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«Lo único que tenemos es el momento, eso lo descubrí en una ambulancia»

«Lo único que tenemos es el momento, eso lo descubrí en una ambulancia»
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«Yo antes vivía en el mañana», reconoce el comunicador, que ahora busca historias de superación con su proyecto 'Imbatibles', que llegará a Málaga el 16 de abril

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Una imagen de Fernando Díaz de la Guardia, antes de la enfermedad. SUR

Fernando Díaz de la Guardia

«Lo único que tenemos es el momento, eso lo descubrí en una ambulancia»

«Yo antes vivía en el mañana», reconoce el comunicador, que ahora busca historias de superación con su proyecto 'Imbatibles', que llegará a Málaga el 16 de abril

Matías Stuber

Jueves, 19 de marzo 2026, 00:30

... en hacer planes. Un 5 de enero de 2024 se fue a la cama esperando vivir el día de Reyes con la ilusión de quien ha sido niño y ahora es padre. Al levantarse, sintió un dolor «muy fuerte» en la nuca. Quien se había convertido en uno de los rostros más reconocidos de la televisión, con una carrera prometedora por delante, acabó en una ambulancia dirección a una nueva vida.

–Usted es de Granada. ¿Muy de Granada?

–Sí, yo llevo a gala lo ser granadino. Soy de Granada capital, pero me he criado también en Salobreña. Es mi pueblo emocional, donde pasé los fines de semana y, por supuesto, todas las vacaciones, que entonces eran de tres meses. Tengo la gran suerte de sentirme querido en mi tierra.

–¿Qué es Salobreña para usted?

–Salobreña es niñez, infancia, es mi primer contacto con el campo. El blanco de la cal y un cielo azul enorme. En Salobreña también descubrí pronto todo lo que representa la vida y la muerte.

–¿Cómo llega al mundillo de la comunicación?

–La figura del maestro es muy importante. Cristóbal Piñar, que era mi profesor de Literatura en octavo, despertó en mí la vocación, con una actividad en un estudio radiofónico. Ahí descubrí que con un micrófono podía llegar a la gente que no me estaba viendo. Esa magia me atrapó para siempre. Con 17 años empecé a trabajar en Radio Granada de la Cadena Ser y con 18 debuté a escala nacional, en Carrusel Deportivo. Ahí nació un vínculo que duró para siempre y así será hasta el final.

–Luego pasó a ser un rostro muy conocido en la televisión. La vida, sin embargo, le ha sacado de lo normativo. ¿Cómo calza eso en un mundo en el que la imagen es muy importante?

–A pesar de que la vida me ha sacado de lo normativo de la televisión, a pesar de que ahora tengo que protegerme con gafas oscuras porque no aguanto las luces de los focos, lo que me ha traído hasta aquí no ha sido mi imagen ni mi voz, sino mi cerebro y mi corazón. Así que seré comunicador hasta el final de mi vida porque es mi forma de entender la propia vida.

–¿Pero la imagen no lo es todo en televisión?

–A veces, la imagen está ligada a la persona pero para mal. A veces, el personaje devora a la persona. Yo creo que la autenticidad, lo que la cámara descubre en cuanto te relajas, debe primar para poder comunicar. Entonces, cuando la autenticidad es real y el mensaje es provechoso, todo tiene sentido. Y en eso es en lo que yo me he reconvertido porque entiendo que el mensaje de 'Imbatibles' puede ser interesante para el prójimo.

–¿Cómo gestiona ahora la vanidad?

–Yo la vanidad la curé en la música. Fui un cantante de rock, que era una actividad que simultaneé con la radio. Salí del cine de ver 'The Doors' de Oliver Stone y tenía claro que quería ser como ese señor. Me dejé el pelo largo, jugaba con el maquillaje tipo David Bowie. Creamos un par de discos. Dimos unos 100 conciertos por toda España. Ahí, en ese contacto interpretativo, pretendiendo ser un cantante estelar, con la reacción de la gente... ahí culminé por completo la vanidad. Además, empecé a recibir las primeras críticas y crecí mucho. En los años 90, si te tenían que decir cualquier cosa, te la decían. En Málaga, recuerdo que actuamos en la Feria, también en un pub que se llamaba Beethoven.

Después de estar frente al público, ¿saltar a la televisión ya no daba tanto vértigo?

–Claro, yo ya tenía experiencia en los escenarios. En Granada, dentro de mi generación, había sido una persona pública. Estaba curtido en ese sentido. No recibí un pellizco especial. Y esto no significaba un exceso de relajación. Porque, como decía el maestro Jesús Hermida, un exceso de relajación lleva al error.

–¿Cuál ha sido la noche más larga de su vida?

–Tengo que pensarlo. Nunca me han hecho esa pregunta. Si digo la verdad, he tenido la suerte de dormir siempre con la conciencia tranquila. Eso es lo más importante si te dedicas al mundo del periodismo. He buscado siempre sentirme libre a la hora de expresar lo que deseaba. No recuerdo una noche especialmente larga.

–Pensaba que me iba a decir la noche del 6 de enero de 2024, el día que su vida dio la vuelta como un calcetín.

–Lo que pasa es yo he aprendido a distinguir entre problema y circunstancia. No es lo mismo. Un problema es la pérdida de un ser querido, no poder alimentar a tu familia… Lo demás suelen ser circunstancias. Yo antes lo confundía. Por ejemplo, cuando una conexión en directo se interrumpía, lo pasaba muy mal, el enfado me duraba demasiado tiempo. Mi cuerpo iba acumulando sensaciones que podían adquirir el nivel de problema cuando no lo era. No es fácil distinguir esto. En mi caso, las defensas acabaron bajando y se reactivó un virus que me atacó al nervio facial, que es el que mueve los músculos que deciden, por ejemplo, la oclusión del ojo o de la boca. De forma que si no hay fuerza, al beber, el agua se pierde por la comisura de los labios, el ojo se te queda abierto de par en par y tienes que forzar a que se cierre con un parche para que, por la noche, no se te genere una queratitis. He aprendido que cuidar nuestra salud emocional es básico.

