Mas protege el rojo desde la primera trinchera, Gall aguarda una grieta y Roglic se prepara para atacar sin red con la crono como aliada: los tres del podio posan para MARCA
La batalla final de LaVuelta: "No tenemos miedo"MARCA, con los tres primeros 'soldados' de la general de LaVueltaFotos: Iraia Calvo- NACHO LABARGA Sevilla
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Enric Mas, Felix Gall y Primoz Roglic posan para MARCA como si la jornada de descanso fuese apenas un alto el fuego. El casco bajo el brazo, el cuerpo echado hacia delante, la mandíbula tensa, los ojos apuntando a un enemigo que no aparece en la fotografía. Tres soldados antes de regresar al frente. Después de la sesión se relajan, sonríen, bromean incluso, pero la tregua dura poco. LaVuelta se ha quedado sin días para esconderse y a partir de este martes cada kilómetro puede ser una emboscada. Quedan seis etapas hasta Granada, una contrarreloj atravesada en mitad del camino y dos jornadas de montaña después del reloj. Mas ocupa la primera línea y tiene todo un maillot que proteger; Gall aguarda detrás, paciente, dispuesto a atacar si huele debilidad; Roglic llega tercero, cargado de experiencia y cada vez con menos territorio que defender. Tres hombres, tres guerras diferentes y una única bandera esperando dueño en la Alhambra.
Primoz Roglic, el rey de LaVuelta, con MARCA: “Estoy en el escenario perfecto”N. LABARGAMas es quien escucha ahora las balas desde más cerca. Nunca había vestido el rojo de LaVuelta y lleva varios días descubriendo que mandar también desgasta: podio, protocolo, entrevistas, controles, compromisos, más miradas de las habituales y veintitantos equipos pendientes de cualquier gesto. Pero se le ve cómodo dentro de una situación que durante muchos años persiguió sin alcanzarla. “Ha sido una semana donde he disfrutado muchísimo. Nunca había llevado el maillot de líder de LaVuelta, así que es una sensación muy especial”, decía en rueda de prensa este lunes. El mallorquín no habla como alguien que haya encontrado de repente una versión desconocida de sí mismo; habla como si después de muchas campañas hubiese llegado finalmente al lugar que buscaba. “Es un momento de mi vida muy feliz. En lo deportivo es un momento que no creo que olvide nunca”. Durante años tuvo que responder a preguntas sobre su falta de ataques, sobre la ambición, sobre si era demasiado conservador, sobre aquello que supuestamente le faltaba para ganar una grande. Esta vez no necesita discutir con nadie. Está primero. El maillot rojo responde por él.
Es un momento de mi vida muy feliz. En lo deportivo es un momento que no creo que olvide nunca
Enric Mas
A su alrededor, Movistar ha levantado una muralla. La carrera del equipo ha ido cambiando a medida que Mas conquistaba posiciones hasta quedarse reducida a una misión sencilla de escribir y brutal de ejecutar: que nadie atraviese las líneas. “El equipo ha estado de 10, siempre hemos tenido las cosas bajo control, así que estoy confiado en mí y en el equipo”. Ya no importa colocar a un hombre en una fuga para pelear una etapa ni repartir fuerzas entre otros objetivos. “Tenemos a un corredor líder de la carrera, es normal que el equipo cambie el chip. Ya hemos ganado una etapa y ahora lo que tenemos que hacer es defendernos e intentar llegar a la Alhambra así como estamos ahora”. La Alhambra aparece una y otra vez en su discurso como esas ciudades que los soldados imaginaban al otro lado del mapa cuando todavía faltaban muchas jornadas de marcha. Mas reconoce que ya piensa en Granada, en su familia, en sus amigos, en ese domingo en el que todos estarán esperando. “Piensas en recibir a la familia y a los amigos ahí en Granada de una forma especial, que ya sabes cuál sería”. Le da vueltas, alguna más de las que le gustaría. Imposible evitarlo cuando después de tantos años el sueño deja de ser una silueta en el horizonte y empieza a tener nombre, fecha y lugar.
