El momento posterior al estallido de una traca justo detrás de la tribuna presidencial durante el desfile militar del quinto aniversario de la proclamación de la Segunda República. L'Illustration
Reportajes DÍA DE LA REPÚBLICA Los 90 años del pistoletazo de salida a la Guerra Civil: el desfile del 5º año de la República que acabó con un guardia muertoEl 14 de abril de 1936, tres meses antes del estallido del conflicto militar, este evento conmemorativo se vio interrumpido por la explosión de una traca ante la tribuna de Manuel Azaña y un tiroteo entre militares, policías e izquierdistas.
Más información: El trágico desfile por la República en otro 14 de abril: cuando los extremos desbordan la democracia.
José Ismael Martínez Publicada 14 abril 2026 02:50hManuel Azaña se seca las gotas de lluvia de las gafas mientras observa la marcha de un regimiento de Infantería desde una tribuna ubicada en el Paseo de la Castellana.
De este episodio se cumplen este martes 90 años. Las inclemencias no fueron un motivo de peso como para cancelar el desfile conmemorativo del quinto aniversario de la proclamación de la II República, en 1931.
Pero lo que ni siquiera los elementos pudieron detener, sí lo hizo la intervención humana.
El embajador francés, Jean Herbette (i), cobija al presidente del Gobierno, Manuel Azaña (d) bajo su paraguas durante el desfile conmemorativo del día de la República, en 1936. L'Illustration
Lo que iba a ser un evento emotivo se convirtió, al sonido de varias explosiones, en un presagio de lo que estaba a punto de ocurrir apenas tres meses después en toda España, al estallar la Guerra Civil.
Porque el desfile militar pasó de discurrir entre vivas a la república a mancharse con la sangre de dos muertos y varios heridos.
Cómo el Gobierno de la República perdió el control del orden público en la primavera de 1936De eso se cumplen este martes 90 años. Y todo empezó con la explosión de una traca.
Desfile por la República
Son las 11 horas. A medida que pasan los minutos van tomando asiento casi todos los miembros del Gobierno para asistir al desfile militar, que discurrirá a lo largo de todo el Paseo de la Castellana de Madrid.
La tribuna presidencial, ubicada enfrente de donde esta vía hace intersección con la calle de Fernando el Santo, se va llenando poco a poco.
El momento en el que el presidente interino de la República, Diego Martínez Barrio, llega al desfile. L'Illustration
A las 11.15 sube, por fin, el presidente interino de la República, Diego Martínez Barrio, que acaba de pasar revista a las tropas. Un cuarto de hora después, comienza el desfile.
Ante la tribuna presidencial, que observa el paso de los soldados con los uniformes pegados al cuerpo por la lluvia, desfilan los ciclistas de todos los Cuerpos de Infantería.
Después, el batallón del regimiento de Infantería número 1.
El presidente interino de la República, Diego Martínez Barrio (i), y a su izquierda, el presidente del Gobierno, Manuel Azaña, observan el desfile del 14 de abril de 1936 desde su tribuna. L'Illustration
Un civil, justo detrás de la tribuna presidencial, sigue con la mirada perdida el desfile.
Es uno más entre una multitud que se apelotona a todo lo largo de la Castellana.
Lo que le diferencia del resto es que él aspira a pasar a los anales de la historia de España. Y para hacerlo, hará uso de algo que esconde en sus bolsillos.
Tribuna presidencial del desfile que conmemoró el quinto aniversario de la República. Publicada en el diario 'Ahora'
Se llama Isidoro Ojeda Estefanía, y muchas de las crónicas de ese día ni siquiera se refieren a él con su nombre, sino calificándolo como "un beodo", es decir, un hombre que había bebido.
Cuando se acerca a la tribuna el regimiento de Infantería número 6, Ojeda mira el reloj.
Saca del bolsillo un paquete de cerillas y prende una. Mientras hace un esfuerzo para que no se apague por la lluvia, acerca la llama a la mecha de una traca que sostenía con la otra mano.
Lo siguiente que escuchó el público fue una sucesión de fuertes explosiones que pone a todos los presentes en guardia.
