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Cultura

'Los amores inconstantes', Benjamin Constant el inconstante

'Los amores inconstantes', Benjamin Constant el inconstante
Artículo Completo 761 palabras
Tipo curioso Benjamin Constant (1767-1830). En su persona confluían el romántico de primera hora , el liberal a machamartillo y el enamorado perpetuo. Nació en Lausana, de familia francesa protestante que emigró a Suiza. Criticó los desafueros cometidos durante los años revolucionarios del Terror, participó muy activamente en política durante el Directorio, se opuso a Napoleón, combatió la Restauración como diputado en varias legislaturas y, en 1830, poco antes de morir, fue nombrado presidente del Consejo de Estado por un Luis Felipe de Orleans recién llegado al trono de Francia. NOVELA / MEMORIAS 'Los amores inconstantes' Autor Benjamin Constant Editorial Periférica Año 2026 Páginas 328 Precio 21,90 euros 4Pero su actividad como político no le impidió llevar una vida trepidante y muy agitada en el terreno sentimental. Entre las mujeres que amó y por la que fue amado destaca ni más ni menos que Madame de Staël (1766-1817), autora de 'Corinne' (1807), una apología de la pasión amorosa encarnada por una poetisa en cuyo interior late el corazón de su creadora, con quien se identifica plenamente. Stendhal dijo de ella que era «un ser superior, de los que hay tan solo uno por siglo». Para emular a su coetánea, que mantuvo relaciones con él, no siempre amistosas, entre 1794 y 1808, Constant publicó en 1816 'Adolphe', un título que le abrió las puertas de la inmortalidad literaria. En él su autor se inspira también en sí mismo para darnos a conocer los diferentes episodios que concurren en una historia de amor, desde la ilusión inicial hasta el inevitable desengaño. Noticia Relacionada PEQUEÑAS INFAMIAS No soy romántica Carmen PosadasRecuerden ustedes 'La destrucción o el amor', uno de los más bellos poemarios de Vicente Aleixandre. Esa ecuación entre 'amor' y 'destrucción' utilizada por nuestro poeta se cumple con precisión en novelas como 'Adolphe'. El amor que Ellénore siente por el protagonista lo colma de felicidad en la fase de seducción triunfal, para convertirse después en hastío insoportable, cuando el cazador ya ha cobrado su presa y el amor obsesivo de la presa cobrada se cierne sobre él. Ese proceso no puede ser un 'happy end' , como en los cuentos de hadas. Europa ha cambiado: las damas y damiselas que, en la estela de Charles Perrault, inundaron el mercado francés del libro entre 1750 y 1789 con sus cuentos maravillosos, se han jubilado, han huido a Inglaterra para evitar la guillotina o han muerto de viejas. Su actividad como político no le impidió llevar una vida trepidante y muy agitada en el terreno sentimentalEl amor que se lleva a comienzos del siglo XIX es el que el viejo Goethe codificó en sus 'Penas del joven Werther' (1774), adelantándose varias décadas a las novelas herederas de su diseño del amor romántico: 'René' (1802) de Chateaubriand, 'Corinne' de Madame de Staël y 'Adolphe' de Benjamin Constant. Editorial Periférica nos ofrece en un solo volumen, al cuidado de Manuel Arranz , cuatro obras del Constant literato: su obra más célebre, 'Adolphe', quizá la única obra verdaderamente importante que salió de su pluma; 'Cécile' (1810), un texto autobiográfico novelado; 'Amélie y Germaine' (1803), una 'nouvelle'-diario, y 'El cuaderno rojo' (1807), unas memorias de juventud. Con semejante bagaje en las manos podemos declarar sin temor a equivocarnos que hemos entrado de lleno en el legado del Constant escritor de ficción (por más que sus personajes rezumen autobiografía por los cuatro costados). Suyos fueron también ensayos rutilantes como 'De la religión considerada en sus fuentes, sus formas y sus desarrollos', una de las primeras aproximaciones a esa ciencia apasionante que es la Historia de las Religiones. Y suyos fueron, y acaso sea esto lo más atractivo de su carrera vital, los innumerables escarceos que mantuvo con lo más granado del mujerío de su época, adquiriendo con ello una considerable sabiduría sobre el 'modus amandi' del bello sexo a base de curiosidad, intriga y admiración sin restricciones. Siempre resulta útil acercarse a la obra literaria del inconstante Benjamin Constant. A veces la inconstancia puede llegar a ser una fuente exquisita de conocimiento.

