Los expertos vaticinan que triunfarán las de estado sólido frente a opciones que ya se han demostrado fallidas como la energía solar o ambiental
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Regala esta noticia Añádenos en Google 10/06/2026 Actualizado a las 00:13h.Hubo un tiempo en el que podíamos utilizar el teléfono móvil durante una semana entera sin necesidad de conectarlo a la corriente. Recordemos el célebre ... Nokia 3330, cuyos componentes resultaban tan modestos como su consumo energético. Pero llegaron los smartphones con sus pantallas retroiluminadas, unos procesadores cada vez más avanzados y una cantidad desorbitada de aplicaciones diseñadas para utilizarse continuamente, comunicación inalámbrica mediante WiFi, Bluetooth, GPS… que agotan la batería mucho antes. Lo habitual hoy en día es que un teléfono inteligente ofrezca entre 24 y 48 horas de autonomía, siempre que no lo sometamos, claro está, a un uso muy intensivo. Y esto implica tirar de cargador todas las noches, lo que va minando la capacidad de la batería hasta el punto de tener que reemplazarla.
Las baterías, extraíbles por ley
Según la normativa aprobada por la Unión Europea en verano de 2023, todos los dispositivos electrónicos comercializados en los países de la Unión deberán albergar baterías extraíbles (y fácilmente reemplazables) a partir de 2027. Esto incluye tanto a teléfonos móviles como a ordenadores o consolas de videojuegos, en los que seguramente encontremos tornillos accesibles y no tapas deslizantes (en pos de mantener la estanqueidad de que presumen muchos de estos dispositivos).
Un componente estancado
Si echamos un vistazo a los chips o los sensores fotográficos de los modelos más avanzados del mercado, constataremos que dichos componentes no han dejado de evolucionar durante las últimas décadas. Sin embargo, la situación ha sido distinta con las baterías: «El mercado se ha estabilizado en un equilibrio entre precio, prestaciones y autonomía que resulta aceptable para la mayoría de usuarios», prosigue Almirall, motivo por el que no abundan los móviles capaces de aguantar más de una jornada: «Por mucho que sus baterías resulten cada vez más eficientes, los dispositivos siempre irán dos pasos por delante en demanda energética. Cada nuevo modelo incorpora una pantalla más grande y brillante, cámaras más complejas y un procesador más potente».
El experto descarta que opciones como la energía solar puedan conducirnos a la idea de una batería infinita: «El problema principal es la superficie disponible. Un smartphone tiene muy poco espacio para captar energía solar y, además, la mayoría del tiempo lo llevamos en el bolsillo, en un bolso o boca abajo sobre una mesa. En la práctica, incluso con buena luz, la energía que podría generar un panel tan pequeño sería muy limitada y serviría más como apoyo que como fuente principal de alimentación».
Con todo, la industria no ha dejado de coquetear con esta y otras tecnologías. Como la del 'energy harvesting', basada en el aprovechamiento de la energía del entorno, la producida por el movimiento, el calor corporal o las ondas de radio... «Estas soluciones ya existen y se utilizan en sensores y dispositivos de muy bajo consumo, pero presentan los mismos problemas que las baterías atómicas: la cantidad de energía que podemos recolectar del entorno suele ser muy pequeña».
Baterías de estado sólido
Por el contrario, Almirall sí contempla con cierto optimismo las llamadas baterías de estado sólido y, en menor medida, las de sodio, menos eficientes pero más baratas y duraderas. Las considera el siguiente gran salto en almacenamiento energético: «Están desarrollándose especialmente en el sector del automóvil, pero es probable que lleguen a la electrónica de consumo una vez que la tecnología madure. Sus bondades son una mayor densidad energética –más capacidad en el mismo espacio–, unos tiempos de carga más rápidos y una mayor seguridad, lo que podría traducirse en móviles y ordenadores cuya batería dure varios días e incluso cerca de una semana». Hasta entonces, los esfuerzos de los principales fabricantes pasan más bien por reducir el consumo de sus aparatos mediante procesadores más eficientes o pantallas de muy bajo consumo, como las de tipo microLED. Innovaciones que, desgraciadamente, nunca salen baratas.
Un teléfono que dura 6 meses encendido
El modelo OUKITEL WP100 Titan representa uno de los mayores logros del segmento de los smartphones en materia de autonomía: integra una batería con una potencia de 33.000 mAh (lo habitual en un teléfono inteligente es entre 4.000 y 5.000 mAh), lo que le permite funcionar hasta 6 meses en espera con una sola carga (49 horas si reproducimos vídeos de forma continuada). No es de extrañar que este modelo haga las veces de batería externa, luz de camping e incluso proyector. ¿Su precio? Unos 700 euros al cambio.
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