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Economía

Las vacas no dan leche

Las vacas no dan leche
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OPINIÓNLas vacas no dan leche
  • CARMEN LENCE
Actualizado 3 ABR. 2026 - 02:22EXPANSION

Sé que para algunos puede sonar sorprendente, pero es así. Yo, que me dedico al mundo lácteo, os lo aseguro: las vacas no dan leche. Y diría incluso que la clave del éxito en esta vida, tanto profesional como personal, está en entender que las vacas no dan leche.

Para que las vacas den leche hay que levantarse temprano, ir al establo, llevarlas a la sala de ordeño, lavar y desinfectar la ubre, asegurar un ambiente tranquilo, una temperatura adecuada, conectar la ordeñadora, vigilar el proceso... Requiere esfuerzo, constancia y foco. Es decir, trabajar.

Yo diría que las personas que entienden que las vacas no dan leche, que o las ordeñas o no tienes leche, o trabajas para conseguir lo que quieres o lo más seguro es que no lo consigas, están más satisfechas con su vida. Sin embargo, hay quien piensa que las vacas dan leche, que no hace falta ordeñarlas, no hace falta trabajar, y claro, viven frustradas por que aún siguen esperando a que les den lo que "les corresponde".

Según Edelman Trust Barometer 2025, España está en cabeza de descontento entre los 26 países analizados. Y parte de ese descontento viene de la percepción de que "los ricos" tienen más de lo que deberían. Eso alimenta que siete de cada diez jóvenes en España consideren justificado el activismo hostil; es decir, dañar propiedad pública o privada, atacar personas online, difundir desinformación e incluso justificar la violencia.

Y, en parte, ese descontento es comprensible. La renta bruta disponible de las familias Españolas lleva una década prácticamente estancada, y sigue estando por debajo de la media de Europa.

Pero, ¿es esto realmente culpa de los "ricos"? ¿Quiénes son los "ricos" de este país? "Ricos" de verdad, de los que aparecen en Forbes Worlds Billioners List, en España hay pocos. Solo 32 españoles tienen un patrimonio superior a 1.000 millones de dólares, de los cuales 28 son mayores de 80 años y levantaron su fortuna hace décadas en industrias tradicionales.

¿A ver si el problema va a ser que no hay suficientes "ricos"? Nuestra élite económica, salvo contadas excepciones, pertenece a una generación que levantó su patrimonio en otro momento histórico, con otras reglas del juego, cuando el país estaba por construir. Y eso debería preocuparnos mucho más que lo ricos que son.

Porque un país en el que no hay quien cree riqueza es un país en el que la movilidad social se frena, en el que la innovación pierde ritmo y en el que los jóvenes dejan de creer que su esfuerzo puede cambiar su destino. No es casualidad que, mientras en Estados Unidos la mayoría de los grandes patrimonios son fruto del emprendimiento reciente, aquí sigamos dependiendo de imperios familiares creados hace medio siglo. Si queremos más leche -más prosperidad, más oportunidades, más futuro- animar a mirar la vaca ajena con envidia no soluciona nada: hay que crear las condiciones para que cada generación pueda ordeñar la suya.

Por eso, en vez de estar tan descontentos y culpar a "los ricos", habría que ponerse a ordeñar la vaca; es decir, a trabajar. Aumentar la población activa, mejorar la cualificación de los trabajadores e incrementar la productividad de las empresas combatiendo el absentismo.

Porque la realidad de España es que sólo trabaja el 59% de la población activa, frente al 75,8% de la media europea. Pero es que, además, de los que en teoría trabajan, cada día 1,7 millones de ellos faltan a su puesto de trabajo. El absentismo laboral, con un coste anual de 33.000 millones de euros (16.000 millones asumidos directamente por las empresas), representa una amenaza para la competitividad de nuestras empresas. Queremos aumentar salarios, pero para eso es imprescindible aumentar la productividad. En la última década, España solo ha incrementado su productividad un 0,5%, frente al 1,2% de la media de la OCDE.

Cambiar la mentalidad

Pero para que todo esto sea posible, hay que cambiar la mentalidad: dejar de pensar que las vacas dan leche e interiorizar que, para que den leche, hay que ordeñarlas, hay que trabajar.

Buscar una cabeza de turco señalando al "rico" como culpable de todo tiene las patas muy cortas. Criminalizar al empresario, asociarlo a la caricatura del señor con chistera y puro, no es la solución. Entre otras cosas, porque no se corresponde con la realidad. España es un país de pymes y es uno de los lugares en los que más cuesta sacar adelante una empresa.

Según la OCDE, el 70% no sobreviven más de cinco años. El empresario aquí no es el señor del Monopoly que algunos usan para dividir a la sociedad. Es la mujer que emprende para conciliar, el joven que quiere continuar la granja de sus padres, o el jubilado que no quiere quedarse en casa. Personas normales que arriesgan su patrimonio y su calidad de vida para crear algo que, si funciona, genera empleo, oportunidades y valor para la sociedad.

Cada vez vemos más empresas, incluso rentables, que acaban cerrando porque no hay quien quiera ponerse al frente. Si ser empresario fuese tan sencillo y tan rentable, y si fuésemos todos "unos capitalistas despiadados" que no paran de enriquecerse a costa de los demás, como dijo una política de este país, ¿por qué no hay más gente que quiera emprender?

Dejemos de buscar cabezas de turco. Los empresarios generamos riqueza; los políticos son los responsables de gestionar los recursos que todos aportamos con nuestros impuestos para crear bienestar. Y llega un momento en que resulta evidente para la población que hoy se hace política para estar en política, y no para ayudar a avanzar a la sociedad, que debería ser su verdadera función.

Aunque a veces parezca que la opinión pública es lo mismo que la opinión publicada, la realidad es que no lo es. Por mucho que se intente desprestigiarnos, según Edelman Trust Barometer la ciudadanía distingue entre ruido y hechos: las empresas somos hoy la única institución percibida como competente y ética. Mientras gobiernos y medios suspenden en ambas dimensiones, la sociedad reconoce que las empresas cumplimos, creamos empleo, innovamos y actuamos con responsabilidad.

Esa confianza no se regala: se gana liderando con propósito, siendo transparentes y generando valor real para el país. Por eso es tan importante reivindicar el papel del empresario como motor de progreso y estabilidad.

Ser empresario es un orgullo. Para mí, además, es una filosofía de vida. Yo educo a mis hijos en que una buena parte de sentirse satisfecho con la vida viene de tener claro que es lo que quieres y de esforzarte para conseguirlo.

Es importante educar a nuestros hijos -y a la sociedad en general- en esta formula básica para ser libre y estar satisfecho con la vida en vez de ser dependiente y vivir fustrado: Las vacas no dan leche. Hay que ordeñarlas, hay que trabajar.

Carmen Lence. Presidenta de Grupo Lence

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Fuente original: Leer en Expansión
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