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Lorca habla a su familia de EE. UU.: "Este país mecánico parece que está hecho para que vivan los tontos"

Lorca habla a su familia de EE. UU.: "Este país mecánico parece que está hecho para que vivan los tontos"
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El periodista cultural Víctor Fernández recopila en un libro las cartas –algunas inéditas– que el poeta de Granada intercambió con sus familiares. Más información: Laura García-Lorca: "Por más que se le use y se le banalice, Lorca siempre resiste"

Algunos de los documentos que incluye la correspondencia entre Lorca y su familia en el libro 'No te olvides de escribir' (Akal).

Letras Lorca habla a su familia de EE. UU.: "Este país mecánico parece que está hecho para que vivan los tontos"

El periodista cultural Víctor Fernández recopila en un libro las cartas –algunas inéditas– que el poeta de Granada intercambió con sus familiares.

Más información:Laura García-Lorca: "Por más que se le use y se le banalice, Lorca siempre resiste"

Publicada 28 marzo 2026 01:55h

La biografía de Lorca se ha divulgado –y manoseado– hasta el extremo. Por eso su propio testimonio, incluso su manera de dirigirse hacia sus familiares más cercanos, nos proporciona una dimensión del poeta significativamente distinta a la que permea en nuestro imaginario. Más vívida si se quiere; desde luego, más real. El periodista cultural Víctor Fernández ha reunido en No te olvides de escribir(Akal) una correspondencia de más de 200 cartas que el poeta se envió con su familia.

Las misivas se remontan a 1910, cuando el poeta tenía apenas 12 años. Desde el inicio, las conversaciones con su madre revelan el profundo amor que se profesan. Ella es quien le transmite la pasión por las letras y la figura que media entre los deseos de don Federico García Rodríguez, padre del poeta, un agricultor potentado que imaginaba una vida más convencional para su primogénito, y la vocación imparable de su hijo.

En la segunda década del siglo XX, Lorca relata a sus padres los viajes que realiza por Andalucía junto al maestro Martín Domínguez Berrueta. En uno de ellos conoce a Antonio Machado, de quien era un enorme admirador. Vicenta Lorca, su madre, está decidida a apoyarlo, pero no puede evitar transmitir en sus cartas cuánto lo echa de menos, pidiéndole siempre que escriba más, que vuelva a casa...

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El poeta ya había publicado sus primeros textos. Impresiones y paisajes, por ejemplo, son la evocación de aquellas excursiones junto a su maestro. Su madre también intervino en el impulso de sus obras. En una de las cartas inéditas contenidas en este volumen, Vicenta pide disculpas al editor Gabriel García Maroto, que se había hecho cargo de la publicación de Libro de poemas, de su hijo, por el retraso en el giro que financiaba la edición, aunque de los pagos se ocupaba el padre de familia.

Cuando en 1919 llega a Madrid para ingresar en la Residencia de Estudiantes, Lorca sigue manteniendo la misma postura en asuntos económicos. "Mi vida se desliza tranquila y estudiosa", escribe a sus padres en 1920, pero sabe que les necesita.

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"En la Residencia estoy muy bien, pero no puedo pagar con mi dinero. Pagar vosotros las cuentas, que yo os devolveré el dinero. […] Paga, papá, en la Residencia, y déjame a mí con dinero de sobra por ahora, que me hace y me hará mucha falta", manifiesta sin reparo en una de las cartas. No contempla otra opción que no sea la de que sus padres financien su sueño.

A vuelta de correo, Federico García Rodríguez debió haberse mostrado menos complaciente que en otras ocasiones, porque Lorca lo lamenta de esta forma: "Recibo una carta tuya en tono serio y discreto y en tono serio y discreto te contesto yo también. Mucha más gana de veros tengo que vosotros porque ahí estáis todos juntos y yo aquí solo. Pero cuando las circunstancias y la vocación lo imponen, no queda más remedio que resignarse".

Su destino como creador es innegociable, y con este convencimiento se lo hace saber a su padre, por más que sea este quien se hace cargo: "A mí ya no me podéis cambiar. Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien".