–Llévenos, por favor, a ese día de Reyes de 2024.

–El día de Reyes nunca es un día normal. Siempre es un día especial. La tarde anterior, un año atrás, en la víspera de Reyes, yo iba en una cabalgata. Fui el rey Melchor y ayudé a su majestad en Granada. El día de Reyes de 2024 no iba en una carroza, iba en una ambulancia. Y eso también es la vida. Recuerdo que me desperté con un dolor muy intenso en la nuca. Cuando me miré al espejo, por desgracia, tenía la parte derecha de mi cara bloqueada. No había expresión. Trabajaba para Mediaset, era presentador de 'Cuatro al día'. Me iba muy bien.

–¿Todo se va a negro, como dicen en televisión?

–Yo sentí enseguida que había un problema grave. Pero en aquella ambulancia conocí a María Angustia, una médica de urgencias, que me trató como mi propia madre, en un momento en el que yo me sentía como un niño muy vulnerable. Ahí empecé a pensar en que tenía la obligación de salir adelante. Aunque fue duro, muy duro.

–¿Qué diagnóstico le dieron?

–No fue un ictus, que es lo que se podía pensar. Es una enfermedad rara. Las enfermedades raras tienen un diagnóstico, pero nadie te garantiza que vas a poder parpadear otra vez, por ejemplo. Así es el síndrome de Ramsay-Hunt, que es el nombre del neurólogo que lo descubrió. Esto es el herpes zóster, que se reactiva. Lo mismo hay personas que tienen una calentura en el labio. Por desgracia, en mi caso me vino con una enfermedad rara.

–¿Había escuchado ese nombre antes?

–No tenía ni la menor idea. Por desgracia, desde la pandemia, hay más casos. No se sabe hasta qué punto la parálisis se puede revertir. Yo, dos años después, sigo teniendo secuelas. Aunque también hay una evolución positiva.

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Fernando Díaz de la Guardia (derecha), con invitados en su proyecto de 'Imbatibles'. SUR

–¿Ramsay-Hunt como el sometimiento a los vaivenes del destino mientras nos empeñamos en hacer planes?

–Yo vivía en el mañana. Podía estar hablando contigo, pero ya estaba pensando en lo que tenía que hacer en un rato. Pero es normal. ¿Por qué? Porque estamos programados así. Laboralmente, socialmente, familiarmente… Yo ahora vivo el momento. Es importante ordenarse. Porque la realidad es que lo único que tenemos es el momento.

–¿Qué se siente cuando la enfermedad se convierte en la nueva rutina?

–Tenía miedo y mucha incertidumbre. Pero sabía que dentro de mí había una fuerza a la que me tenía que aferrar. El planteamiento no era si se derrumbaba un mundo, era ver cómo podría salir yo reforzado de lo que estaba viviendo. No fue fácil, ni mucho menos.

–¿Qué cuesta más, que alguien pueda brindar ayuda o dejarse ayudar de verdad?

–El problema es que es muy difícil consolar. Queremos apagar la pena del prójimo como si fuese una fogata, pero nos quemamos las manos en el intento. Hay que escuchar. Si uno quiere ayudar, escuchar es muy importante. La mejor ayuda es una mano que coge la tuya, una mirada atenta o un silencio compartido.

–¿Qué secuelas le quedan a día de hoy?

–La pérdida del parpadeo es lo más aparatoso a día de hoy. Sigo experimentado espasticidad muscular, que es una sensación como cuando te anestesian la boca en el dentista. Pero, en general, mi evolución ha sido muy positiva. He hecho un gran ejercicio de vocalización para ganar simetría en la boca y recuperar musculatura. Nunca lo he contado, pero entre los ejercicios que practicaba está la lectura en voz alta de mi pregón de la Semana Santa de Granada. Tuve la suerte de ser pregonero en 2021.

–¿Ve bien?

–He perdido visión en el ojo derecho. La falta de parpadeo espontáneo genera una fotofobia enorme. Pero he mejorado, la verdad.

–¿Qué hay detrás del proyecto de 'Imbatibles'?

–El proyecto de 'Imbatibles' está concebido para el en directo, para el teatro. El teatro es la mayor verdad en la comunicación. No hay trampa ni cartón. Hice el primero en Granada. Fue tal la dosis de liberación y satisfacción, que me dije que vamos a llevarlo a más sitios. Es un proyecto que da sentido a mi enfermedad.

–¿Cómo se lleva eso de pasar de entrevistador a ser el entrevistado?

–Al principio me pregunté si sería capaz y si compensaba. Pero después me di cuenta que no solamente era interesante y terapéutico incluso para mí el poder compartir, el poder de alguna forma desahogarme, sino que para los espectadores, para el público, también era necesario. El público que viene a 'Imbatibles' es un público que necesita escuchar estos testimonios.

–¿Qué siente ahora cuando se mira al espejo por las mañanas?

–Que quiero ser feliz y que lo voy a intentar todo el día. No hay rechazo de ningún tipo, nunca lo hubo.

–Una pequeña curiosidad musical para acabar, dado su origen granadino y su intento de rockstar. Planetas, ¿sí o no?

–Sí, claro. Los Planetas son vanguardia, tienen el mérito de haber hecho su propio estilo. Supieron crear lo más difícil.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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