Los caballos se encabritan, los gobernantes se miran desconcertados. Parecían disparos. Teniendo en cuenta el clima que se vivía por aquellos días, no era descabellado pensarlo.
No en vano, entre el 17 de febrero y el 17 de julio de 1936, el investigador Manuel Álvarez Tardío contabiliza, en una entrevista con este diario, que hubo "2.143 víctimas totales, entre las que hubo 484 fallecidos en casi 1.000 episodios como tiroteos".
Una fotografía tomada apenas unas segundos después del estallido de las tracas junto a la tribuna donde se encontraba Manuel Azaña. L'Illustration
Daniel Ramírez, en una investigación para EL ESPAÑOL, localizó en las memorias del entonces embajador de Estados Unidos en España, Claude Bowers, que asistió al desfile, su versión particular sobre el incidente.
Pérez-Reverte lanza el guante sobre la guerra: "¿Hay diferencia moral entre un muchacho que murió con gorrillo republicano y otro con boina de requeté?""Se oyó un estallido, como la explosión de una bomba, seguida inmediatamente por un ruido crepitante que todo el mundo atribuyó al fuego de ametralladoras".
"Todos pensaron que se trataba de un atentado contra Manuel Azaña y Martínez Barrio. El pánico se apoderó del público, que se echó a las aceras. Hombres y mujeres corriendo alocados, sin saber adónde, presos del terror", describe Bowers.
Isidoro Ojeda intenta escabullirse entre la multitud asistente. Los pocos que le han visto le increpan agresivamente, algunos incluso se lanzan a golpearle.
Pero pronto es detenido por un agente, Emilio Mesero, que había visto toda la escena.
Según una detallada crónica del periódico El Sol, Ojeda dijo: "He hecho esto porque yo también soy del pueblo y esta era mi voluntad".
Varios diarios reproducen que, al ser detenido, se pudo observar que portaba sobre su pecho un colgante con un crucifijo.
Además, por un lado, El Socialista amplía que, durante el registro, Ojeda llevaba en sus bolsillos un carné de Falange.
En cambio, El Sol indica que ese carnet era, en realidad, de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), un movimiento que en 1934 se unió a la Falange de José Antonio Primo de Rivera.
En lo que ambos diarios coinciden es en que durante el registro que le practicó la Guardia de Asalto tras su detención no se encontraron armas.
Aunque al parecer, en el momento en el que Ojeda fue detenido, un joven aseguró haberle visto intentando huir del lugar de los hechos pistola en mano y disparando contra varias personas.
Pero además, El Sol publicó que a pesar de que en un principio se creyó que la detonación de aquella traca constituía un hecho aislado, "más tarde se sospechaba que esta era una señal convenida para iniciar determinados sucesos".
Una hipótesis que se basó en lo que estaba a punto de ocurrir en ese mismo evento, aunque nunca se supo la verdad.
Sin embargo, con el detenido ya marchándose a comisaría, el desorden cesa. El desfile se reanuda.
Tiroteo y muerte
La lluvia es lo único que no se detuvo durante las más de tres horas que duró el desfile.
El público la aguanta. Sin embargo, el desconcierto que se había disipado tras la detención de Ojeda, volvió minutos más tarde.
Los investigadores Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío, en su ensayo Fuego cruzado. La primavera de 1936, exponen que "cuando los efectivos de la Guardia Civil, en traje de gala, desfilaban por la zona donde estaba instalada la tribuna presidencial, se escucharon gritos que ensalzaban a los revolucionarios de 1934 y que, por tanto, iban destinados contra la Benemérita".
"Un oficial del cuerpo, el alférez Anastasio de los Reyes, que no desfilaba pero estaba presente de paisano, se vio inmerso en una colisión con los alborotadores".
Según este ensayo, en un primer momento los que habían empezado a lanzar consignas contra la Guardia Civil se marcharon, "pero al poco regresaron e iniciaron un tiroteo".
Esta vez no eran petardos ni provocaciones, sino un colectivo de extrema izquierda dispuesto a tomarse la justicia por su mano.