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Tipo curioso Benjamin Constant (1767-1830). En su persona confluían el romántico de primera hora, el liberal a machamartillo y el enamorado perpetuo.

Nació en Lausana, de familia francesa protestante que emigró a Suiza. Criticó los desafueros cometidos durante los años revolucionarios del Terror, ... participó muy activamente en política durante el Directorio, se opuso a Napoleón,combatió la Restauración como diputado en varias legislaturas y, en 1830, poco antes de morir, fue nombrado presidente del Consejo de Estado por un Luis Felipe de Orleans recién llegado al trono de Francia.

Pero su actividad como político no le impidió llevar una vida trepidante y muy agitada en el terreno sentimental. Entre las mujeres que amó y por la que fue amado destaca ni más ni menos que Madame de Staël (1766-1817), autora de 'Corinne' (1807), una apología de la pasión amorosa encarnada por una poetisa en cuyo interior late el corazón de su creadora, con quien se identifica plenamente. Stendhal dijo de ella que era «un ser superior, de los que hay tan solo uno por siglo».

Para emular a su coetánea, que mantuvo relaciones con él, no siempre amistosas, entre 1794 y 1808, Constant publicó en 1816 'Adolphe', un título que le abrió las puertas de la inmortalidad literaria. En él su autor se inspira también en sí mismo para darnos a conocer los diferentes episodios que concurren en una historia de amor, desde la ilusión inicial hasta el inevitable desengaño.

Recuerden ustedes 'La destrucción o el amor', uno de los más bellos poemarios de Vicente Aleixandre. Esa ecuación entre 'amor' y 'destrucción' utilizada por nuestro poeta se cumple con precisión en novelas como 'Adolphe'. El amor que Ellénore siente por el protagonista lo colma de felicidad en la fase de seducción triunfal, para convertirse después en hastío insoportable, cuando el cazador ya ha cobrado su presa y el amor obsesivo de la presa cobrada se cierne sobre él.

Ese proceso no puede ser un 'happy end', como en los cuentos de hadas. Europa ha cambiado: las damas y damiselas que, en la estela de Charles Perrault, inundaron el mercado francés del libro entre 1750 y 1789 con sus cuentos maravillosos, se han jubilado, han huido a Inglaterra para evitar la guillotina o han muerto de viejas.

Su actividad como político no le impidió llevar una vida trepidante y muy agitada en el terreno sentimental

El amor que se lleva a comienzos del siglo XIX es el que el viejo Goethe codificó en sus 'Penas del joven Werther' (1774), adelantándose varias décadas a las novelas herederas de su diseño del amor romántico: 'René' (1802) de Chateaubriand, 'Corinne' de Madame de Staël y 'Adolphe' de Benjamin Constant.

Editorial Periférica nos ofrece en un solo volumen, al cuidado de Manuel Arranz, cuatro obras del Constant literato: su obra más célebre, 'Adolphe', quizá la única obra verdaderamente importante que salió de su pluma; 'Cécile' (1810), un texto autobiográfico novelado; 'Amélie y Germaine' (1803), una 'nouvelle'-diario, y 'El cuaderno rojo' (1807), unas memorias de juventud.

Con semejante bagaje en las manos podemos declarar sin temor a equivocarnos que hemos entrado de lleno en el legado del Constant escritor de ficción (por más que sus personajes rezumen autobiografía por los cuatro costados). Suyos fueron también ensayos rutilantes como 'De la religión considerada en sus fuentes, sus formas y sus desarrollos', una de las primeras aproximaciones a esa ciencia apasionante que es la Historia de las Religiones.

Y suyos fueron, y acaso sea esto lo más atractivo de su carrera vital, los innumerables escarceos que mantuvo con lo más granado del mujerío de su época, adquiriendo con ello una considerable sabiduría sobre el 'modus amandi' del bello sexo a base de curiosidad, intriga y admiración sin restricciones. Siempre resulta útil acercarse a la obra literaria del inconstante Benjamin Constant. A veces la inconstancia puede llegar a ser una fuente exquisita de conocimiento.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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