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Política

Los acampados 'celebran' ante la sede del PP tener a toda la izquierda a su lado y aprietan a Feijóo

Los acampados 'celebran' ante la sede del PP tener a toda la izquierda a su lado y aprietan a Feijóo
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Las protestas asedian Génova y se replicarán hoy por toda España. El Sindicato de Inquilinas pide el voto a favor de los decretos y condiciona a Podemos Leer

El Gobierno salva un match ball y puede respirar aliviado tras una semana de asfixiante presión. El sí del Sindicato de Inquilinas a la convalidación de los dos decretos de vivienda avala, aunque sea a regañadientes, el grueso de su contenido y amarra el voto de todos los partidos de la izquierda. También el de un Podemos especialmente reticente y ácido con el resultado. Esto permite a PSOE y Sumar, y por supuesto a los manifestantes, descargar ahora toda la presión sobre la derecha. En Junts, claro está, por el rol decisivo de sus votos, pero ahora también en el PP en un último y desesperado intento por doblegarle y sacar el paquete completo.

La coalición de Gobierno se ha encomendado a la «presión social» de las manifestaciones y las acampadas en las plazas para rematar el trabajo que en los despachos aún no ha podido cerrar para asegurar los votos de PNV y Junts.

En todo caso, la estrategia de la movilización en las calles ha dado un giro y ha pasado de centrarse en el Gobierno, que era quien tenía que redactar los decretos, a desviarse ahora al PP, quien por su número de votos aseguraría que los dos textos salgan vivos este viernes.

El movimiento de protesta por la vivienda, que lidera el Sindicato de Inquilinas, quiso rememorar ayer otras protestas sociales trasladando de la Puerta del Sol a la sede nacional del PP la presión. De nuevo la calle Génova de Madrid aparece en esa foto. Esta vez para exigirle ponerse «del lado de la gente».

«El viernes hay dos opciones: votar a favor de la vida o votar a favor de la especulación. No hay más», sentenció desde allí la portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, en una interpelación tanto al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, como a sus diputados en el Congreso.

Esta «presión social» viene espoleada en las últimas horas desde el propio Gobierno. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, de Sumar, llamó expresamente a los manifestantes a apretar a todos aquellos que pretendan «bloquear» la aprobación de los decretos y auguró a quien vote en contra «sufrir un altísimo coste político». En el caso concreto del PP, Bustinduy avisó de que «no va a haber aspaviento, insulto o spray de gas pimienta que les permita ocultar que pretenden ponerse a proteger a los fondos buitre y no a las familias españolas».

En el sector PSOE se considera que el PP esquiva el debate sobre la vivienda porque es un asunto «que les incomoda». «No tener posición en esto es perder», explica un ministro implicado en los decretos. «Nuestra propuesta contiene rebajas fiscales que el propio Feijóo había propuesto...». De ahí que varios miembros del Ejecutivo consultados consideren que en la sesión de control del Congreso de ayer se vio cómo el PP buscaba pivotar el debate sobre Ceuta y la corrupción. «¿Les parecen bien o mal las medidas? ¿Cuáles bien o cuáles mal? Cuando su único argumento es acusarnos de hacer trampa es que no tiene nada que decir», señalan desde el equipo de Sánchez.

Feijóo se sacude la presión. «Yo no voy a apoyar a un Gobierno tramposo», dijo ayer. Para el líder del PP los decretos son «incompatibles entre sí» y una «trampa» que «en ningún caso» va a secundar. Además, hurgó en que el Gobierno no dedica espacio a la construcción de vivienda. «Si no hay, la gente no podrá alquilar ni comprar», avisó, igual que los vulnerables no tendrán «ninguna posibilidad de contratar un alquiler porque no habrá ningún propietario que se lo alquile».

PSOE y Sumar centran ahora el tiro en el PP porque ayer recibieron el espaldarazo del Sindicato de Inquilinas, que ha pedido a los partidos votar a favor de los decretos y que organiza para hoy caceroladas en ayuntamientos y balcones de toda España, a las 20.00 horas, para dar el último empujón antes del Pleno extraordinario de mañana.

Su sí desactiva el principal temor del Gobierno: un descuelgue de Podemos o en el ala izquierda de sus socios. Ahora ya sabe que todos, aunque sea con críticas, se alinearán disciplinadamente. El partido morado ha sido el más ácido en los reproches al Ejecutivo al hablar de «trampa», «maquillaje» o «lavado de cara», pero al mismo tiempo vinculó su voto al veredicto del Sindicato. Ya se sabe que será a favor.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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