La crónica de El Sol continúa narrando que "la alarma fue extraordinaria, y el público corrió en distintas direcciones, atropellándose".
Para cuando llegaron las fuerzas del orden, ya se había desatado el caos. El episodio se saldó con varias personas heridas y dos fallecidos.
Uno de los que perdieron la vida fue el alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes, de 55 años, que según el citado diario sufrió "una herida de bala de carácter gravísimo".
A pesar de estos episodios, el Gobierno de la República quiso vender a los periódicos que el desfile se había llevado a cabo con total normalidad.
El subsecretario de Gobernación, Juan José Cremades, recibió a los periodistas de madrugada.
Según recoge El Siglo Futuro, Cremades expuso que el incidente ocurrido durante el desfile "se había exagerado mucho, ya que todo se redujo, como es sabido, a la explosión de una pequeña traca".
Curiosamente, este mismo periódico publicó una pequeña pieza sobre una serie de explosiones que se escucharon "en todo Madrid" y por las que habían recibido "muchas llamadas telefónicas".
"Contestamos que se trata de unos barrenos colocados en ciertas obras que se realizan en Vallecas para modificar el terreno y proceder a construcciones de carácter urbano".
La primavera del 36
Solo la noche puso punto y final a una jornada marcada por el susto, la pólvora y el drama.
Triste presagio del golpe de Estado del 18 de julio con el que estalló la Guerra Civil tres meses más tarde.
Aunque la división ideológica del país era ya irreversible.
En la primavera de 1936, la violencia no era ya un medio para un fin, sino una forma de identidad política. Cada asesinato de un falangista o de un socialista servía para cohesionar al propio grupo y justificar una agresión de venganza a los rivales.
Esto generó un caldo de cultivo en el que los pistoleros estaban a la orden del día en ambas ramas ideológicas, y las acciones más radicales estaban bien vistas en cada grupo.
Las palizas a comunistas por parte de los falangistas más absorbidos por su ideología, la quema de iglesias y símbolos religiosos por parte de anarquistas y marxistas... Y en última instancia, incluso el asesinato de rivales políticos.
Las facciones sociales que protagonizaron estos episodios estaban convencidas de que el sistema parlamentario era una farsa incapaz de proteger sus intereses vitales.
La Guerra Civil fue el estallido de una olla a presión que llevaba meses calentándose.
Entierro manchado de sangre
Pero antes del estallido del conflicto bélico pasaron muchas cosas.
De hecho, el desfile militar del 14 de abril de 1936 trajo consigo una sucesión de acontecimientos que acabaron en más derramamientos de sangre.
Una de las consecuencias de esa polarización fue que una parte de la Guardia Civil adoptó posicionamientos ultraconservadores o directamente contrarios a la República.
Por esta razón, en un primer momento el Gobierno presidido por Manuel Azaña impidió a David de los Reyes, hijo del alférez asesinado el día del desfile militar, recuperar el cuerpo de su padre.
No querían que su muerte se convirtiera en otro motivo de levantamientos de extrema derecha, a pesar de que David de los Reyes siempre aseguró que su padre no perteneció a ningún partido político.
Pero el Gobierno de la República no consiguió que el entierro del guardia civil asesinado, que se celebró el día 16, dos días después del tiroteo en el que perdió la vida, se convirtiera en un acto simbólico.
Miembros de la Guardia Civil y el Ejército portan sobre sus hombros el ataúd de Anastasio de los Reyes, durante el desfile de su entierro. L'Illustration
Una crónica de El Progreso explica que "la mayoría de la concurrencia la constituían fuerzas de la Guardia Civil, de Asalto, del Ejército y miembros de la Policía".
La comitiva, vestida de uniforme, portó el ataúd a través de los paseos de la Castellana y de Recoletos. "Antes de llegar a la plazoleta donde se levanta la estatua de Emilio Castelar, se oyeron uno o dos disparos y a continuación numerosas detonaciones".
"Cuando este [tiroteo] se produjo, gran parte de la concurrencia hubo de arrojarse al suelo, calculándose en 2.000 personas las que estuvieron en esta posición durante unos minutos".
