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'Barak', en la esquina inferior derecha, junto a sus compañeros de la brigada Khartia. J.D.B.Juan Diego Bonilla, alias 'Barak'
Soldado colombiano en Ucrania «Lo más doloroso de la guerra es tener que dejar al compañero en el campo de batalla»Así combaten los militares extranjeros alistados en Ucrania en busca de un futuro mejor. Unos 1.700 han muerto ya
Martes, 10 de febrero 2026, 00:07
... Ucrania, familiares de hombres caídos en el campo de batalla -tanto españoles como latinoamericanos- se pusieron en contacto con este periodista, desesperados, solicitando información sobre sus seres queridos y denunciando las dificultades para conocer qué les había sucedido, recuperar sus cuerpos y cobrar la indemnización que les corresponde. No son pocos: se estima que casi 1.700 voluntarios extranjeros han fallecido luchando contra las tropas rusas, de los cuales 16 son españoles.Soldados extranjeros en Ucrania: ¿mercenarios o libertadores?
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Dron: el arma que ha cambiado la guerra para siempre
Juan Diego Bonilla, alias 'Barak', está destinado en la brigada Khartia, donde combate desde hace casi un año con militares de diferentes nacionalidades en el frente de Járkiv. Colombiano de 25 años y soldado de profesión desde que alcanzó la mayoría de edad, llegó al rango de suboficial en su país y decidió alistarse en Ucrania. «Buscaba mejores oportunidades económicas. Porque la de militar es una carrera bonita, pero está mal remunerada en mi país», afirma a este periódico. Aunque ha cambiado las calurosas selvas de Colombia por las llanuras congeladas de Ucrania, 'Barak' sigue rodeado de compatriotas. Al fin y al cabo, se estima que hay unos 2.000 colombianos en el bando del país invadido.
El sueldo puede llegar a superar los 3.000 euros al mes -aunque la mayoría cobra entre 2.000 y 2.500- y es un buen reclamo que Kiev explota. De hecho, páginas oficiales detallan -también en español- cómo es el proceso para alistarse en las legiones internacionales. Y sorprende lo sencillo que resulta: basta con rellenar un formulario, realizar una entrevista telefónica, y presentarse en el puesto ubicado a esos efectos en la frontera con Polonia. Después de confirmar sus aptitudes, se firma un contrato y el soldado es asignado a una unidad para su entrenamiento final antes de entrar en combate.
730 soldados colombianos
han fallecido en Ucrania desde el inicio de la invasión rusa.
Lógicamente, es una profesión de alto riesgo, y mucho más difícil resulta encontrar información sobre el proceso que se abre cuando alguien muere en combate. Sobre todo para sus seres queridos.
- Muchos se quejan de que no saben cómo actuar y a menudo aprecian mala fe entre las autoridades ucranianas o los mandos militares.
- En primer lugar hay que ser conscientes del peligro que conlleva estar en un país en guerra, y entender que en ningún lugar se puede estar tranquilo, ni siquiera en las ciudades, donde los ataques con drones y los bombardeos son constantes. Pero el frente es una cosa de locos. Uno tiene que ser muy fuerte física y mentalmente para sobrevivir a las situaciones extremas que se viven. Lógicamente, se puede perder la vida.
- Ese es el momento en el que muchos allegados se ven desprotegidos.
- Es muy importante que las familias estén bien asesoradas, porque muchos no informan correctamente sobre lo que hay que hacer. Si un soldado muere y no se puede recuperar el cuerpo, Ucrania declara al militar como desaparecido. Se sabe que falleció, pero como no hay cuerpo se debe esperar un año hasta la emisión del acta de defunción. Es una situación que sucede a menudo, porque hay misiones que se complican, en las que cae gente, y no se puede recuperar su cadáver porque es demasiado arriesgado y puede provocar aún más bajas. Para mí, lo más doloroso de la guerra es tener que dejar al compañero en el campo de batalla. Es lo que más me afecta. Cuando eso sucede, la brigada informará de la desaparición del soldado a sus familiares. Es muy duro y la mayoría quiere tener el cuerpo a la mayor brevedad, pero hay que entender que las misiones se llevan a cabo en territorios disputados con el invasor. Es muy difícil entrar y salir, y más aún con los drones y los disparos de artillería.
«Un argentino que se mantuvo con vida cinco días falleció a 200 metros del hospital»
- ¿Ha perdido muchos compañeros?
- Sí. En una de las últimas misiones, por ejemplo, teníamos un compañero argentino que fue alcanzado por un dron y perdió una pierna. Los compañeros no pudieron evacuarlo, pero seguía con vida, así que nos coordinamos para llevar a cabo su extracción. Estábamos lejos, pero él se mantuvo con vida durante cinco días gracias a los torniquetes y pudimos llegar a tiempo. Desafortunadamente, era una zona muy complicada sin acceso por vía terrestre, a la que no podían acceder blindados y solo se podía ir a pie. Había también demasiados claros en los que se exponían demasiado nuestras vidas. Todo eso nos ralentizó, y nuestro compañero murió cuando apenas quedaban 200 metros para alcanzar el punto de estabilización médica.
'Barak' en apoyo de Ucrania. J.D.B.- Tiene que ser especialmente frustrante.
