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Las palabras delatan

Las palabras delatan
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A menudo informan más del hablante que de aquello a lo que este pretende referirse

Opinión

Las palabras delatan

A menudo informan más del hablante que de aquello a lo que este pretende referirse

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Manuel Cruz

15/07/2026 a las 02:00h.

Con frecuencia ocurre que las palabras saben más de nosotros que lo que nosotros sabemos de ellas. Esto se hace patente con claridad en aquellas ... situaciones en las que las palabras delatan al hablante; esto es, informan a sus destinatarios de algo que aquel probablemente hubiera preferido que no se trasluciera.

Por supuesto que siempre habrá quien no interprete de la misma manera la puntualización y, en un alarde de benevolencia hermenéutica, prefiera verla más bien como una expresión de empatía. Pero el propio lenguaje ordinario nos proporciona la pista acerca de por dónde transcurre la línea de demarcación entre las diferentes maneras de celebrar la alegría ajena. Porque quien prefiere la fórmula, asimismo habitual en el lenguaje ordinario, del «qué alegría me das» está incorporando un matiz nada banal ni irrelevante. Sus palabras podrían ser perfectamente sustituidas por estas otras: «Tu alegría es la mía» o incluso «nada me hace más feliz que verte feliz».

A efectos de una mayor clarificación, esto mismo podría ser planteado reformulándolo en términos de preguntas bien concretas: ¿qué pensaríamos de alguien que dijera «me alegro por ti» a la persona amada cuando esta le refiriera, llena de ilusión, una magnífica noticia para ella? Como poco nos sonaría extraño, desde luego, porque damos por descontado que lo que caracteriza el vínculo amoroso es precisamente el vivir como propias las alegrías del otro. Lo mismo diríamos si nos refiriéramos al vinculo amoroso en un sentido más amplio. La alegría de los padres ante la felicidad de un hijo les abarca plenamente a ellos también; es, por así decirlo, una sola (e incondicional) alegría. De ahí mis reticencias a la escrupulosa puntualización «por ti». Aunque no se reconozca de manera expresa, son palabras que arrastran, de manera casi inevitable, una sombría connotación. Como mínimo, de un cierto desapego. Suenan, por qué no decirlo, a un «tu alegría no va conmigo». En efecto, las palabras delatan.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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