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Internacional

Las listas electorales: retratos de familia con ruido

Las listas electorales: retratos de familia con ruido
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Las candidaturas para el 17M revelan el optimismo del Gobierno andaluz frente a la crisis de liderazgo de una oposición fragmentada y convulsa

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María Jesús Montero, en el Comité Director del PSOE-A. Nacho Frade / Europa Press

Héctor Barbotta

Sevilla

Domingo, 12 de abril 2026, 01:03

... guardado la túnica para enfundarse el traje de campaña y el primer vistazo a las listas revela que, más que nombres, los partidos han diseñado declaraciones de intenciones. Si las candidaturas son el espejo del alma de una formación, el reflejo actual nos devuelve una imagen de bloques estancos, hogueras internas y algún que otro ejercicio de escapismo.

No es solamente una cuestión de lealtad; es un mensaje de invulnerabilidad. El PP acude a las urnas como quien exhibe un bloque de granito pulido. No hay fisuras, no hay debates filtrados, ni siquiera el más mínimo ruido de sables. Es la escenificación de un optimismo que roza la euforia: confían tanto en que el pastel será grande que hay sillas para todos. En San Telmo han decidido que, si la legislatura que ha acabado ha sido un oasis de estabilidad y lo que se ofrece para la próxima es lo mismo, la primera oportunidad para transmitir ese mensaje estaba en la conformación de las listas. Si había alguna opinión discrepante, no se ha escuchado. Nadie le tose al jefe.

Cruzar la acera hacia el socialismo andaluz es pasar de la calma al estruendo. El contraste es casi cruel. Mientras el PP se abraza, el PSOE-A se entrega a su deporte favorito: la liturgia del conflicto público.

María Jesús Montero, en su papel de equilibrista mayor, ha intentado que la integración fuera la nota dominante, abriendo la mano incluso a la familia susanista. Sin embargo, el experimento ha terminado en mudanzas forzosas y portazos. En Cádiz, Córdoba y Málaga, la elaboración de las listas no ha sido un proceso administrativo, sino una guerra de guerrillas. Los afines a Juan Espadas han desaparecido del mapa como por arte de magia. En el PSOE, la transparencia no es una virtud democrática, es un formato de reality show donde las puñaladas se retransmiten con una precisión que ya quisiera para sí la prensa deportiva.

Habría que ver cómo se conformarían las candidaturas en Vox si en Andalucía no fuesen obligatorias las listas cremallera

Si el PSOE es un escaparate roto, Vox es una caja negra. Allí el silencio no es paz, sino opacidad marcial. Se habla del «partido de Abascal» con una literalidad que asusta: el dueño pone y quita con la frialdad de quien redecora un salón.

Llama poderosamente la atención la caída en desgracia de Alejandro Hernández y, sobre todo, el borrado sistémico de las mujeres que hasta ayer daban la cara en el Parlamento. Lo primero huele a purga política por diferencias internas; lo segundo parece responder a un concepto de «orden natural» donde la participación femenina parece ser más un estorbo que un activo. Habría que ver cómo se conformarían las candidaturas en Vox si en Andalucía no fuesen obligatorias las listas cremallera, pero la pista es inequívoca.

Sin embargo, el verdadero espectáculo circense se ha instalado a la izquierda del PSOE. La entrada de Podemos en Por Andalucía ha sido el equivalente a invitar a un pirómano a una fábrica de pólvora. Antonio Maíllo se desvive por hablar de programas y propuestas con una paciencia casi santa mientras la dirección estatal de Podemos se dedica al sabotaje recreativo.

Para la dirección morada que opera desde Madrid, Andalucía no es una tierra que gobernar, sino un peón en su tablero de supervivencia personal. Su narcisismo político ha convertido la coalición en un campo de minas, dejando la puerta abierta de par en par a que Adelante Andalucía se convierta en el refugio del votante fatigado. José Ignacio García y los suyos están dando una lección magistral, con cuatro monedas y mucha audacia, de marketing político del siglo XXI.

La carrera ha comenzado con un pelotón quebrado desde el primer metro: mientras el coche oficial avanza con la precisión de un reloj suizo, en los márgenes del camino se suceden los codazos y las zancadillas entre compañeros de filas. No es más que el prólogo de un mes que será largo, pero el desgaste temprano de quienes confunden el aliado con el enemigo podría convertir el camino a las urnas en un paseo militar para quien simplemente ha decidido no moverse del sitio.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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