Las mujeres que utilizan el velo en España Eva Calzadilla
Reportajes Las musulmanas que huyeron del burka claman en España: "Me borró del mundo. Sientes que no tienes identidad"Mientras el debate político se centra en el velo integral, mujeres musulmanas relatan sus experiencias en un país donde esa prenda apenas tiene presencia.
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Guillermina Leudesdorf Publicada 22 febrero 2026 02:26hKhadija Mary Amin camina por Madrid con el rostro descubierto. Tiene 32 años y durante seis no pudo mostrarlo en público.
Se casó a los 19 en Afganistán y, casi de inmediato, su exmarido le entregó una prenda que no era ropa, sino una sentencia. "Me compraron el burka y me lo dieron; eso significaba que había que llevarlo", recuerda hoy sobre su pasado en el país mencionado.
Khadija con el burka puesto Cedida Cedida
El pasado martes 17 de febrero el Congreso de los Diputados votó una propuesta de Ley Orgánica presentada por Vox que busca prohibir la utilización en "un espacio público, o en lugares privados con proyección a un espacio o uso público" de los velos niqab y burka.
Sin embargo, la iniciativa decayó tras el 'no' de Junts. Pero el debate lejos de morir en el hemiciclo, saltó de los escaños a la calle, instalándose en las sobremesas, en las plazas y en las barras de los bares, reabriendo una conversación social que atraviesa fronteras y prejuicios.
Afganistán obliga a las mujeres a llevar burka 20 años después para "evitar provocaciones"El niqab y el burka son velos utilizados por algunas mujeres musulmanas que cubren el rostro, aunque no de la misma manera: el niqab deja al descubierto los ojos, mientras que el burka, una prenda propia y casi exclusiva de Afganistán, cubre completamente la cara y cuenta con una rejilla a la altura de los ojos para permitir la visión.
Así son los velos islámicos: burka, niqab y hiyab Eva Calzadilla
Pero fuera de los despachos, en las aceras donde la vida late, el objeto del debate es casi un fantasma estadístico. En España no existen registros oficiales sobre el uso del burka o el niqab. Más allá del ruido político, se trata de una presencia marginal.
Eso no significa que Khadija Mary Amin no conozca bien la anatomía de ese fantasma y esa marginalidad desde dentro.
No hubo una charla previa antes de comenzar a usar el burka en Afganistán, ni una explicación teológica, sólo el silencio imperativo de una imposición que, según expresa, "la borró del mundo".
Durante ese tiempo, Khadija sintió que era una esclava que no podía decidir sobre su propio cuerpo ni sobre su respiración.
"Es muy agobiante llevarlo, no puedes ver bien, sientes que no tienes identidad y que nadie te conoce", relata con dolor. Su rostro fue un secreto guardado bajo una rejilla que le impedía incluso cruzar la mirada con sus vecinos.
Había una diferencia brutal dentro de su casa: su cuñada, profesora en una universidad del Estado islámico, salía con pantalón y un velo ligero. A ella, sin embargo, se le exigía el anonimato absoluto.
Solo salía para visitar a sus padres si sus hermanos pasaban a buscarla, o para hacer compras acompañada por familiares del marido.
Aquellos seis años fueron un maltrato psicológico y físico constante que terminó en un divorcio.
En su país de origen, pedir el divorcio significa renunciar a la dote, a la manutención y, lo más doloroso, a la custodia de los hijos. "No tenía derecho a visitar a mis hijos; ahora están en Alemania y busco maneras de localizarlos", confiesa.
Tras el regreso de los talibanes al poder en 2021, una periodista la ayudó a volar a España a través del Ministerio de Defensa. Así fue como llegó desde Kabul a Madrid en un vuelo militar.
Khadija usa su voz de periodista para que el mundo no olvide. Preside la Asociación Esperanza de Libertad en Madrid, una entidad que apoya en forma clandestina la educación y el emprendimiento de mujeres y niñas afganas.