La estufa del líder Enric Mas y el aviso premonitorio en MARCA: "Que las pongan"Entre Mas y Granada se levanta una amenaza que nadie consigue apartar de las conversaciones: la contrarreloj. Y detrás del reloj aparece inevitablemente Roglic. El esloveno puede encontrar ahí la munición que necesita para volver a acercarse, pero Mas se niega a pasar los próximos días parapetado esperando el impacto. “No tenemos que temer a la crono porque son 21 días de carrera y la crono es un día”, responde a este medio. Su cuenta no termina ahí. “Primero hay dos etapas que también son muy importantes y después quedan dos días de montaña donde creo que también nos beneficia. Casi cada día de montaña hemos podido sacar tiempo”. Por eso tampoco quiere escoger un terreno al que temer. Cuando le preguntan qué etapa le preocupa más, si una jornada quebrada y propicia para las emboscadas o una gran batalla en las cumbres, corta rápido: “No me da miedo ninguna etapa”. Sabe que el peligro puede surgir de cualquier cuneta. “Puede haber una desgracia en cualquier momento de carrera, pero no podemos pensar en eso porque, si no, no podríamos ni salir a la etapa”. En la primera línea no queda demasiado sitio para pensar en el miedo.
La bicicleta de 12.000 euros con la que Enric Mas defiende el rojo: 120 gramos menos y un deseo para GranadaLo que sí espera es fuego. Mucho. Porque quienes van detrás sólo tienen seis días para derribar la fortaleza de Movistar y la prudencia empieza a valer cada mañana un poco menos. “Creo que va a ser una semana dura. Los equipos van a correr de forma, entre comillas, un poco loca, en el buen sentido. Intentarán ponernos entre la espada y la pared”. Es fácil imaginar la clase de ofensiva que puede encontrar el líder: gregarios peligrosos metidos en fugas, ataques lejos de meta, relevos interesados entre rivales que cinco minutos antes no compartían objetivo, movimientos diseñados más para aislar que para ganar. Mas no parece esperar una batalla ordenada. “Tenemos la mejor gestión desde el coche y los corredores estamos confiados, tranquilos. Creo que podemos salir beneficiados de todo eso”. Defender el rojo no consistirá solamente en subir más rápido que los demás. Habrá que leer dónde empieza cada ataque y, sobre todo, distinguir una escaramuza de la ofensiva que de verdad puede abrir un boquete.
Un perseguidor sin miedo a disparar
Felix Gall acampa apenas un poco más atrás (2'06''). Su situación es diferente porque todavía tiene mucho que ganar y bastante que perder. Llegó a LaVuelta pensando en el podio y no va a fingir ahora que el segundo puesto le parece una derrota. “Vinimos aquí con el objetivo de terminar en el cajón. Si puedo acabar en el podio en esta Vuelta, por supuesto que estaré muy feliz”. No hay cobardía en el planteamiento, sino la serenidad de un corredor que ha tardado años en comprender que su carrera no tenía por qué avanzar al mismo ritmo que la de quienes crecieron a su lado. Gall pasó demasiado tiempo observando cómo otros de su generación ganaban mientras él intentaba encontrar su sitio. “Fue muy difícil. Es algo con lo que luché en los primeros años de mi carrera”. Con el tiempo dejó de combatir contra fantasmas ajenos. “Fue muy importante dejar de compararme con los demás y compararme conmigo mismo: la versión de hoy con la versión de ayer o con la de hace un año”. El ciclista que llega segundo a la última semana de LaVuelta ya sabe cuál es su mejor arma: “La consistencia es mi mayor fortaleza durante tres semanas”.
“La consistencia es mi mayor fortaleza durante tres semanas
Gall, a MARCA
Cuando mira hacia la trinchera de Mas tampoco encuentra un muro agrietado al que dirigir inmediatamente el cañón. Todo lo contrario. “Está siendo súper impresionante. Creo que es la mejor versión de Enric que hemos visto. Ha estado muy consistente, muy fuerte”. Gall incluso elogia la guardia que lo protege: “La manera en la que su equipo lo está haciendo creo que es muy inteligente”. El austriaco no necesita inventar una debilidad para convencerse de atacar. Esperará a que aparezca. Antes tendrá que cruzar su terreno más delicado, la contrarreloj. “No tengo miedo, pero tampoco es mi fortaleza”. Sabe que Roglic puede recuperar tiempo, que Mas también debería defenderse bien y que él probablemente saldrá del reloj con alguna herida nueva. Pero ha aprendido a convivir con ella. “Ahora estoy en un lugar en el que puedo manejar la pérdida de tiempo. No es tan malo, aunque tampoco es ideal”. Su guerra comenzará de verdad cuando vuelva a levantarse la carretera.
