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Las penurias de los soldados romanos en Britania

Las penurias de los soldados romanos en Britania
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Expertos ingleses descubren que las tropas apostadas en el muro de Adriano estaban infestadas de parásitos que les provocarían diarreas y desnutrición

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Baños y letrinas en Vindolanda, un fuerte romano cercano al Muro de Adriano. Vindolanda Trust Las penurias de los soldados romanos en Britania

Expertos ingleses descubren que las tropas apostadas en el muro de Adriano estaban infestadas de parásitos que les provocarían diarreas y desnutrición

Jon Garay

Domingo, 4 de enero 2026, 00:17

«Son muy diferentes. Los ascárides y los tricocéfalos son nemátodos –el anisakis también lo es–, gusanos redondos los primeros y en forma de látigo los segundos. En cambio, la giardia es un protozoo», apunta Raúl Rivas, catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca. «La infección viene normalmente al ingerir alimentos y agua contaminada. Los áscaris tienen la mayor tasa de mortalidad. A nivel global afectan a más de mil millones de personas en todo el mundo y se estima que pueden causar unas 60.000 muertes, la mayoría entre niños menores de 5 años. La razón es que cuando hay muchos, forman ovillos que pueden provocar obstrucciones intestinales o biliares. Los tricocéfalos tienen una mortalidad relativamente baja pero tienden a cronificarse al causar anemia severa, que provoca que no se asimilen bien los nutrientes. Y la giardia, con alrededor de 300 millones de casos cada año, causa una diarrea muy fuerte que si no se trata, desemboca en una deshidratación que puede ser fatal en personas con sistemas inmunitarios debilitados y bebés», añade.

Las 'ventajas' de los militares

Los especialistas dieron con estos parásitos en el yacimiento de Vindolanda, situado en las inmediaciones del muro. Conocido por haberse encontrado allí más de un millar de tablillas de madera escritas con tinta que documentan la vida diaria en el fuerte y una colección de más de 5.000 zapatos de cuero romanos, contaba con letrinas que desaguaban en un arroyo situado al norte del lugar. Aproximadamente el 28% de las muestras recogidas en este sistema de alcantarilla tenían huevos de ascárides o tricocéfalos.

Aunque los romanos conocían las lombrices intestinales, sus galenos poco podían hacer para eliminar estas infecciones o ayudar a los soldados que sufrían sus consecuencias, lo que dificultaría su servicio. Según los autores del trabajo, parásitos similares se han encontrado también en otros enclaves militares de la época como Carnuntum en Austria, Valkenburg en los Países Bajos y Bearsden en Escocia. Sin embargo, en yacimientos urbanos se daba una mayor variedad que incluía tenias en el pescado y la carne.

Pese a estas deficientes condiciones sanitarias, la situación de los soldados romanos no era, ni de lejos, la peor de los ciudadanos del Imperio. A diferencia de la mayoría, tenían comida y alojamiento garantizados y, con un poco de suerte, puede que nunca entraran en combate. Además, recibían un buen sueldo. Ganaban un denario al día, lo mismo que un buen artesano con la ventaja de que estos podían estar con frecuencia en paro y los militares trabajaban todo el año. Aunque el ejército se quedaba parte de este dinero para entregárselo cuando se licenciaban, disponían de dos o tres ases –un denario son diez ases–. Con ello podían comprar un pedazo de pan, vino o queso. Para que se hagan una idea, el 65% de la población del Imperio vivía al límite de la subsistencia. Y en la misma Roma, el nivel de vida sería equiparable al de una ciudad actual del Tercer Mundo.

Otras ventajas es que estaban exentos de muchos impuestos y que en caso de cometer un delito, no podían ser torturados, enviados a trabajar a las minas o ejecutados como un criminal común. Por el contrario, para entrar en el ejército debían medir al menos 1,65 metros, no podían casarse y el servicio se prolongaba entre 20 y 25 años.

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Fuente original: Leer en Diariosur - Ciencia
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