Begoña Gómez reaparece junto a Sánchez, tras cinco meses alejada de los focos, en un homenaje al pueblo gitanoDaniel Gil Flores, profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense de Madrid, observa el fenómeno con distancia académica. Asegura que no existen censos, pero sí estimaciones claras.
Según indica el profesor: "En Cataluña, Andalucía, la Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana son las que tienen más residentes musulmanes en términos absolutos".
Sin embargo, explica que existen localidades concretas dentro y fuera de estas comunidades autónomas donde la proporción de población musulmana supera la media del 5% a nivel nacional y es por tanto más visible.
"Como Ceuta y Melilla (donde ronda el 40-50%), Barcelona, Madrid, El Ejido (Almería), Murcia, Albuñol (Granada), La Mojonera (Almería), Níjar (Almería), Salt (Gerona), Talayuela (Cáceres) y Torre-Pacheco (Murcia)", describe.
Gil Flores explica que el hiyab es lo que predomina.
Por su parte, el niqab y el burka son anomalías estadísticas residuales.
"El uso del velo integral es más común en Pakistán que en Marruecos", explica para entender la mayor prevalencia en Cataluña.
Llegada e identidad
Sajida Alzaiti nació en Gaza en el año 2000 y su llegada a España en 2016 fue una odisea de pérdida y resistencia. Salió de una tierra vallada para encontrarse, de repente, en el aeropuerto de Barajas.
Sajida Alzaiti liderando una manifestación por Palestina Cedida Cedida
"Salir de Gaza es muy complicado; se tarda un siglo para que tengas los papeles y nosotros tuvimos muchísima suerte", cuenta Sajida. Sus padres salieron con siete hijos, atravesando complicaciones para cruzar fronteras que parecían muros infranqueables.
Pero Sajida no bajó los brazos; traía consigo el velo que decidió ponerse a los 11 años en Gaza por convicción propia.
"No fue algo impuesto ni una obligación familiar; fue una decisión mía, consciente, dentro de mi proceso personal", afirma.
Al llegar a los colegios de España, intentaron decirle que la ley prohibía el velo, pero ella sabía que eso era una mentira."No levantamos la bandera blanca", sentencia Sajida, quien hoy defiende que el velo es su identidad al 100%.
Para ella, el debate público actual es frustrante porque se construye una imagen de víctima que ella no reconoce en su espejo.
"Yo no soy víctima de mi velo; es una elección consciente que forma parte de mi identidad y de mi fe", reclama ante la política. Siente que los discursos en el Congreso se fabrican sin escuchar a las mujeres que han cruzado el mundo para defender su derecho a ser.
Del hiyab al niqab
En el mismo mapa donde Sajida defiende su historia, una joven de 24 años en Barcelona relata su propia transición espiritual. Khadija llegó de Marruecos con solo dos años y vivió un tiempo en Pamplona, donde el niqab fue su refugio.
Khadija utilizó niqab durante 3 meses en Pamplona Cedida
Empezó a usar el velo a los 16, como una búsqueda de fe y coherencia entre lo que creía y lo que hacía. "Fue una decisión más madura que impulsiva, una necesidad de identidad y de conexión con Alá", explica sobre sus inicios.
Años después, en un momento de intensidad espiritual, decidió dar el paso hacia el niqab por voluntad propia.
Fue algo totalmente personal, una elección que no todos en su propia comunidad musulmana supieron entender o compartir: "Sentía incluso discriminación en mi comunidad".
"Al principio me sentía fuerte, convencida, incluso protegida, pero fue duro porque sabía que socialmente iba a cambiar muchas cosas", asegura.
En las calles de Pamplona, el niqab no era común y las miradas de los transeúntes se convirtieron en un recordatorio constante: "La gente te mira con odio o con curiosidad, pero no pasas por desapercibida; sientes que automáticamente cambias el ambiente".
