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Internacional

Las riendas en política

Las riendas en política
Artículo Completo 480 palabras
Un potro sin domar no es un animal salvaje, pero cuando lo domas se transforma en otra cosa

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El líder popular, Alberto Núñez Feijóo, estrecha la mano al líder de Vox, Santiago Abascal. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Marta San Miguel

Jueves, 26 de febrero 2026, 00:14

... jóvenes, se movía con el impulso que le daba su naturaleza sobre el resto de la manada. El potro era castaño, flaco y altísimo, y cuando te acercabas a él en el campo, se dejaba querer como un peluche: comía zanahorias de la mano, jugaba, y si le rascabas fuerte en la cruz, estiraba el cuello de gusto. Pero el día que le pusieron el ronzal, el gigantesco Eolo cambió. Domar es un verbo muy serio. El animal entró en la pista y su forma de caminar se volvió diferente; parecía que empujara el suelo con las patas, y las orejas, de normal caídas y graciosas, se le pusieron picudas, tiesas. Más que atento, Eolo estaba prevenido, como si supiera que todos lo estaban mirando y que era el momento de algo crucial.

¿Ceder es domesticar? ¿Cambiar es doblegarse? ¿Se puede domar una ideología o no es más que un oxímoron que contribuye a la idea subjetiva de desorden que tanto cala? No imagino a Feijoo tirando fuerte de las riendas, cuando la política actual es una huida hacia delante; no imagino a Abascal galopando en círculos porque es lo que necesita un caballo de competición, dar muchas vueltas para ser más rápido, más fuerte. Me pregunto quién lleva aquí las riendas.

Eolo era un potro y su instinto era el de obedecer si le daba la gana. La doma consistió en eso, en quitarle la opción de elegir. Primero fueron paseos con el ronzal; después, una cabezada en la que probó el sabor del hierro en la boca, el peso de las riendas atadas a ese hierro sobre las encías; luego le colocaron una manta en el lomo y lanzó patadas cuando encima de esa manta le pusieron acto seguido la silla y le apretaron la cincha alrededor. Al final, le hicieron galopar. Por último, alguien se subió encima. Y Eolo y su jinete echaron a andar. Cambió su naturaleza. Fue agridulce. Quiero pensar que acabó ganando alguna carrera.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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