"Todos, de algún modo, somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno". El papa León XIV mostró una vez más su cercanía con los migrantes en el Centro de Acogida de Emergencia y Derivación de Las Raíces, su primera parada en la visita a la isla de Tenerife, con la que pone fin a su estancia de siete días en nuestro país.
"Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos", destacó el Sumo Pontífice.
Robert Francis Prevost se mostró emocionado ante el discurso Bousso, una mujer senegalesa que huyó de su país "por la guerra, la violencia y la persecución". "Gracias por estar aquí, en esta tierra que para nosotros ha significado el primer lugar de esperanza tras un camino de sufrimiento", señaló Bousso, que le narró el miedo que pasó en su viaje en cayuco "rodeada de frío y muerte". "Rece por quién perdió la vida en el mar", recalcó antes de saludarlo junto a su hija Adama. En la misma línea se mostró Taiwo, procedente de Nigeria, quién superó lo nervios para darle las gracias al Pontífice: "¡Que Dios te bendiga siempre!".
El Papa destacó el nombre del complejo. Y lo hizo mencionando nuevamente a su antecesor, cuyo legado no dudó en hacer propio dando prioridad a visitar España y en particular a Canarias. "Me ha llamado la atención el nombre de este Centro de acogida, que se denomina "Las Raíces". A mi Predecesor, el querido papa Francisco, que tanto anheló poder estar con ustedes, le gustaba utilizar la imagen de las raíces para indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor. "Porque el que confía en el Señor 'es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. No temerá cuando llegue el calor y su follaje estará frondoso'".
León XIV abraza a la pequeña Amina.Alberto di LolliEn 2023, el archipiélagp cerró el año con la llegada a los puertos de 39.910 inmigrantes en 610 embarcaciones. La reactivación de la ruta canaria, considerada la más peligrosa del mundo, hizo la llegada de personas por vía marítima se incrementara un 154% con respecto a 2022, superando el número alcanzado en la denominada crisis de los cayucos de 2006. En 2024, la cifra subió aún más, alcanzando el récord histórico de 46.843 personas llegadas por vía marítima irregular. En lo que va de 2026, han arribado a las islas 233 embarcaciones con cerca de 3.000 migrantes a bordo.
El Centro de Acogida de Emergencia y Derivación de Las Raíces abrió en 2011 como una solución de emergencia por la llegada de cayucos. Se levantó sobre un antiguo campamento militar junto al Aeropuerto de Los Rodeos y acabó convertido en emblema de la 'ruta canaria' de la inmigración, la más mortífera del planeta. Hoy acoge a 753 personas, la mayoría musulmanas, pero por sus inmediaciones han pasado más de 70.000 migrantes. Situado a 1.000 metros de altura y rodeado de eucaliptos, durante años fue conocido en el Ejército por el frío húmedo que se sufre en su interior.
Su apertura fue polémica. En abril de 2021, una pelea entre marroquíes y subsaharianos dejó un reguero de sangre en las escaleras de acceso a la enfermería y se saldó con diez heridos, tres de ellos hospitalizados. La Policía Nacional tuvo que entrar en el recinto y el altercado acabó con ocho detenidos entre los residentes. Muchos marroquíes dejaron el centro y acamparon alrededor de la base militar durante semanas. Hace dos años el centro sufrió una remodelación integral. Los migrantes dejaron de dormir en endebles carpas que sufrían el contraste entre el calor atrapado dentro y la humedad exterior. El techo de las tiendas de campaña dejó de 'llorar'. Aún así, el complejo sigue disponiendo de 10.000 mantas para las noches más frías.
Alberto di LolliEn la pista del Aeropuerto de Los Rodeos, el Papa, en su segundo día de visita en Canarias, fue recibido por el presidente regional, Fernando Clavijo, la ministra de Inclusión Social y Migraciones, Elma Saiz; la embajadora de España en la Santa Sede, Isabel Celaá, y la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez.También acudieron la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila y el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez.
Un centenar de migrantes esperó cerca de hora y media la llegada del Papa en la explanada habilitada para el acto. Aliou y Seikou, de 18 y 19 años, lograron sentarse en la primera fila. Llegaron hace un mes procedentes de Gambia y están expectantes ante la llegada de León XIV, aunque reconocían que "hace unos días no sabíamos quién era". Se protegían del frío con dos gorros. Ailou se metía las manos en los bolsillos y Seikou tenía unos guantes de podar verdes. Muchos de los migrantes iban en cholas (chanclas). Forman parte del kit que la ONG Accem les da a su llegada a Las Raíces. Cuando llevan un tiempo, algunos consiguen unos tenis (zapatillas deportivas). "Se puede identificar el tiempo que llevan en la isla por el calzado que portan", explicaba un ex trabajador del complejo.
A algunos la espera se les hizo larga. Mamadou se ubicó en la última fila y aprovechó para escuchar música con el móvil. Ousmane lo utilizó de espejo para acicalarse. También sacó numerosas fotos al escenario y los periodistas. Ambos llegaron procedentes de Senegal y mostraron su asombro por la presencia de tantos medios de comunicación. "No nos esperábamos algo tan grande".
Calzado de uno de los jóvenes migrantes que recibió al Papa.Alberto di LolliSamba prácticó numerosas veces el cántico de "¡Papa, Papa!". Llegó a El Hierro hace un mes procedente de Gambia. No tiene familia ni conocidos en Europa, pero quiere quedarse "como fútbolista". "Juego muy bien, de centrocampista, lo que le falta a mi equipo, el Real Madrid", destacaba.
El Papa concluyó su discurso haciendo mención a los dos santos canarios, que "también fueron migrantes": Santo Hermano Pedro, procedente de su santuario en Vilaflor, misionero y apóstol de la caridad en Guatemala y San José de Anchieta, lagunero, misionero, apóstol de Brasil y el primer santo canonizado por el papa Francisco.
Después, saludó a los migrantes allí presentes, donde destacó el tiempo que le dedicó a la pequeña Amina, de cuatro años, que antes de su llegada ya había atraído la atención de todos saliendo de la zona acordonada por las vallas. Llegó a Tenerife siendo un bebé, desde Mali. "Gracias, Papa, corazón" le ha había enseñado a decir su madre, Fatma, de 32 años. Y esi fue lo que le dijo a un sonriente León XIV.