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Las primeras veces de Alcaraz

Las primeras veces de Alcaraz
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De Río a Melbourne, el español cierra el póker de Grand Slam con la misma naturalidad con la que un día ganó su primer partido ATP

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Lidia Carvajal Las primeras veces de Alcaraz

De Río a Melbourne, el español cierra el póker de Grand Slam con la misma naturalidad con la que un día ganó su primer partido ATP

Javier Varela

Lunes, 2 de febrero 2026, 16:58 | Actualizado 17:06h.

Carlos Alcaraz esas primeras veces se han ido acumulando desde que comenzó a jugar al tenis como señales luminosas hasta conducirlo a un jardín de Melbourne, junto al Royal Exhibition Building, donde el murciano posó con la Norman Brookes Challenge Cup conquistada el domingo como quien completa un álbum imposible. Allí, a los 22 años y ocho meses, el chico que aprendió a competir persiguiendo pelotas contra un frontón completaba el último cromo que le faltaba: el Abierto de Australia. En Melbourne añadió su última primera vez, la pieza que le faltaba para completar el puzle del Grand Slam.

Las primeras veces de Alcaraz forman ya un álbum que explica mejor que cualquier tratado cómo se construye un campeón. La página inicial se escribió en Río de Janeiro, en febrero de 2020, cuando un adolescente de 16 años, nueve meses y 12 días derrotó a Albert Ramos y firmó su primera victoria ATP. Nadie imaginaba entonces que aquel chico de sonrisa nerviosa estaba inaugurando una colección de hitos que irían cayendo con una naturalidad casi insolente. 

El primer título llegó un año y medio después, en Umag, sobre la misma tierra que había moldeado su tenis, ante Richard Gasquet. Tenía 18 años y el descaro de quien todavía no ha aprendido a temer. Meses más tarde conquistó el torneo NextGen de Milán frente a Sebastian Korda, un laboratorio para estrellas en ciernes que se le quedó pequeño desde el primer partido.

La explosión de 2022

En 2022 el calendario se convirtió en una escalera mecánica y en una sucesión de bautismos. Debutó en Copa Davis en Marbella con España ganando a Marius Copil en una eliminatoria frente a Rumanía y, apenas unas semanas después, levantó en Miami su primer Masters 1000 tras imponerse a Casper Ruud.

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Carlos con el trofeo del Open de Australia en los jardines situados al lado del Royal Exhibition Building, junto al Museo de Melbourne Efe

En Barcelona se regaló el primer ATP 500 frente a Pablo Carreño y en Madrid comenzó a escribir un capítulo sentimental: derrotó por primera vez a Rafa Nadal y, al día siguiente, al número uno, Novak Djokovic. Tenía 19 años recién cumplidos y el mundo del tenis empezaba a mirarle con una mezcla de asombro y envidia generacional. El chico que había crecido viéndolos por televisión empezaba a tutear a sus ídolos. Su consagración llegó en el mes de septiembre de ese mismo año con la conquista del US Open. Su primer Grand Slam, otro bautismo en su palmarés y otra vez con Ruud al otro lado de la red. 

Después llegaron nuevas primeras veces con el título en Wimbledon en 2023, con aquel pulso eléctrico ante Novak Djokovic sobre la hierba del All England Club, y Roland Garros 2024, donde domó a Alexander Zverev para reconciliarse con la arcilla parisina de la Philippe-Chatrier y poner por primera vez otro nombre español -que no fuera el de Rafa Nadal- en la Copa de Mosqueteros. Cada nueva primera vez parecía una puerta que se abría hacia otra más grande.

La última primera vez, la de Melbourne 2026, tuvo algo de cierre literario. Djokovic, el mismo rival que le había medido en tantas fronteras, fue el testigo del último paso. Con 22 años y ocho meses, el murciano completó por primera vez el mapa de los cuatro grandes. Sin embargo su ambición no tiene límites como desmostró horas después de su última hazaña: «Ahora que tengo Australia ya pienso en Roland Garros. No hay que dejar nada a nadie». En su discurso ya dejaba entrever otra primera vez posible, la más difícil de todas: ganar los cuatro en un mismo curso.

Cada trofeo es un estreno, como si Alcaraz necesitara inaugurar el tenis de nuevo en cada superficie y en cada reto. Las primeras veces de Alcaraz no son solo un inventario de fechas -Río, Umag, Milán, Marbella, Miami, Barcelona, Madrid, Nueva York, Londres, París, Melbourne- sino un relato de aprendizaje acelerado que parece no tener fin.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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