Lia Kali en las Noches del Botánico. vega Halen
Música Lia Kali hechiza las Noches del Botánico: las cicatrices se hicieron música y el dolor se transformó en libertadLa artista barcelonesa firma una velada magistral en Madrid, transitando desde el caos inicial de sus tormentas internas hasta el triunfo de su "Renacer".
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Angelica Francesca Rimini Publicada 13 junio 2026 03:41hEl suelo empieza a vibrar: relámpagos de luz blanca, un magnetismo caótico y una orquesta asfixiante y electrónica. Y entonces, la voz. Hubo algo casi hechizante en cómo el cante de Lia Kali entró en escena.
Turbulencias no fue sutil; fue un nudo apretado, gritando. "Este nudo en mi cora me está apretando. No sé cómo quitarlo, me está ahogando", canta Julia Isern (Barcelona, 1997) en su concierto durante el festival de las Noches del Botánico.
Magnética, auténtica y viva, la cantante es una de las mayores representantes de la escena actual de la música urbana y alternativa. En su gira, su paso por Madrid deja huella.
Rosalía conquista Madrid con sus mil caras: de la mística a la rave, de la ópera a la saetaEl pelo oscuro, largo y recogido en una coleta, baja por su espalda mientras se mueve imponente sobre el escenario. Ver a Lia Kali actuando es entender que su música no se limita a la garganta; le recorre el cuerpo entero.
Se mueve con una fluidez magnética, como si formara parte viva del ritmo que va modulando con su propia voz. Así, Lia conquista el Real Jardín Botánico Alfonso XIII en pocos minutos.
Con tu collar suena mientras la artista se sienta en medio de su orquesta. Las pantallas transmiten su cara cantando a una cámara en directo, mientras llueven puñales en las calles de la animación. "¡Cómo estamos, Madrid!", grita al cielo ya casi oscuro.
Vulnerabilidad extrema
Lia no es de muchas palabras; no le sirven más de las que ya canta. En las pantallas empieza a llover sobre un campo de amapolas. Si el inicio del concierto fue una demostración de fuerza, la llegada de 28 fue un ejercicio de vulnerabilidad extrema.
Esta canción no se escucha: se padece y se sana. Lia Kali la interpretó mirándose en un espejo invisible, cantándole a la niña perdida que un día fue para decirle que, contra todo pronóstico, hoy está a salvo.
Así sigue con Veneno, el antídoto perfecto para digerir lo malo y escupirlo con rabia y arte. Desde las profundidades de su garganta, la artista saca su lucha. Los visuales se oscurecen mostrando unas manos negras que empujan contra un telón blanco, pero la melodía dulce te hace bailar.
Desde las primeras filas en el césped, las manos se elevan al cielo y cantan de memoria las estrofas. "Guardo bajo llave, junto al poemario que me regalaste donde todo vale, una historia que no entiende de finales".
Lia Kali durante el concierto en las Noches del Botánico. Vega Halen
El público sigue entregado con Me hace mal, enganchado a la magia que desprende Lia en el escenario. En este punto, la rabia de sus primeros temas deja espacio a la sofisticación instrumental de su nueva etapa, y los temas de su último álbum, Kaelis (2025), adquieren esa fuerza física y esa actitud de barrio que la vio nacer.
Un hogar
"Esta canción habla de cuando encuentras el amor de verdad, el que te despeja del olvido". Una flor se abre en la pantalla y, lentamente, florece. Lia, en primera línea con un micrófono de pie, entona: "Podrás comprar la casa, pero no el hogar". Florezco es un himno a la esperanza que renace de las cenizas y todos la cantan con el corazón en la mano.
"Esta canción que viene ahora la escribí en Contra todo pronóstico (2023)", explica. "De golpe tengo hambre, ambición y ganas de más, pero me doy cuenta de dos cosas: la ambición es un destino al que llegar, pero también una tremendísima hache; si dejas que te arrastre el éxito y el dinero, no vale nada".
Qué te debo es una mirada desafiante hacia el exterior, hacia la sociedad y las expectativas de los demás. "En la vida yo no me puedo olvidar de por qué empecé en esto". Un telón rojo se cierra en la pantalla y los cuerpos, iluminados del mismo color, se mueven al unísono a ritmo de salsa.