Gall, con MARCA.IRAIA CALVOGall incluso ha dibujado una línea en el mapa. Si después de la contrarreloj Mas conserva alrededor de minuto y medio, la ofensiva por el rojo tendrá poco sentido. “Si hay una diferencia de un minuto y medio, va a ser muy difícil”. Pero si el reloj deja la clasificación reducida a unos cuantos segundos, el austriaco cambiará de planes. “Si son sólo unos segundos, podemos empezar a pensar, o al menos tener en mente, que algo puede ser posible”. No habla de un ataque pactado desde el hotel ni de un lugar señalado de antemano con una cruz. Su estilo tiene más de francotirador. Esperar, observar y disparar cuando el rival enseñe algo. “Si llega el momento en el que tengo buenas sensaciones y veo a alguien sufriendo, por supuesto que voy a aprovecharlo”. En la última semana hay señales que duran apenas un instante: una boca que se abre demasiado, un corredor que deja de pedir agua, una rueda que se separa medio metro, un compañero que mira hacia atrás buscando a un líder que ya no responde. Gall aguardará alguna de ellas. No necesita que Mas se derrumbe. Le basta con que titubee. Y luego está Roglic, que conoce esta guerra de memoria.
Gall, posando para MARCA.IRAIA CALVOSi llega el momento en el que tengo buenas sensaciones y veo a alguien sufriendo, por supuesto que voy a aprovecharlo
Gall, con MARCA
El rey de LaVuelta se sabe el camino
Cuatro Vueltas pesan mucho cuando la carrera entra en su última semana. Mas lo sabe mejor que nadie y por eso no se deja engañar por el tercer puesto. “A Primoz nunca se le puede descartar. Está tercero de la general, no es que esté el 26. Está mostrando un grandísimo nivel y sabe exactamente cómo ganar una Vuelta. Ha ganado cuatro”. Roglic ha vivido demasiadas terceras semanas como para creer en clasificaciones definitivas un lunes de descanso. Sabe que los minutos pueden parecer murallas y convertirse de repente en paredes de cartón. Sabe que el líder duerme peor cuanto más cerca está el final, que un equipo puede parecer invencible hasta que pierde dos hombres en un puerto, que las piernas rara vez avisan con tiempo antes de vaciarse. Todo ese conocimiento viaja con él mientras los demás intentan descifrar qué Roglic queda dentro de Roglic.
Roglic, con el redactor de MARCA en Sevilla.N. LABARGA (MARCA)El esloveno no vende humo. Admite que las circunstancias de su temporada le impidieron llegar con la preparación que habría deseado. “Con la rehabilitación y la preparación no estoy en mi mejor momento”. Pero sigue el disparo: “Aun así estoy en un buen nivel. Probablemente sea el mejor nivel que he tenido esta temporada”. Está tercero, continúa perdiendo algunos segundos cuando la carretera se vuelve más hostil y, aun así, nadie alrededor del podio se atreve a darle por muerto. Él tampoco. “Siento que todavía me ven como una amenaza”. No señala dónde atacará porque quizá ni siquiera él lo sepa todavía. “Tengo que hacer mi propia carrera. No estoy buscando una victoria fija o algo así. Vamos a ver qué tipo de oportunidad nos trae”. Roglic quiere ir recogiendo cualquier cartucho que encuentre por el camino. “Cada segundo que pudiera ganar sería genial”. Primero mantenerse cerca. Después, esperar a que la batalla decida dónde tiene sentido cargar.
