Los autores del nuevo estudio plantean la hipótesis de que incluso estos primeros pulpos gigantes podrían haber tenido comportamientos complejos que les permitieron establecerse en lo alto de la cadena alimentaria y competir con grandes vertebrados. "Nuestros resultados demuestran que las mandíbulas poderosas y la pérdida del esqueleto superficial, características comunes a los pulpos y vertebrados marinos, fueron esenciales para que se convirtieran en enormes e inteligentes depredadores", concluye Iba.
Artículo originalmente publicado enWIRED Italia. Adaptado por Andrea Baranenko.