Julio Martínez, en la Comisión de Investigación del Senado. EP
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN Lo peor para Zapatero es que en el relato de sus acusadores las piezas encajan Publicada 21 julio 2026 02:34hAl levantar el velo que cubría las presuntas maniobras de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra, las confesiones simultáneas de dos de los principales investigados en la causa desmontan la explicación con la cual el expresidente se desvinculó de los cargos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales.
En sendos escritos enviados este lunes al juez José Luis Calama, el presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, y el testaferro de Zapatero, Julio Martínez Martínez, Julito, han ofrecido una versión que desmiente punto por punto la declaración que el expresidente prestó ante el magistrado de la Audiencia Nacional el pasado 18 de junio.
Martínez Sola ha declarado que recibió una llamada de Zapatero desde un número oculto, en la que este le manifestó su disposición a intervenir para conseguir ayuda financiera para Plus Ultra, comprometiéndose a realizar "las gestiones oportunas" y remitiéndole para la interlocución ulterior a su hombre de confianza, Julito Martínez.
Después de que Manuel Fajardo (el hombre de Zapatero en Venezuela) expusiera a Martínez Sola que Julito "se pondría en contacto con él", Zapatero le adelantó a su socio que recibiría una llamada de los directivos de la compañía.
Julito Martínez ha declarado que, hasta ese momento, ignoraba la existencia de Plus Ultra.
El amigo personal de Zapatero ha revelado que fue el socialista quien le comunicó con antelación que la SEPI iba a conceder a la aerolínea el rescate que había solicitado, y que le informó "puntualmente" de todas las gestiones relacionadas con el trámite del expediente.
Los dos Julios coinciden en señalar que Plus Ultra firmó con la sociedad del testaferro de Zapatero un contrato por las labores de asesoramiento e intermediación, dirigidas a conseguir el apoyo del fondo público, por valor del 1% de los 53 millones de la ayuda finalmente aprobada por la SEPI.
EL ESPAÑOL ha podido conocer que el administrador de Análisis Relevante, el presidente de Plus Ultra y el CEO de la aerolínea, Roberto Roselli, han sellado un pacto para colaborar con la Justicia en el esclarecimiento del auténtico papel de Zapatero en el rescate de la compañía venezolana.
Pero el hecho de que los tres investigados hayan coordinado sus defensas contra el expresidente, a cambio de intentar obtener beneficios penales, no obsta para que el relato de sus acusadores sea más creíble que el de Zapatero.
Mientras que en el primero todas las piezas encajan perfectamente, el segundo dista de resultar verosímil.
La estrategia de defensa del socialista, que perjuró que "jamás he realizado ninguna gestión en relación al rescate de Plus Ultra", se basó en sostener que no mantenía ninguna relación con los directivos de la aerolínea.
Pero para que esto pudiera ser cierto, sería necesario aceptar que Plus Ultra pagaba a Análisis Relevante por unos informes cuya autoría desconocía, a pesar de que la directiva operaba bajo la convicción de que los pagos estaban destinados a retribuir la influencia del "equipo Zapatero".
Unos pagos que, además, casualmente coincidieron cuantitativa y cronológicamente con las sumas que la consultora de Julito dirigió hacia el patrimonio personal de Zapatero y la sociedad administrada por sus hijas.
Pero implicaría también dar por bueno que, cada vez que Julito Martínez invocaba el nombre y la autoridad del expresidente, lo hacía sin el conocimiento ni el consentimiento de este. Y que cobraba por una mediación política que en realidad nunca se produjo, a través de una sociedad cuya fundación, según ha confesado Julito, no obedeció a otro propósito que a comercializar los servicios de consultoría de Zapatero.
No se antoja creíble que un desconocido como Julito Martínez tuviera capacidad para conseguir por sí mismo financiación pública o privada.
Lo más razonable es asumir, por el contrario, la hipótesis que se desprende de la versión que el testaferro ha trasladado al juez: que su papel se limitaba a intermediar entre los responsables de Plus Ultra y el consultor que debía asesorarlos, siendo Zapatero "quien marcaba los pasos a seguir".
El problema para Zapatero es que validar su relato exculpatorio supondría aceptar una conjunción de casualidades verdaderamente inauditas.
Por el contrario, la hipótesis alternativa que han perfilado el resto de investigados se compadece de forma mucho más fidedigna con los indicios contra el expresidente, permite explicar los hechos probados en la resolución del juez, y corrobora el supuesto de la Audiencia Nacional de que los directivos de Plus Ultra emitieron facturas falsas a cambio de informes inexistentes.
La pieza que falta para poder cerrar el círculo es descubrir sobre qué funcionarios o autoridades habría influido Zapatero a fin de favorecer el rescate de la aerolínea.
Porque, para poder hablar de un delito de tráfico de influencias, es necesario acreditar que el acusado ejerció algún tipo de presión que condicionó la decisión de un alto cargo. Y ninguno de los tres confesantes ha mencionado por el momento ningún episodio que apunte en esta dirección.
En cualquier caso, concederle el beneficio de la duda a la versión de Zapatero resulta difícil teniendo en cuenta que, un mes después de asegurar que ofrecería explicaciones "en una semana o diez días como máximo" sobre sus joyas sin declarar, el origen de su millonario ajuar sigue siendo una incógnita.