Lola Beneyto, en la puerta de lo que fue su restaurante El Lugarcito. Nieves Díaz El Español
Ocio Lola tuvo que cerrar su restaurante por la baja de un empleado: "Me costó la salud, 25.000 euros y vender mi casa""Había que contar esta historia porque no soy la única. Yo no quería cerrar", relata Beneyto, que bajó obligada la persiana de El Lugarcito hace unos meses.
Más información: La "bomba de relojería" de la hostelería: 10 empleados, 2 crónicamente de baja y sin relevo generacional.
Mar León Publicada 5 abril 2026 02:08hLas claves nuevo Generado con IA
Hace apenas unos meses, El Lugarcito era un pequeño restaurante en la zona de Antón Martín que se había convertido en un rincón de referencia.
Premiado por su menú del día y con una clientela fiel, el local de Lola Beneyto (50 años) era un proyecto personal que parecía haber sorteado lo peor de la pandemia. Pero el 1 de noviembre de 2025, Lola colgó el delantal: cerró su restaurante por una baja. "Me ha costado la salud, 25.000 euros y vender mi casa", confiesa la madrileña.
La historia detrás de ese cierre es la de muchas pymes hosteleras de Madrid. Lola, tras años trabajando en restaurantes de alta cocina como Casa Marcial o en caterings de rodajes, decidió abrir su propio espacio en 2019. Sin socios, con un crédito y con toda su ilusión.
Lola Beneyto en las calles de Antón Martín. Nieves Díaz El Español
Arrancó en la calle Noviciado apenas ocho meses antes del estallido de la pandemia. Sobrevivió, mudó su negocio a Antón Martín para tener un alquiler más bajo, pidió otro crédito y logró levantar de nuevo el vuelo. Hasta que una baja prolongada lo cambió todo.
"He tenido bajas lógicas. De gente que se recuperó y volvió, pero la que me hizo cerrar no la volví a ver nunca", recuerda Lola con una mezcla de resignación y dignidad.
Vídeo | ¿Puede la baja de un empleado arruinar un restaurante?
Todo empezó en septiembre de 2024, cuando uno de sus empleados —eran seis—, al poco de entrar a trabajar, pidió una baja de larga duración. Se prolongó. Hubo una segunda baja.
Lola, mientras tanto, tuvo que cubrir la vacante. Tardó más de un mes en encontrar a alguien estable (otro de los grandes problemas de la hostelería actual: encontrar personal).
"Un día trabajé 21 horas seguidas y colapsé físicamente. Tenía que cubrir el turno de la persona de baja, doblando el mío, y facturar el doble para pagar su parte del sueldo de la baja que me correspondía. Ahí fue cuando decidí vender mi casa. Primero para sobrevivir, y finalmente para cerrar. No me quedó otra", lamenta.
Por otro lado, 15 días después de cerrar su restaurante la estaban operando de urgencia. "Me dijo la médico que mi ansiedad y estrés por mi negocio aceleraron la enfermedad que tenía", recuerda. Ahora ya está recuperada.
Lola en el local que fue su restaurante El Lugarcito. Nieves Díaz El Español
Y es que la madrileña llevaba años enfrentándose a un problema tras otro. "La pandemia, el cambiado de local y, además, la baja. Es que era imposible defender la economía y eso que iba como un tiro. Desde que abríamos hasta que cerrábamos estaba lleno", añade la propietaria de El Lugarcito.
Lola calcula que aquella baja le costó alrededor de 25.000 euros. "La impotencia que te genera el no saber cuándo se va a acabar. No se lo deseo a nadie", afirma.
Desde su punto de vista, el sistema está mal planteado. "Soy autónoma y me sentí indefensa. Entiendo que alguien se ponga de baja y las apoyo totalmente, pero la organización no es viable para microempresas. Es imposible sostenerlo. Nos dicen que emprendamos, pero la Administración no entiende que si se rompe una pieza, el engranaje entero se viene abajo. No conozco a ningún hostelero que no haya pasado por algo así".
El absentismo, el ‘gran’ agujero negro de la economía españolaEfectivamente, según corrobora el abogado Alberto de Luna, director de DLM Abogados, especializados en derecho de empresa, "el principal problema al que se enfrentan nuestros clientes hosteleros son las bajas de los empleados".
"En el Convenio de Hostelería de Madrid, la primera baja del año lleva aparejado un complemento de hasta el 100% del salario por parte del empresario. A partir del día 16, la prestación la asume la Seguridad Social (aunque se sigue adelantando por la empresa y sigue cotizando por el trabajador). Si a eso sumas el coste del sustituto, la pérdida de productividad y el desajuste organizativo, es fácil que el coste total se dispare. Y en un negocio pequeño, con márgenes ajustados, eso puede traducirse fácilmente en decenas de miles de euros", entra a valorar el abogado sobre el caso de El Lugarcito.
Donde estaba el restaurante de Lola, hace un mes ha abierto la taberna portuaria Sau. Nieves Díaz El Español
"En cifras: si un trabajador tiene un sueldo bruto anual de 25.000 euros, la cotización que sigue pagando el empresario durante la baja ronda los 600 euros al mes. Durante meses, la empresa puede estar pagando dos estructuras salariales. Y en un negocio de seis empleados, basta una sola baja prolongada para poner en riesgo la viabilidad del proyecto", explica de Luna.
El absentismo laboral, un problema creciente en hostelería
El caso de Lola no es aislado. Los datos recientes reflejan una tendencia preocupante. Cada día 1,4 millones de españoles faltan a su puesto de trabajo, según el último estudio de Randstad Research de 2025.
Por otro lado, la tasa de absentismo en España se ha incrementado un 53% en los últimos seis años y ha disparado el gasto en esta materia. El absentismo laboral cuesta más de 128.000 millones de euros a los sectores público y privado de nuestro país.
Lola Beneyto durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Nieves Díaz El Español
La hostelería destaca como uno de los más afectados. Según datos recientes de la asociación Hostelería Madrid, el absentismo laboral ha crecido un 60% en el sector. Sus consecuencias son devastadoras para unas empresas en las que, en más del 94% de los casos, trabajan menos de 10 personas, de las cuales, unos dos trabajaores están crónicamente de baja.
"Solo habrá Cien Montaditos"
Lola insiste en que no está en contra de las bajas. "Estoy a favor totalmente. Son un derecho fundamental. Pero el sistema está favoreciendo un modelo en el que los pequeños no podemos sobrevivir. Al final solo quedarán las grandes cadenas. Nos quedamos sin entramado, sin pymes, sin pequeños proyectos de barrio. Solo habrá Cien Montaditos", sentencia.
"Las bajas en hostelería pueden hundir negocios. Es una realidad. Son uno de los factores que más tensión generan en el sector. El sistema también genera cierta percepción de que pueden existir abusos en algunos casos, lo que incrementa la sensación de inseguridad para el empresario", añade el abogado Alberto de Luna, que comparte parte de la reflexión.
A pesar de todo, Lola sigue dedicándose a la hostelería. Nieves Díaz El Español
Hoy, Lola afronta el futuro con serenidad. Donde estaba El Lugartico ha abierto hace aproximadamente un mes Sau, una taberna portuaria que regenta Wagner Rusca y la hostelera visita con frecuencia por el cariño que le tiene.
La madrileña ha cerrado un capítulo, pero su pasión por la gastronomía sigue intacta, por lo que continuará vinculada a la hostelería. "Había que contar esta historia porque no soy la única. Yo no quería cerrar y algo tiene que cambiar para que más gente no pase por lo mismo", concluye Lola, que poco a poco recupera su alegre sonrisa y vitalidad que tanto la carazterizan.