- Lo es. En otra ocasión, en una trinchera que estaba siendo duramente atacada, cayeron dos drones kamikaces que no estallaron. Dos compañeros ucranianos salieron para comprobar los daños, hicieron un mal movimiento y entonces se activaron y explotaron. El 'hermano' ucraniano que estaba más cerca murió enseguida y el otro quedó herido de gravedad pero logró regresar al interior de la trinchera. Es muy duro, porque en el frente se ven cosas terribles: aunque el ucraniano ya había muerto, los rusos lanzaron otros dos drones contra él, destrozándolo.
- Es de esperar que los cuerpos sean intercambiados cuando se acuerde la paz. Mientras tanto, ¿qué sucede un año después de la desaparición oficial?
- Después del año de espera, el proceso no es sencillo. Las personas beneficiarias de la indemnización, según la ley ucraniana, son los cónyuges, los hijos y, finalmente, los progenitores. El problema es que en países como Colombia -o España-, está reconocida la pareja de hecho y en Ucrania no. Mucha gente desconoce eso y luego no puede acceder a la compensación de la pareja porque no es su marido. Además, las familias tienen que viajar a Ucrania, hasta la unidad del soldado, para realizar los papeles, que tienen que estar apostillados, traducidos y legalizados. En general se demora entre 15 y 20 días. Lo único que tendrán que pagar es el viaje, el alojamiento y las traducciones de los documentos, pero nada más. Hay unidades que cobran dinero, aunque no deberían.
«Estamos bajo cero y, con la humedad, el frío te traspasa y se convierte en tu mayor enemigo»
- Muchos de ustedes son soldados. Imagino que la formación que han recibido es una garantía tanto personal como para su unidad.
- Desde el punto de vista táctico, lo que aprendí en Colombia puede aportar algo aquí, pero en Ucrania la guerra es mucho más tecnológica y más dura, porque llueven proyectiles de artillería y drones. De hecho, lo que sucede aquí se reproduce luego en otros países: en Colombia han empezado a utilizar drones para atacar a las fuerzas de seguridad.
Entrenamiento de colombianos de la brigada 'Khartia'. Zigor Aldama- ¿Cuáles son las principales diferencias con el conflicto en Colombia y las dificultades que representan?
- Aquí llegar a las posiciones es muy complicado porque hay ocasiones en las que hay que caminar hasta 12 kilómetros, ya que no se puede acceder en vehículo para evitar que lo ataquen con drones. Por eso, en Ucrania llevar mucho peso juega en contra. Además, aquí el frío es muy extremo y complica mantener la posición en la trinchera. Estamos bajo cero, y cuando uno está bajo tierra, con la humedad, da igual cuántas capas te pongas, el frío te traspasa y se convierte en tu mayor enemigo. Por lo menos, cuando hay niebla o nieva, los drones lo tienen más difícil. Pero también los asaltos son más difíciles.
- Se habla de paz. ¿Cree que llegará pronto?
- Dudo de que se pueda llegar a un acuerdo. Porque el enemigo exige algo que Ucrania no puede aceptar: la cesión de territorio y la reducción del ejército. Yo apoyo que se firme la paz, porque la pérdida de seres humanos es trágica, pero debe ser un trato aceptable, porque de lo contrario mucha gente habría muerto en vano en los últimos cuatro años, tratando de recuperar territorios que legalmente le pertenecen a Ucrania. Hasta el momento, el invasor no quiere ceder y pienso que así no va a haber acuerdo y que la guerra va a continuar. Ojalá las negociaciones den un giro inesperado, pero lo dudo.
«Los drones han provocado un cambio total en la guerra»
«Los drones han provocado un cambio total en la guerra». Juan Diego Bonilla, soldado colombiano alistado en la brigada Khartia de Ucrania, no tiene dudas al respecto. «De hecho, han convertido lo que era una guerra de trincheras en otra muy tecnológica», sentencia.
Lo que no está claro es si lo han hecho para bien o para mal. Porque algunos aspectos son muy positivos. «Son nuestros ojos, los que nos avisan de lo que hay más allá de nuestro campo de visión», resalta Bonilla, alias 'Barak'. «Pero también son lo que más tememos, porque uno se puede esconder de disparos de artillería y aguantar, pero los drones son tan rápidos que se pueden llegar a meter en la trinchera», comenta.
'Barak' en Ucrania. J.D.B.Hay todo tipo de drones. «Están los camicaces, los que lanzan granadas, los que provocan incendios, y ahora incluso los que nos llenan los campos de minas», enumera 'Barak'. Los vehículos no tripulados se han convertido también en un elemento clave en tierra –para la extracción de soldados y enviarles suministros– y en el agua –donde han servido para atacar infraestructuras como el puente de Crimea o buques de la flota petrolera en la sombra de Rusia–. «Sirven de apoyo, evitan que se arriesguen vidas humanas y ayudan con la logística». Pero también al enemigo.
«El zumbido de la muerte»
Así, los drones han provocado una psicosis que cala en toda la población residente de Ucrania. «El impacto psicológico es enorme. Por eso decimos que el ruido de los drones es el zumbido de la muerte». También los civiles los temen porque los ataques con ellos en las ciudades son constantes. «Ya no hay noches tranquilas. Ademas, los ataques no son con un solo dron, sino con enjambres enteros. Por docenas o cientos. Así que se suma su ruido y los disparos de las antiaéreas tratando de derribarlos. Es aterrador para la gente», relata.
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