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Lo que esconde la letra pequeña de las marcas blancas del súper

Lo que esconde la letra pequeña de las marcas blancas del súper
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Grandes fabricantes de alimentación producen para las enseñas propias de las cadenas, que ya concentran la mitad del gasto en gran consumo y aprietan a las marcas de siempre. Lo hacen para llenar fábricas, defender márgenes y hasta sobrevivir
Lo que esconde la letra pequeña de las marcas blancas del súper

Grandes fabricantes de alimentación producen para las enseñas propias de las cadenas, que ya concentran la mitad del gasto en gran consumo y aprietan a las marcas de siempre. Lo hacen para llenar fábricas, defender márgenes y hasta sobrevivir

Regala esta noticia Añádenos en Google El consumidor opta en gran medida por las marcas blancas como opción de ahorro a la hora de acudir a un gran supermercado. (Reuters)

José A. González

30/05/2026 a las 18:49h.

En el lineal del supermercado, la diferencia ya no salta tanto a la vista. Junto al café, las galletas, la leche o el detergente de ... las marcas de siempre aparecen las enseñas propias de cada cadena: Hacendado, Milbona, Auchan, Alipende o Carrefour Classic. Los envases se parecen cada vez más a los de cualquier fabricante tradicional: tienen diseño, variedades, reclamos de calidad, gamas básicas y gamas premium. Lo que durante años se llamó marca blanca ha dejado de tener aspecto de producto barato.

La pista puede estar en una pizza de Hacendado hecha por Casa Tarradellas, en una pasta de Mercadona elaborada por Gallo o en un detergente producido por una compañía que también trabaja para multinacionales del sector. La parte menos visible está en la letra pequeña. Muchas marcas de distribuidor no salen de empresas desconocidas, sino de grandes grupos alimentarios, algunos con nombres familiares para cualquier comprador. La antigua marca blanca no solo ha ganado espacio: ha incorporado a parte de la industria que antes parecía estar enfrente.

Ese cambio ayuda a explicar por qué el avance de la marca del distribuidor ya no es una cuestión menor para las compañías de toda la vida. Cuando Nestlé anunció un recorte mundial de plantilla -16.000 empleos hasta 2027-, la multinacional suiza señaló una causa que el sector lleva tiempo observando con inquietud: la pérdida de ventas frente a la marca del distribuidor.

Cambiar el chip

«No es el fin de las marcas, sino el fin de las marcas que solo se sostienen en su imagen»

Solo en España, el ERE anunciado en abril afectará a 301 trabajadores -el 7,2% de la plantilla- en seis centros productivos: Pontecesures, Sebares, La Penilla, Miajadas, Reus y Girona. La paradoja es que el ajuste llega después de que Nestlé España cerrara 2025 con una facturación récord de 2.894 millones de euros, un 4,8% más. La dueña de Nescafé, KitKat o La Lechera reconocía así una presión que el sector lleva años encajando: las marcas de los supermercados han dejado de ser una alternativa barata para convertirse en un competidor central.

Los datos confirman el cambio de escala. Según el Balance de la Distribución de Worldpanel by Numerator, publicado en febrero de 2026, la marca del distribuidor cerró el pasado ejercicio con un 45,6% de cuota en gran consumo, 1,7 puntos más que el año anterior. NielsenIQ eleva la cifra al 50% del gasto total en gran consumo en 2025, máximo histórico en España.

70%

de las mayores empresas de alimentación

que operan en España fabrican para sus propias marcas y para las del distribuidor, según UGT.

El peso es especialmente alto en las cadenas que han hecho de la marca propia el eje de su modelo: supone el 80,7% de las ventas de Lidl, el 77,8% de las de Mercadona y el 74,5% de las de Aldi. La marca de Juan Roig concentra además el 50,4% de toda la marca de distribuidor que se vende en España. Dicho de otro modo: uno de cada dos euros que los españoles gastan en marcas de supermercado acaba en la cadena del empresario valenciano. La pregunta, por tanto, ya no es solo cuánto crece la marca del supermercado, sino quién está fabricando todo eso.

La respuesta desmonta parte del viejo tópico de la marca blanca. Algunas pizzas de Hacendado salen de Casa Tarradellas. La pasta de la marca de Mercadona la elabora Gallo. Las conservas y salsas, Cidacos. Las aceitunas, La Española. Las galletas, Gullón. En El Corte Inglés, los embutidos de marca propia llevan detrás a Campofrío y parte de la leche sale de Capsa Food -el grupo de Central Lechera Asturiana- o de Lactalis, dueña en España de Puleva. En Carrefour, las salchichas son de El Pozo; la mayonesa, de Ybarra; el pescado congelado, de Nueva Pescanova. Lidl trabaja con vinos de Félix Solís o García Carrión, berberechos de Conservas Dani y refrigerados del Grupo Palacios. Tras la enseña de Dia aparecen Argal en fiambres, Juver en zumos o Freixenet en cava.

Mercado paralelo

La lista es larga y cambia con el tiempo. Desde 2011 la rastrea el grupo de investigación UA_Brandscience, de la Universidad de Alicante, que monitoriza centenares de proveedores y miles de referencias de las principales cadenas que operan en España. Su director, Fernando Olivares, lleva más de una década siguiendo ese mercado paralelo que el consumidor apenas ve.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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