Llenar la maleta de libros y fijarse retos de lectura son un clásico del que se farda en público, aunque hay que distinguir los perfiles que van más de fotos bonitas que de reseñas
Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock)Víctor Vela (@lovasaleer)
26/07/2026 a las 00:12h.En verano hay mucha gente que se reencuentra con la lectura», evidencia Nuria Piñeiro, librera de Moito Conto (en A Coruña), con escaparate en Instagram (@ ... nuriapy). Lo comprueba a diario en su trabajo: «Hay personas que, por el cansancio o las exigencias del día a día, se alejan de la lectura». Y, para ellas, el verano puede ser un momento idóneo para recuperar hábitos y sumergirse de nuevo en las páginas de un libro (o las pantallas infinitas del 'e-reader'). El verano, para muchos lectores, «es una promesa de tiempo» por delante, de horas sin aprietos, de días que rellenar. Y hay incluso quien se fija retos. Ya no basta con el 'a ver si este verano leo más'. Ahora el desafío puede ser terminar cinco, ocho, diez novelas en agosto. Llegar bronceado al final del verano con un puñado de lecturas de las que presumir.
«La lectura es una experiencia íntima, pero no tiene por qué ser solitaria. Hablar de libros, recomendarlos, discutirlos, escribir unas líneas sobre ellos o compartir una impresión hace que la lectura continúe después de cerrar el libro», asegura Gabriel Álvarez-López, profesor de la Universidad de Salamanca, con blog y perfil lector en Instagram (@leeresvivir2veces). Pero aclara: «Conviene alejar la lectura tanto del postureo cultural como del desprecio antiintelectual. La exposición en redes ha hecho que me replantee mi relación con la cantidad de libros leídos. Ahora me interesa poco la lectura como exhibición. Leer mucho puede convertir los libros en una especie de capital simbólico, una forma de decir: 'Yo pertenezco a este lugar cultural'. Pero no leer también funciona a veces como pose: como si leer fuera algo inútil, elitista o desconectado de la vida real».
Entonces, ¿leer está de moda? «No me atrevo a decirlo, pero los libros están más presentes y generan círculos entre personas con intereses diversos. Las librerías independientes se están convirtiendo en espacios de encuentro y refugio, una telaraña invisible de afectos. Esta realidad cada vez está más alejada de los popes de Instagram, que dicen qué debemos leer o que tal libro es brutal», afirma Piñeiro. Así que, frente a esta tiranía del 'hashtag' y de los 'me gusta' a mogollón, de la lectura al peso y las novelas como medallas, Piñeiro entiende que «no es especialmente bueno fijarse un mínimo o unos objetivos». «Lo importante es llegar a establecer un cierto gusto, una conexión con nuestra rutina diaria. En el placer del encuentro con el libro residirá la constancia».
«No te hace mejor persona»
«Leer no debería servir para colocarse por encima de nadie. Leer mucho no te hace necesariamente mejor persona, pero puede darte más herramientas para comprender el mundo, para imaginar otras vidas, para afinar el lenguaje, para desarrollar sensibilidad y pensamiento crítico», enumera Álvarez, quien matiza que habría que poner en cuarentena esa expresión de 'leer mucho'. «Para una persona pueden ser cincuenta o cien libros al año y para otra, terminar tres libros después de años sin acercarse a uno. Más que de acumular libros, se trata de construir una relación propia con la lectura». Y eso, dice Álvarez, «depende del tiempo, de las condiciones de vida, de la etapa personal, de los ratos libres (los ratos libros), el tipo de lecturas».
¿Hay algún consejo para leer más? Para empezar, Hernández recomienda «reducir el tiempo de tele y móvil para dedicarlo a la lectura».«También merece la pena fijarse un ratito al día de forma intencionada (después de comer, antes de dormir, nada más levantarnos...) porque, aunque sea poco tiempo, puede ayudar a establecer un hábito». Y no está de más llevar siempre encima un libro. Si al final del año (o del verano) el botín son muchos libros leídos, estupendo. «Pero si quedan pocos y alguno de ellos nos ha acompañado de verdad, también habrá merecido la pena», concluye Álvarez-López.
Libros y lectores que, como las bicicletas, son para el verano
«Existen lecturas de verano, pero no en un sentido menor», dice el profesor de la Universidad de Salamanca Gabriel Álvarez. «A veces se usa la expresión como si fueran lecturas más ligeras, menos importantes, y no tiene por qué ser así. Una lectura de verano puede ser una novela extensa que durante el año no nos atrevíamos a empezar (verano de tochos, verano de gozos), un clásico pendiente, una novela negra, un libro de relatos o una lectura puramente evasiva. Lo importante no es tanto el tipo de libro como la disposición con la que se lee». Y, además, hay lectores estivales, «personas que no tienen un hábito lector constante durante todo el año, pero que en vacaciones vuelven a los libros».
comentarios Reportar un error