Siento que todavía me ven como una amenaza
Roglic, a MARCA
Es ahí donde el tercero puede convertirse en el enemigo más incómodo. Mas tiene un maillot que defender. Gall todavía tiene un segundo puesto que puede valerle una temporada. Roglic conoce demasiado bien el podio como para vivir obsesionado con salvar el tercero. Si LaVuelta llega comprimida a las dos últimas jornadas de montaña, puede encontrarse ante una elección que no suele admitir términos medios. Proteger lo que queda o quemarlo todo. Puerta grande o enfermería. Un campeón de cuatro Vueltas no necesita aprender qué se siente pisando un cajón; necesita encontrar alguna razón para atacar el escalón más alto. “Haré todo lo que pueda. Luego veremos qué significa eso comparado con los demás”. La frase encaja con el Roglic de siempre: pocas palabras, ningún plan entregado al enemigo y la certeza de que la carretera acaba contando más de lo que se dijo delante de una grabadora.
Roglic, este lunes en Sevilla.IRAIA CALVOLa contrarreloj será el momento en el que los tres salgan de sus trincheras sin ejército. Allí desaparecen los gregarios, los coches que ordenan, las ruedas que protegen del viento y las alianzas que permiten perseguir. Cada hombre queda solo con su bicicleta y con un reloj que va disparando segundos sin distinguir apellidos. Gall espera resistir. Mas quiere cruzarla sin entregar la ventaja que ha conquistado en la montaña. Roglic sabe que puede ser el terreno donde por fin acerque sus líneas al rojo. Después se volverá a desplegar el mapa sobre la mesa y todos comprobarán a qué distancia está el enemigo. Quizá Mas salga todavía con una muralla por delante. Quizá Roglic vuelva a entrar en rango de tiro. Quizá Gall sobreviva lo suficiente como para esperar su oportunidad. Y entonces quedarán las montañas.
Roglic, enfocado.N. LABARGA (MARCA)Ahí ya no habrá tratados de paz. La tercera semana convierte cualquier accidente mínimo en una herida enorme. Una noche mala. Un desayuno que no entra. Un bidón que tarda treinta segundos más de la cuenta. Un gregario que revienta antes de lo previsto. Un descenso donde alguien consigue abrir un hueco. Una subida en la que el líder responde al primer ataque, al segundo y al tercero, pero descubre en el cuarto que ya no queda nadie detrás de su propio cuerpo. Las grandes vueltas están llenas de ejércitos que parecían tener ganada la guerra hasta la línea de meta. Gall lo resume desde su prudencia: “Hasta que cruzas la línea de meta, no se termina”. Roglic podría firmarlo con cuatro maillots rojos a sus espaldas. Mas, desde delante, no puede permitirse pensar de otra manera.
Por eso ninguno de los tres quiso señalar con demasiada precisión dónde se decidirá LaVuelta. El mapa dice que hay una contrarreloj y montaña. La carretera suele escribir después otra historia. Mas sabe que defender sólo significa retroceder si uno acaba haciéndolo durante demasiado tiempo. Gall esperará la brecha exacta por la que introducirse. Roglic puede lanzar un ataque que obligue a los demás a elegir en segundos lo que llevan meses preparando. Los tres hablan de piernas, pero a estas alturas también se corre con la cabeza. El cansancio va llenando el campo de batalla de espejismos. Un corredor parece débil y está fingiendo. Otro parece tranquilo y va al límite. Una diferencia de treinta segundos parece insignificante hasta que nadie consigue reducirla. Una ventaja enorme desaparece entre dos pancartas kilométricas.
Enric Mas celebra su triunfo en el alto de Aitana.ASO/Toni BaixauliEnric, Felix y Primoz posaron para MARCA con esa expresión de soldados enfadados que pide una víspera como ésta. Durante unos minutos todo fue un juego: colocar el casco, repetir la postura, mirar al frente, disparar la cámara. En la carretera no habrá posibilidad de repetir la toma. Cada movimiento será definitivo. Un ataque mal elegido puede dejar a un hombre sin munición para el siguiente puerto. Una rueda que no se sigue puede ser la frontera entre ganar LaVuelta y recordarla toda la vida como aquella que estuvo a punto de ganar. Delante está Granada. Entre ellos y la Alhambra quedan seis días de guerra. La tregua termina. Ahora empieza la batalla final.
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