Una multitud busca cobertura o se tiran al suelo, algunos pistola en mano, durante el tiroteo que se desató en el desfile fúnebre. L'Illustration
Un reportero del semanario francés L'Illustration tomó varias instantáneas históricas que recogen con precisión la confusión y el desconcierto del momento y que se reproducen en el presente reportaje.
El público que trata de ponerse a cubierto tras los árboles, hombres empuñando pistolas que, ante la falta de parapetos, se tiran al suelo, miradas que buscan de dónde vienen los tiros...
EL ESPAÑOL recupera esas imágenes de un ejemplar de esta edición.
La portada del semanario francés L'Illustration, con el momento en el que estalla la traca de Isidoro Ojeda.
A pesar de que hubo varios heridos, cuando estos tiros cesaron el entierro continuó. Pero más adelante volvieron a escucharse disparos, según amplía la crónica de El Progreso.
"En una casa en construcción del paseo de Recoletos penetraron algunas fuerzas por haberse oído disparos".
El duelo oficial se despidió junto a la Puerta de Alcalá. Los incidentes ocurridos durante su transcurso se saldaron con seis muertos y decenas de heridos.
Esa misma jornada, en el Congreso de los Diputados, el ministro de la Guerra fue consultado por los periodistas e informó de que el entierro había seguido "un itinerario distinto al dispuesto".
Mostró su sorpresa debido a que el camino recorrido por el sepelio fue "el que en un principio señalaron los organizadores y no el que dispuso la autoridad", según recogió El Progreso.
Agentes de la Guardia Civil contienen a una multitud después de un tiroteo que se desató durante el sepelio del 16 de abril de 1936. L'Illustration
El mismo periódico informó de que el caos no terminó con el fin del desfile fúnebre, ya que, "al terminar la inhumación del alférez, algunos grupos entre las calles Núñez de Balboa y Alcalá hicieron disparos".
Curiosamente, una parte de aquellos tiroteos se desataron casi en el mismo lugar donde, 87 años después, el cofundador de Vox, Alejo Vidal-Quadras sufrió un intento de asesinato con un disparo en el rostro.
484 muertos
Manuel Álvarez Tardío, coautor de Fuego cruzado. La primavera de 1936, explica a EL ESPAÑOL que en el período comprendido entre el 17 de febrero y el 17 de julio de 1936 han contabilizado para su ensayo "2.143 víctimas totales, entre las que hubo 484 fallecidos en casi 1.000 episodios de este tipo".
Un hombre resulta herido durante el tiroteo del sepelio del 16 de abril de 1936, y es trasladado por varios guardias civiles para recibir asistencia médica. L'Illustration
Este dato es importante para entender la tensión de la época, que hacía previsible que ocurrieran incidentes durante el desfile del quinto aniversario de la República.
Pero a esa tensión hay que sumar que las elecciones generales habían tenido lugar apenas un mes antes.
"Cuando se desarrolla el desfile, hacía muy poquitos días que acababan de destituir al presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora. El presidente interino en ese momento era Martínez Barrio".
"Era un momento muy delicado porque había muchísimos rumores en torno a esa destitución, y la posibilidad de que Alcalá Zamora se resistiera con apoyo de una parte del ejército a esa destitución y convocara algún tipo de proceso extraordinario con elecciones".
Por esta razón, tras el desfile, para evitar que se llevaran a cabo más incidentes de tensión durante el entierro del alférez de los Reyes, el Gobierno propuso un itinerario distinto al que finalmente se desarrolló.
"El Gobierno sabía que el sepelio se podía convertir en una manifestación política, y le preocupaba mucho que tuviera lugar un enfrentamiento armado entre pistoleros izquierdistas y derechistas, o entre pistoleros izquierdistas y agentes de la Guardia Civil".
Pero los intentos del Gobierno por tapar los tiroteos durante el desfile ante la prensa no tuvieron éxito, como tampoco lograron impedir que el entierro se convirtiese en un acto ideológico.
La mecha ya estaba prendida. Tres meses después, los españoles se vieron inmersos en un conflicto del que el próximo 18 de julio se cumplirán 90 años de su estallido.
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