Israel Fernández, el "golfo elegante": "Me gusta ir a los sitios donde el flamenco no tiene mucho lugar"Suena Niño, dedicada a los primeros amores; el romance bajo las leyes de la calle. Con este tema, el concierto abandona momentáneamente la crudeza para teñirse de una atmósfera nocturna, sinuosa y cargada de una sensualidad elegante.
Desde Sevilla hasta Granada
"Ojalá pudiera ir volando a tu ventana", cantaba Fondo Flamenco desde un Carmen de Sevilla. Ahora, Lia Kali vuelve a adornar el mismo estribillo con sus estrofas crudas y sus movimientos feroces. Baila orgullosa, firme, con los pies bien plantados y sin miedo a hacer ruido. Se deja llevar por los acentos del compás y traduce el ritmo en movimiento.
"Os he traído a Fondo Flamenco, ahora os llevo a Dellafuente". Como hizo el cantante granadino el pasado junio en el Metropolitano de Madrid, la historia se repite. El escenario de las Noches del Botánico se tiñe de verde y Fosforito empieza a sonar. El público estalla en un rugido, recordando la colaboración que marcó un álbum.
Desplegar las alas
Como el avión que despega, Lia alza el vuelo. Una luz azul recoge el escenario y las letras de una canción que vuela alto en el cielo acompañan la voz de cientos de personas. Con Alzo el vuelo, se salva ella misma y despliega sus propias alas.
Una estrella mudéjar en la noche madrileña: Dellafuente convierte el Metropolitano en un patio granadinoEl concierto procede sin aliento, aunque entre una canción y otra la artista revela que este año quiere hacer un disco y contar historias con el corazón. Así recuerda sus temas más duros, sus años en equilibrio sobre un hilo: Ctp y En la cuerda floja.
"¿A cuánta gente aquí le ha salvado la vida la música?", pregunta la misma cuya composición fue su propia terapia. Su música nace de la cruda necesidad de sanar, y por eso el público conecta de una forma casi religiosa con ella: no hay filtros ni postureo urbano, hay verdad.
Pero Te conocí bailando vuelve a mover a todos. La voz de Fernando Costa llena el jardín y las manos se levantan a la vez en el aire. Por su parte, Falso saca a relucir la cara más afilada, irónica y puramente rapera de Lia Kali. Y Cachito de luz, uno de sus últimos singles, explota dulce e imponente en la noche madrileña como un faro al fondo de un túnel.
Luego, llega un hechizo. Un coro de voces se levanta sin necesidad de música y canta: "Bailar pegaditos, con el mundo calladito, cantarnos el dolor para que se vuelva chiquito". Salma sube al escenario y acompaña a Lia para interpretar Volvernos a amar, cantando abrazadas en un momento de pura complicidad. Los aplausos no paran fácilmente. "Qué artistas tenemos en este país y las que todavía tenemos que descubrir".
La bruja que muestra el mundo
"Esta canción que viene ahora…" el público entona su nombre y Lia se para. "…fue una pesadilla", sigue.
Bad Bunny, el reguetonero que convirtió el perreo en protesta: así es la conquista mundial del nuevo rey del pop"Vivía en un pueblo donde había una bruja que tenía la capacidad de hacerte ver lo que el mundo era realmente. Y yo fui a que me embrujara, y al salir de su casa me daba cuenta de que llevaba unas cadenas enormes arrastradas por un monstruo gigantesco que me decía que la vida es tan injusta porque 'los humanos vivís en el infierno, pero tenéis la capacidad de agarraros al mínimo ápice de luz que os quede y olvidaros de que estáis en él'".
Me muero hace su entrada triunfal y deja a todos con la boca abierta. Y luego, una pausa. Llegamos al final del concierto. "Y cantaré hasta que me muera", entona bajo la luz de la luna. Cantaré suspende el tiempo y las gargantas se desgarran en una declaración de fe colectiva.
Pero es Renacer la encargada de cerrar el círculo. Si durante la noche habíamos visto a Lia Kali sangrar, luchar y bailar sobre sus propias ruinas, en este tema la vimos emerger de las cenizas completamente invicta. Y así como llegó, de sopetón, lanza un beso al público y se va volando, dejando a su orquesta acabar con la magia.