En 'La chica de nadie' narra una larga historia de abusos, desde su padre hasta su exmarido, y cómo fue una esclava sexual de ricos y famosos. Ahora su biógrafa habla en su nombre
Regala esta noticia Añádenos en Google Virginia de adolescente, cuando conoció a Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. (VRG / Planeta)Madrid
03/06/2026 a las 00:03h.«Mis poderosos enemigos me han amenazado con arruinarme e incluso con hacer que me maten. Pero yo no he dejado de hablar. Cuando era ... una esclava sexual no tenía voz ni voto. Y me he prometido que eso no volverá a pasar», escribe Virginia Roberts Giuffre, la mujer que dio rostro al proceso contra Jeffrey Epstein, en sus memorias, tituladas 'La chica de nadie' (editorial Planeta). Para hacer que el lector entienda cómo es el proceso para caer en las redes de pederastas, Giuffre muestra de dónde procede su vulnerabilidad y se atreve a hablar, por primera vez, de las agresiones sexuales que sufrió a manos de su padre y de un amigo de él, desde que tenía siete años. A los quince, la violó un desconocido y la prostituyó un supuesto agente de modelos, Ron Eppinger. A los dieciséis, la reclutó Ghislaine Maxwell para que estuviera al servicio de Epstein y de los muchos hombres a los que ofreció sexo con menores.
Wallace y Giuffre estuvieron en contacto hasta poco antes de su suicidio, cuando ella le envió una carta con tres corazones, en la que ratificaba su decisión de publicar el libro que habían trabajado juntas. «Me habló varias veces de una voz en su cabeza que le decía que el mundo sería un lugar mejor sin ella. Una voz que le decía que no valía nada, y que venía de aquellos años, que le dejó una marca para siempre», dice Wallace. «Su muerte fue devastadora y muy triste. Luchó para que la élite, los poderosos y los ricos no vivieran con reglas diferentes a las del resto, y eso le pasó factura».
«Yo, de turismo por Nueva York, durante los años en los que viví sometida al control de Epstein y Maxwell. Quise documentar mis viajes porque no sabía cuándo terminarían. Epstein hizo la foto con mi cámara». (VRG / Planeta)Un pasaje narra además la coacción violenta que ejerció Epstein sobre Giuffre, al mostrarle una fotografía de su hermano menor, de doce años, y decir que podía hacerle daño. «Sabemos cuál es su escuela», le dijo. En otros párrafos están las exigencias del criminal para «ver mujeres teniendo relaciones»; cómo a los diecisiete años se mudó con un novio, que llamaba a Epstein «el otro», sin importarle lo que Giuffre hacía para mantener el estilo de vida de ambos; las tres veces que tuvo sexo con el príncipe Andrés; las veces que reclutó chicas para que fueran explotadas; la afición a tomarse fotos con cámaras desechables, instantáneas que serían la perdición, y el icono, de este caso.
Mantener la presión
Giuffre dijo en su libro que ella «desfilaba su dolor» y después de su muerte Wallace asumió dar la cara por ella. «Mi trabajo consiste en guardar toda su historia», dice, quien tiene ocho meses defendiendo y promocionando el libro (salió en octubre en inglés y en junio en español). «Es una responsabilidad que viene con la colaboración, porque la administración Trump no ha actuado como debería. Es importante mantener la presión, porque la administración no está procesando a nadie».
«Yo, con seis años en la orla del colegio. Fue la época en que me regalaron mi primer caballo, Alice. Vivía en Loxahatchee, Florida, y era muy feliz». (VRG / Planeta)¿Recordar empodera o revictimiza? ¿Denunciar aumenta el dolor o lo cura? «Ambas cosas», reflexiona Wallace. «No es una cosa o la otra. Ella se sentía genial y empoderada cuando tenía victorias. Pero muchas veces, y durante años, la llamaron prostituta, veía su nombre manchado en los principales periódicos de Estados Unidos porque había mucha gente trabajando entre bastidores, filtrando historias. La llamaban pésima madre. En fin, pagó un precio. Revivir una y otra vez las cosas horribles que le hicieron, siempre pasa factura a la víctima. Exigimos demasiado a las personas que han sido víctimas de abuso sexual, pero hay una inacción muy dolorosa para ellas».
«El abuso sexual en la infancia tiene un impacto duradero, no solo en la autoestima y el bienestar de la persona, sino también en las decisiones que toma sobre cómo quiere ser tratada por los demás»
Amy Wallace
El libro se divide en cuatro partes: Hija, Prisionera, Superviviente y Guerrera. En la última cuenta cómo decidió colaborar con el FBI, en el segundo intento de que Epstein, que se había librado de la prisión en un juicio en Florida (Estados Unidos), pagara por su crimen sistemático de agredir sexualmente a menores de edad y encabezar una red de trata de seres humanos. Siempre en procesos judiciales oscuros y llenos de incertidumbre, Giuffre, que al principio era solo una denunciante anónima, incluso entregó sus instantáneas, incluida aquella de la jovencísima y delgada Virginia que luego quedaría en la memoria colectiva mundial. Pudo ver cómo apresaban a Epstein y se suicidaba, a Maxwell encarcelada y cercado el príncipe Andrés. Pero también cómo se libraban tantos otros.
Al mismo tiempo que recuerda las atrocidades que vivió, cuenta su vida familiar. Madre de tres hijos, casada con un hombre que la apoyaba y valoraba, instalada en Australia, se retrató como alguien que pareciera haber superado la adversidad y hallado cierta clase de modesto contento. Pero era una ilusión, que Wallace desvela para que se entienda por completo el final de su historia. Su exmarido, padre de sus hijos, la maltrataba también. Incluso físicamente. ¿Giuffre nunca pudo escapar del ciclo de abusos? «El abuso sexual en la infancia tiene un impacto duradero, no solo en la autoestima y el bienestar de la persona, sino también en las decisiones que toma sobre cómo quiere ser tratada por los demás. Es un daño duradero. Si no se castiga a nadie, va a continuar. Y por eso es tan indignante que no conozcamos a todos los que estuvieron involucrados en la trata sexual. Epstein no era un criminal aislado y en sus archivos hay hombres que cometieron crímenes y que no están siendo procesados».
comentarios Reportar un error