Recuerda momentos de incomodidad en citas médicas, donde se asumía que no sabía comunicarse por el simple hecho de estar tapada.
Sin embargo, también guarda recuerdos de personas respetuosas y de niñas que le decían que parecía una princesa.
Dejó de usar el niqab cuando comprendió que su relación con Dios no dependía de una prenda, pero hoy no descarta volver a usarlo.
"En España se juzga desde fuera sin preguntar; el niqab se percibe como extremo, pero para muchas es una decisión espiritual". Para ella, antes de opinar, hay que hablar con la mujer que lo lleva porque su historia podría sorprender.
Construcción política
La Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes de Málaga es tajante sobre el fenómeno que se votó en el Congreso.
Aseguran que no disponen de datos sobre el uso del burka porque se trata de una realidad "prácticamente inexistente" en el país.
"En nuestra experiencia directa con población inmigrante, no existen mujeres que utilicen burka en España", afirman.
Laura Mijares, especialista en islamofobia y género de la UCM, identifica una intención clara: "Es electoralmente rentable centrarse en el niqab porque es la prenda que genera más rechazo y sobre la que existe mayor consenso social prohibicionista".
En este sentido, señala que "se presenta como una medida para ‘defender a las mujeres’, aunque esa bandera la enarbole un partido abiertamente antifeminista como Vox".
Y explica: "Es una instrumentalización clara de los derechos de las mujeres para justificar una agenda electoralista basada en la exclusión en un contexto en el que el islam funciona como un significante potente que condensa miedos asociados aseguridad, identidad cultural y cambios demográficos".
Además, asegura que “convertir el llamado ‘problema musulmán’ en eje de campaña permite simplificar debates complejos y movilizar emociones fuertes.
"Se envía un mensaje claro: vuestra presencia es problemática", indica la investigadora sobre las consecuencias de la ley. Para las mujeres vulnerables, las multas y las identificaciones policiales podrían suponer un aislamiento social definitivo.
Adel Baba El Mokhtari, presidente de la Cooperación y Desarrollo Con El Norte de África (CODENAF) coincide en que el niqab es marginal y que su presencia se limita a contextos de turismo de lujo.
"En Puerto Banús o la Gran Vía aparecen turistas en plan shopping de lujo que generan confusión con las residentes estables", describe.
Según cuenta a este periódico, esas mujeres que caminan con bolsas de marcas exclusivas no son las que acuden a las asociaciones buscando inserción laboral.
Desde su experiencia, asegura que las residentes estables suelen usar el hiyab y enfrentar barreras cotidianas en el empleo y la educación.
Los andaluces han perdido 300.000 citas o análisis por la huelga de médicos contra el Gobierno centralEn el País Vasco, Hajar Samadi, presidenta de la asociación Mujeres Musulmanas Bidaya, quien trabaja desde hace más de quince años con estas mujeres, describe una realidad similar.
"El hiyab es claramente mayoritario. El niqab es excepcional y el burka no forma parte de la realidad social cotidiana", explica desde su trabajo territorial.
En su experiencia directa, solo han acompañado a tres mujeres que utilizaban niqab en más de una década de intervención social.
"En cuanto al burka, no conocemos a ninguna mujer que lo use", asegura.
Además, subrayan que ni el niqab ni el burka aparecen como obligación textual explícita en el Corán, sino que responden a interpretaciones históricas y culturales concretas.
También observan diferencias generacionales: "En segundas generaciones nacidas en España el uso suele estar vinculado a procesos identitarios conscientes".
Identidad canaria y hiyab
Khadija López es canaria de pura cepa, no tiene raíces norteafricanas, pero decidió convertirse al Islam hace seis veranos. "Toda mi vida estuve en busca de la verdad; pasé por el Evangelio y finalmente el Corán me dio las respuestas", cuenta.
