes mientras que la madre y el menor fueron arrastrados hacía la margen contraria».
Los servicios de emergencias recogían los cadáveres, el niño jugaba la orilla con los guantes de un bombero, quien procuraba conversar con él de trivialidades para que no viera la escena. «No me acuerdo de su nombre, pero si viera su cara sabría que es él. Le faltaban los dos dientes de delante y me dijo que su cumpleaños era este domingo, que el día 7 cumple seis años».