- EDUARDO GÓMEZ MARTÍN
Demuestra que la autenticidad es el activo más valioso.
En un mundo empresarial hiperconectado, donde el ruido es constante y la comunicación a menudo se confunde con la mera acumulación de discursos, resulta paradójico -y profundamente revelador- que uno de los comunicadores más eficaces de nuestro tiempo apenas pueda articular palabra. Álex Roca, el primer atleta con un 76% de discapacidad física en terminar una maratón y una maratón de recorrido olímpico, no necesita subir el volumen para que su mensaje resuene a nivel global. Su vida misma es el mensaje.
A los directivos y líderes de hoy se nos exige dominar el arte de la comunicación, construir marcas personales sólidas y dominar el storytelling para inspirar a nuestros equipos y conectar con una sociedad cada vez más escéptica. Sin embargo, a menudo caemos en la trampa de la superficialidad, diseñando narrativas corporativas que suenan bien en el papel, pero carecen del anclaje de la realidad. Álex Roca nos ofrece un espejo en el que mirarnos y una lección magistral: el verdadero storytelling no es lo que cuentas, es lo que haces. Es, en esencia, storydoing.
El lema vital del deportista, "el límite te lo pones tú", podría ser un eslogan publicitario vacío en boca de cualquiera. En la suya, es una verdad irrefutable forjada a base de resiliencia, dolor, constancia y superación. Desde la perspectiva del desarrollo directivo y el coaching organizacional, su trayectoria destruye por completo el mito del líder invulnerable. Durante décadas, la cultura corporativa ha ensalzado la figura del directivo infalible, aquel que tiene todas las respuestas, que no muestra fisuras y que lidera desde una posición de superioridad casi heroica. Hoy sabemos que ese modelo resulta contraproducente.
Roca ha convertido lo que muchos veríamos como debilidades insalvables en sus mayores fortalezas, demostrando que la autenticidad es el activo más valioso que puede poseer un profesional. Ha construido una marca personal arrolladora y magnética, demostrando que la autenticidad es el activo intangible más valioso que puede poseer un profesional y, por extensión, una corporación. Mostrar nuestras carencias no nos hace débiles frente a los equipos; nos hace humanos, accesibles y, por ende, generadores de confianza.
Su comunicación trasciende la barrera del lenguaje verbal. Utiliza la lengua de signos, pero sobre todo comunica con cada zancada, con cada esfuerzo extenuante en el asfalto de París o en las dunas del desierto. Su capacidad para generar un impacto emocional duradero nos recuerda a los gestores de personas que el propósito y la acción es la única vía para generar confianza genuina. Los líderes contemporáneos no inspiran fidelidad por la brillantez de su retórica en las convenciones anuales, sino por la integridad de su comportamiento frente a la adversidad diaria, las crisis de mercado o las reestructuraciones complejas. El movimiento se demuestra andando; el liderazgo, asumiendo la carga en los momentos de mayor resistencia.
Además, su éxito nos brinda una lección vital sobre el trabajo en equipo y el liderazgo compartido. Álex no corre solo; lo hace con un entorno milimétricamente engrasado: con su esposa Mari Carmen, que además es su intérprete y principal apoyo; con su equipo médico, preparadores físicos y con los miles de personas que se sienten representadas en su lucha.
Un objetivo común
En el ámbito corporativo, esto se traduce en una máxima que a veces olvidamos: el liderazgo no consiste en aislarse para brillar en solitario en la cima de la pirámide, sino en ser el catalizador capaz de movilizar a todo un ecosistema humano hacia un objetivo común. Sin el equipo que traduce, apoya y marca el ritmo, la visión del líder jamás cruza la línea de meta.
En las instituciones de educación superior, donde tenemos la inmensa responsabilidad de formar a los profesionales que dirigirán las empresas del mañana, debemos incorporar urgentemente figuras como la de Álex Roca en el currículo oculto de las habilidades directivas. No basta con enseñar márketing avanzado, finanzas corporativas o analítica de datos. Debemos ir un paso más allá. Su ejemplo nos obliga a replantearnos en las aulas qué significa realmente comunicar con impacto social, cómo se forja el carácter ético de un líder y por qué el propósito debe ser el motor fundacional de cualquier proyecto, ya sea deportivo, tecnológico o empresarial. Si las futuras generaciones de directivos integran esta mentalidad, tendremos empresas más rentables, pero, sobre todo, incomparablemente más humanas.
Este verano, cuando nos alejemos temporalmente de la urgencia del corto plazo, los balances trimestrales y los absorbentes consejos de administración, convendría hacer un ejercicio de introspección y reflexionar sobre nuestro propio estilo de comunicación. ¿Estamos contando una historia real respaldada por nuestras acciones diarias? ¿Lideramos desde la autenticidad y el propósito, o desde la pose y el conformismo corporativo? Álex Roca ya ha cruzado su línea de meta desafiando a la ciencia y a la lógica; ahora les toca a los ejecutivo decidir, y a las propias organizaciones, dónde ponen sus propios límites.
Eduardo Gómez Martín | Presidente de ESIC University
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