Khadija López, oriunda de Gran Canaria Cedida Cedida
A los tres meses de su conversión se puso el hiyab y sintió que, por primera vez, era dueña absoluta de su cuerpo.
Para ella, cubrirse fue una forma de reivindicarse contra los estereotipos que exigen a la mujer ser una decoración.
"¿Por qué tengo que ser yo una decoración de la calle?", se pregunta la joven canaria, quien hoy es activista en redes sociales.
Su familia temió que estuviera en una secta, pero al ver que seguía siendo la misma de siempre, el miedo se transformó en orgullo.
Sin embargo, el racismo no perdona ni a los locales; una mujer la increpó en una playa por llevar el pañuelo. "Qué pena, con lo bien que hablas español y con esa cosa puesta; vete a tu país", le soltó la señora entre las olas.
López le gritó que es autónoma, que habla cinco idiomas y que aporta a España mucho más que quienes solo juzgan.
Siente una impotencia corrosiva cuando ve a los tertulianos hablar del velo sin darles jamás el micrófono a ellas.
Wassila, quien prefiere no compartir su apellido, tiene 25 años, vive en Sabadell, Barcelona y es licenciada en Administración y Dirección de Empresas con postgrado.
Waassila tiene 25 años y lleva el velo por elección propia Cedida
Llegó a España desde Marruecos a los ocho años y decidió ponerse el velo a los 23, tras un proceso de reencuentro con su religión: "Fue una decisión propia, como la de la mayoría de chicas, aunque siempre se diga lo contrario en los medios".
Al principio, sintió una presión social tan fuerte que entró en una mini depresión por el miedo al juicio ajeno.
En el mundo laboral, Wassila ha notado cómo las puertas se entornan cuando el interlocutor ve la tela en su cabeza. "Muchas empresas consideran el hiyab incompatible con su imagen corporativa, lo que reduce nuestras oportunidades laborales".
Wassila denuncia también un machismo que viene de sectores que la agreden en sus redes sociales con violencia verbal.
"He recibido comentarios de hombres no musulmanes diciéndome barbaridades para liberarme", relata con amargura.
Iman, biotecnóloga de 25 años que trabaja en la industria farmacéutica, se suma a esta defensa de la autonomía profesional.
Iman es una biotecnóloga de 25 años Cedida Cedida
Creció en Barcelona y decidió usar el hiyab hace dos años, integrándolo con naturalidad en su vida en una multinacional.
"En empresas grandes el hijab es algo secundario; si estás cualificada para el trabajo, da igual lo que lleves": Iman cree que las nuevas generaciones están rompiendo moldes, aunque los políticos sigan anclados en debates del pasado.
Hiyab por fe
Por su parte, Khadija Mary Amin conoce la diferencia exacta entre "el hiyab que se elige por fe y el burka que se impone por la fuerza".
Su experiencia le dicta que el burka es una herramienta para borrar a las mujeres y quitarles toda presencia social. "En el fondo, esa mujer no está contenta al llevarlo; el burka molesta, no se puede ver bien, es una presión constante".
Cree que el debate en España debe ser cuidadoso: el hiyab es una elección, pero el burka suele esconder falta de libertad.
En Madrid ha visto mujeres con niqab en Puente de Vallecas que no tienen autonomía ni permiso para aprender el idioma.
"Sus maridos no les permiten aprender el idioma para que no sepan que aquí pueden ser protegidas por la ley", advierte. Para la periodista afgana, la verdadera libertad es que cada una esté cómoda con su vestimenta, sin que nadie la fuerce.
El Ministerio de Inclusión señala a este periódico que el velo es un foco constante de ataques de odio en las redes sociales.
Mientras la política se retira a buscar nuevos temas de campaña, Khadija Mary Amin sigue caminando por las calles de la capital.
Khadija en la oficina- Periodista Cedida Cedida
Ella, que quemó simbólicamente su burka al aterrizar en España, sabe que la verdadera protección nace de la autonomía económica y del acceso a la educación.