Tampoco le importa rogarle para salirse con la suya: "Yo te suplico de todo corazón que me dejes aquí hasta fin de curso y entonces me marcharé con mis libros publicados y la conciencia tranquila".

Esa extensa carta escrita desde Madrid y fechada en abril de 1920 revela buena parte del carácter de Lorca. La ambición, por ejemplo, es una de las coordenadas que rige su vida. "A los tontos no se los discute y a mí me están discutiendo en Madrid gentes muy respetables, y eso que no he hecho más que salir, que ya será la gorda cuando estrene otras cosas y así hasta probablemente tener un gran nombre literario". Seguridad en sí mismo tampoco le faltaba.

En los años 20 estrecha relaciones con figuras como Salvador Dalí, Luis Buñuel y Juan Ramón Jiménez, al que en sus cartas describe como un hombre "neurasténico y entretenido" que lo recibe en bata negra. "Dalí y yo hemos trabajado bastante", escribe en una carta Lorca a su hermano Francisco desde Cadaqués, donde había fijado su residencia veraniega la familia del pintor.

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La publicación, a finales de 1927, del Romancero gitanosepara al poeta de Granada de Buñuel y Dalí, que se burlaron de aquellos poemas. Lorca cuenta a sus padres algunos pormenores de la edición en una carta contenida en este volumen: "Publico el Romancero en Revista de Occidente, cosa que tiene gran importancia si se tiene en cuenta que la Revista no quiere publicar versos y esto es una rara excepción y por tanto un honor".

En 1929 se marcha a Estados Unidos, donde escribiría el poemario surrealista más importante del siglo XX, Poeta en Nueva York. Las sensaciones desasosegantes que tuvo al llegar, más o menos conocidas por todos, están aquí plasmadas de su puño y letra. Por un lado, habla de "este país mecánico parece que está hecho para que vivan los tontos". Además, "en Norteamérica da lo mismo decir una cosa que otra, ya que con ligeras excepciones son algo tontos".

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Sin embargo, no puede obviar, refiriéndose a Nueva York, que "París y Londres son dos pueblecitos si se comparan con esta Babilonia trepidante y enloquecedora". Lamentando perderse la boda de su hermana, se sincera con sus padres a propósito de lo literario: "Creo que hago las mejores cosas que han salido de mi pluma".

En 1930, de vuelta en España, Lorca es una estrella, pero su madre no puede evitar decirle con esa ternura suya: "Debes procurar estar siempre limpio y bien puesto, sin descuidar las suelas de los zapatos, que también se lucen al andar aunque parezca que no".

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El poeta es consciente de la estatura que ha alcanzado y les dice, sobre todo para tranquilizar a su padre a propósito de la situación económica: "Aquí soy el de siempre, cada vez más temido, pero con una enorme influencia y un número fuerte de amigos".

El orden cronológico de la correspondencia conducen al libro a un final inevitablemente oscuro. Son especialmente impactantes los vaticinios de la madre de Lorca, recogidos en un libro de memorias, según se cuenta en el prólogo, por el escritor y dramaturgo Pablo Suero. "Las derechas triunfaron en una gran parte de España. Está claro que la lucha está entre extrema izquierda y extrema derecha, pero ya comprenderás que estas últimas han gastado millones y han hecho las cosas más sucias y vergonzosas que se han hecho nunca". [...] "Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España! ¡Nos echarán, si es que no nos matan!", habría dicho Vicenta Lorca.

En octubre de 1935, Lorca cuenta en una carta para su familia que ha participado en una lectura de versos para todos los Ateneos Obreros de Cataluña, que se celebró en el teatro Barcelona. "Cuando leí el Romance de la Guardia Civil se puso de pie todo el teatro gritando ¡Viva el poeta del pueblo!".

Sobrecoge pensar hoy que aquel romance era uno de los más populares entonces y, por la fecha de la carta, a Lorca le quedaba menos de un año para ser fusilado. Su muerte alcanza relevancia en cualquier obra relacionada con el poeta. Incluso cuando se trata de una correspondencia, que nos devuelve su imagen más viva.

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