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Limp Bizkit en Madrid: una brutal descarga de adrenalina dosmilera que no caduca

Limp Bizkit en Madrid: una brutal descarga de adrenalina dosmilera que no caduca
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La banda estadounidense que alcanzó la cima en el cambio de milenio arrasa en el Movistar Arena antes de su paso por el Resurrection Fest. Interpretaron grandes éxitos como 'Break Stuff', 'Rollin'' y 'Take a Look Around', que fue banda sonora de 'Misión imposible 2'. Más información: Van Morrison en Noches del Botánico: el blusero gruñón también sabe sonreír

Limp Bizkit durante su concierto en el Movistar Arena de Madrid, este miércoles. F. D. Q.

Música Limp Bizkit en Madrid: una brutal descarga de adrenalina dosmilera que no caduca

La banda estadounidense que alcanzó la cima en el cambio de milenio arrasa en el Movistar Arena antes de su paso por el Resurrection Fest.

Interpretaron grandes éxitos como 'Break Stuff', 'Rollin'' y 'Take a Look Around', que fue banda sonora de 'Misión imposible 2'.

Más información: Van Morrison en Noches del Botánico: el blusero gruñón también sabe sonreír

Publicada 2 julio 2026 02:39h Actualizada 2 julio 2026 02:44h

No fue Woodstock '99, donde Limp Bizkit la lió pardísima al incitar al público a liarla pardísima (véase el documental disponible en HBO Max sobre los altercados que convirtieron aquel festival heredero de los famosos "tres días de paz y música" del 69 en un sucedáneo infernal).

Han pasado 27 años desde entonces y el concierto que la banda ofreció en el Movistar Arena de Madrid este miércoles fue mucho más civilizado. Aun así la descarga de energía fue brutal, tanto por parte de Fred Durst, Wes Borland y compañía encima del escenario, como por parte del público que abarrotaba el recinto.

El concierto fue organizado por los promotores del Resurrection Fest de Viveiro (Lugo), después de que se agotaran los abonos para este viernes, día de la actuación de Limp Bizkit como cabezas de cartel. Hacía 14 años que la banda no tocaba en la capital.

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Desde el gallinero de la sexta planta daba gusto ver los numerosos mosh pits formados aquí y allá, esos corros donde la gente se pone de acuerdo para empujarse y hacer el bestia.

En 1999, la banda de nu metal y rap metal de Jacksonville (Florida) estaba en la cima de su carrera. Acababan de publicar su segundo álbum, Significant Other, que fue un enorme éxito y alcanzó el número 1 en la lista Billboard. Entre las canciones del disco estaba "Break Stuff"("Romper cosas"), pensada para provocar una explosión de energía negativa acumulada dentro. Esa fue la canción que prendió la mecha aquel año en Woodstock. Este miércoles no llegó la sangre al río ni hubo destrozos en el recinto, sino una saludable descarga colectiva de adrenalina.

Con barba canosa y algo más reposado, pero con la chulería y la voz intactas, Fred Durst apareció sobre el escenario a las 21:15 h con su eterna gorra de béisbol, gafas de sol y sus andares de macarra. A su lado, el guitarrista Wes Borland, conocido por sus estrafalarios y siniestros atuendos desde los inicios de su carrera, llevaba un ajustado traje negro y la cara oculta tras una máscara con una cresta como las de los cascos romanos.

En cada canción, Durst se desgañitaba; el baterista John Otto marcaba el ritmo reventando parches y platos; Borland sacaba alaridos de su guitarra propios de Godzilla, y el DJ Lethal hacía lo propio scratcheando a los platos. Todos miembros originales de la banda. Solo faltaba el cofundador y bajista Sam Rivers, fallecido hace menos de un año, en 2025. Su lugar lo ocupa desde entonces en directo Richie Buxton.

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Para algunos, la mezcla de hip hop con heavy metal fue una fusión hortera propia de aquellos años de pantalones piratas y gorros de pesca. Anoche se comprobó una vez más la potencia de una fórmula que no caduca. Sigue funcionando, sigue teniendo su público y, además, es enormemente divertida.

El concierto comenzó con "Stuck", de su primer álbum, Three Dollar Bill, Yall$, de 1997. Siguió con una tanda del mencionado Significant Other: "Just Like This", "9 Teen 90 Nine" y "Break Stuff". Después vino su versión del "Faith" de George Michael que tanta fama les dio en sus comienzos.

La puesta en escena era como de andar por casa. La escenografía recreaba un estudio casero con altavoces, estanterías con libros y alfombras. Ningún alarde en la iluminación y la pantalla grande reservada para proyectar las letras de las canciones como si estuviéramos en un karaoke. Todo un detalle para los fans.

Hubo muchos parones entre canción y canción. Ya no son unos chavales, aunque lo parezcan, y el desgaste del show es elevado. En esas pausas rindieron tributo a la cultura española (y sus clichés): sonó el "Aserejé" de las Ketchup (después de Aitana sonando en la previa de Linkin Park, ya no nos sorprende nada) y pusieron un vídeo del bailaor flamenco Miguel Fernández "El Yiyo". Por cierto, Fred Durst dijo en varias ocasiones que era un honor regresar a Madrid después de tantos años y que nuestra comida y nuestra cultura "son increíbles".

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Después vino un segmento con canciones de Chocolate Starfish and the Hot Dog Flavored Water (2000), su disco más exitoso, con 10 millones de copias vendidas en todo el mundo. Una traca en la que sonaron "Hot Dog", "My Generation", "Livin It Up", "My Way" y "Rollin'".

Entremedias tocaron "Eat You Alive", una canción del posterior Results May Vary (2003) y que casi parece una apología del acoso sexual (la letra habla del deseo de "olisquear bragas" y dice que "no hay nada de malo" en estar obsesionado con alguien). Está claro que hace dos décadas la corrección brillaba por su ausencia, pero no imaginábamos que la banda se atreviera a seguir tocándola en 2026. El propio Durst, un provocador nato, es consciente del asunto y por eso bromeó antes de iniciar la canción diciendo que "trata sobre sus zapatillas".

En la última parte del show sonaron otros grandes éxitos de la banda como "Nookie", "Full Nelson" (en la que Durst subió a dos chavales del público para cantar), "Boiler" y "Behind Blue Eyes", lo más parecido a una balada en el repertorio de Limp Bizkit, y donde el cantante pudo lucir sus dotes vocales.

El concierto no podía terminar sin "Take A Look Around", la canción basada en la clásica melodía de Misión Imposible y que fue el tema principal de la banda sonora de la segunda película de la saga. Y, para rematar, un último regalo: otra vez "Break Stuff", pero esta vez con todas las luces encendidas, para dejar que el público se convirtiera en el protagonista con un desparrame que hizo vibrar los cimientos del estadio.

Ha pasado mucho tiempo desde aquel Woodstock de 1999 y Fred Durst ha madurado. En lugar de incitar al caos, se despidió con un "que todo el mundo vuelva sano y salvo a casa".

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