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Su lana teje la historia de nuestro país desde el siglo XIX. Ariadna Gorina, sexta generación de una saga especialista en los paños de las mesas de competición de billar, conecta ese legado con los armarios contemporáneos. Aplica su conocimiento técnico a gabardinas y abrigos.
Dicen que la generación Z no sabe esperar, que necesita todo ahora mismo. Lo que rara vez se menciona es que también es la generación que aprende a mirar el mundo con una lucidez incómoda que detecta privilegios y no se conforma con discursos vacíos.
Ariadna Gorina (Sabadell, 2002) se siente artista y diseñadora, aunque en su cabeza también hay foco, excels y visión empresarial. Tiene 23 años y se debate entre la necesidad de no traicionar la esencia de un sólido legado familiar y, como buena zoomer, la necesidad imperiosa por trazar un camino propio, uno en el que la vida sea capaz de adaptarse a ella y no al contrario. Pertenece a la sexta generación de una saga que, en el terreno empresarial, ganó gran prestigio tejiendo lana en el siglo XIX.
Ariadna Gorina.Ale MegaleSu firma Gorina vistió al ejército español, a Alfonso XIII y, con la crisis de la industria textil en España, se reinventó tejiendo la lana que hoy cubre las mesas de competición de billar de medio mundo. Hoy, Ariadna ha puesto en marcha Gorina Atelier, firma que regresa a los orígenes familiares con una pequeña colección de prendas (gabardinas, abrigos y chaquetas para hombre y mujer) que respiran la misma calidad y precisión técnica que los paños de billar (cada tejido es sometido a 25 procesos diferentes), pero con una intención que nada tiene que ver con otros negocios.
"El espíritu de Gorina Atelier podría encarnarlo el investigador japonés Masaru Emoto. Él decía que la intención puede influir en la materia y esa idea de que las palabras, el pensamiento y la energía dejan huella conecta profundamente con mi manera de entender el textil. Crecí en una familia donde el tejido absorbe el tiempo y tiene memoria. Para mí, la tela es un soporte de intención", nos cuenta.
Poder de adaptación
A través de sus piezas busca crearse una vida a su medida, sin embargo, no pierde de vista el mantra que ha planeado en Gorina: "En mi familia siempre me han insistido en que hay que adaptarse a los tiempos, ellos mismos empezaron con los paños de billar como fórmula de reinvención... La moda cambia, cada generación es distinta a la anterior y hay que saber que una empresa no siempre va bien, por eso hay que ser resiliente, paciente y no rendirse nunca", confiesa.
Sin embargo, Ariadna Gorina es muy consciente del lugar desde el que habla. "Esto no lo hago por dinero, yo ya tengo una empresa y podría seguir el trabajo de mi padre, pero siento el arte y la pasión y soy feliz de poder hacerlo con más libertad que responsabilidad. Soy muy consciente del privilegio que tengo de hacer lo que me gusta sin pensar en el dinero, pero también soy muy responsable", matiza.
Gorina empezó fabricando paños de billar para reinventarse.Estudió moda en el Instituto Marangoni de Milán y allí conoció a los sastres que hoy confeccionan sus piezas. No se plantea otra posibilidad, "son los mejores", dice tajante. Lana merino australiana, argentina y seda italiana componen el 100% de sus tejidos. Así, todo nace con el tacto y la calidad de la materia (sabría reconocer un buen tejido con una cata ciega), pero es la técnica y el diseño los que ponen la diferencia. "Es fundamental controlar cada proceso y ser muy precisos. El tejido de billar, por ejemplo, es extremadamente técnico, tiene que aguantar golpes, rasgones... Debe estar impoluto y no puede tener ningún defecto ni de trama ni de color". ¿Que cuál es la clave que les hace únicos en lo suyo? Como en cualquier profesión, en esta también existe el secreto profesional: "Mi abuelo añadió un paso técnico único que hasta hoy guardamos como un tesoro".
Trasladar la misma filosofía técnica a una gabardina perfecta le ha llevado su tiempo, entrenando algo de lo que su generación adolece. "Necesitamos volver a ser pacientes, yo lucho mucho con esto y reivindico una sociedad más calmada que cultive la paciencia. Por eso trabajo con unos sastres maravillosos, con ellos mis piezas son capaces de transmitir una historia, cada una es tratada con si fuera la única. ¿Sabes cuánto he aprendido de ellos? Una vez me dijeron: 'Céntrate en una prenda, no quieras hacer un total look'. Si no les hubiera hecho caso el resultado no sería tan bueno", asegura Ariadna.
Lana merino australiana, argentina y seda italiana componen el 100% de sus tejidosBusca coherencia entre lo que piensa, lo que diseña y lo que vende, por eso rechaza el consumismo excesivo dominante. "Ni compro a lo loco ni produzco a lo loco porque creo en las inversiones duraderas con las que en realidad ahorras dinero". Y añade: "En España estamos dominados por Inditex y hemos llegado a un punto en el que si no eres Inditex eres lujo, pero un abrigo de 80 euros no es viable...". Hace unos meses Ariadna asistió a unas conferencias de la lana en Edimburgo y dio con un dato que le dejó en shock : "Las ventas de lana a nivel mundial representan un 1,1% de entre todas las fibras que se compran, frente al 80% de ventas de poliéster. Esto es así desde la década de los 70".
El valor de la artesanía
Así, desde su lugar de acción, y convencida de que el mundo textil puede ser mejor, trabaja su proyecto de Gorina Atelier. Volver a la conexión humana, al tacto, al saber hacer artesano que se convierte en único cuando se comprende que lo manual no es capaz de crear dos cosas idénticas, es su plan de negocio más ambicioso. Ariadna, sin la obsesión por vender, sí desea controlar el discurso: "Mis piezas son como hijos y quiero que quien las tenga sepa entenderlas y las ame como yo. Es una manera de darle el valor que siento que merecen". Tanto es así que está pensando en llevar a cabo una acción muy especial que haga, como poco, reflexionar: "Quiero confeccionar una prenda que no se pueda comprar con dinero. El mundo se rige por lo que vales y, prestando atención a eso, hay que hacer lo contrario. Estoy dándole vueltas, pero algo haré seguro".
Cada prenda de Gorina Atelier está confeccionada a mano.Mientras tanto, vende online y a través de una red reducida de personal shoppers y estilistas que trabajan con clientes privados, manteniendo un modelo de acceso selectivo y profundamente personalizado. Siente mucha curiosidad por la psicología humana y esto es una gran ventaja en el mundo de los negocios porque trabaja desde un lugar interior poco común, dotándole de una intuición especial para interpretar señales y leer al otro.
"Me gusta llegar a su corazón, somos seres humanos haciendo negocios y la idea de que todos seamos felices es lo que me mueve a la hora de hacer equipos porque el éxito no está reñido con la profundidad humana". Alfonso XIII queda ya muy lejos, incluso el traje de boda y coronación del rey Felipe VI. ¿Pesa la vinculación con algo tan clásico? "¿Y qué es clásico hoy? Estas piezas son contemporáneas, pero tienen algo de antiguo y, aún así, se adaptan a cada estilo. No quiero quedarme en el pasado, pero tampoco pienso en cambiarlo, no lo tengo tan atado. Mejor dejarlo fluir".
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