La noche electoral del 15 de marzo, en Valladolid, las cámaras captaron un ejemplo revelador de cómo funciona Vox. Al finalizar el escrutinio, una vez que se había constatado que el PP ganaba las elecciones y Vox no subía tanto como esperaba, una reportera le preguntó a Carlos Pollán, candidato de la formación, por su análisis de los resultados y los posibles acuerdos para desbloquear la gobernabilidad con el presidente Mañueco. Pollán contestó: «Hay que esperar a que hable el presidente». Pero no el de Castilla y León. El de Vox.
Primero está lo que diga Santiago Abascal y, después, a rebufo, el mensaje autonómico, que se supedita por completo al nacional. En Vox todo pasa por Bambú. Las decisiones se toman de arriba abajo, y no al revés.
«Lo mejor es negociar directamente con Montse Lluis», que es la secretaria general adjunta y vicesecretaria nacional de Acción de Gobierno y Coordinación Parlamentaria, «o con Kiko Méndez-Monasterio», que es el asesor áulico de Santiago Abascal para los asuntos de política doméstica. Así lo asegura un barón del PP que se ha visto en ese juego de tenis dialéctico: «Cuando propones algo, se salen a llamar a Madrid y pedir permiso».
Pollán ha cedido, hasta ahora, casi todo el protagonismo a Abascal. De hecho, aquella noche del 15-M sólo tuvo ojos para un «presidente», y no llamó a Mañueco hasta el día siguiente. Ahora negociará igual: bajo la supervisión constante de la dirección nacional, que es la que marcará las líneas rojas y la que dará el visto bueno, medida a medida.
Esto es algo que ya ha asumido el PP de Alberto Núñez Feijóo en su nuevo «documento marco» para los pactos con Vox. Que es el que ha consagrado el tique nacional de ambas formaciones, para incomodo de Abascal. El líder de la extrema derecha española se revuelve contra el abrazo del oso de Génova.
Este giro estratégico ha cambiado el terreno de juego, pero los barones del PP no quieren «nacionalizar» las negociaciones. Fuentes cercanas a Jorge Azcón (presidente en funciones de Aragón), a María Guardiola (Extremadura) y a Alfonso Fernández Mañueco (Castilla y León) coinciden en que no habrá una negociación global para las tres comunidades, y en que serán ellos tres los que marquen el alcance de las cesiones del PP. No Génova. Los pactos podrán ser «asimétricos», pero los tres creen que Vox ahora va en serio cuando exige formar otros tantos gobiernos de coalición.
La presencia de dirigentes de Génova en las negociaciones se ve en estos tres territorios como algo accesorio. En Extremadura era fundamental para desbloquear las negociaciones, pero tanto en Aragón como en Castilla y León, la clave serán las políticas regionales.
«Es que hay cosas en las que Génova no puede meterse. Tenemos que pactar las medidas primero pensando en Castilla y León y sabemos que ellos van a priorizar temas nacionales, pero aquí necesitamos certezas y soluciones», zanjan en el equipo de Mañueco.
De hecho, en su entrevista del domingo con EL MUNDO, el barón salmantino ya aseguró que los negociadores de Génova no son indispensables: «Pueden venir o no, pero quien lidera los temas concretos de Castilla y León es el presidente del PP de Castilla y León, que era además el candidato».
En Vox también prefieren hablar directamente con los barones del PP. Así se lo han transmitido. Esta situación trae causa de la nueva estrategia dialéctica del equipo de Abascal, que acusa a Génova de manejar en la sombra a los ex dirigentes de la formación de extrema derecha que critican a Abascal. Incluso a algunos tan alejados del PP como Javier Ortega Smith o Juan García-Gallardo.
Es una acusación que produce tanta risa como asombro en la planta noble de la sede popular, según las fuentes consultadas. «Son excusas, no quieren negociar con Génova y ahora dirán que con medidas sobre el Pacto Migratorio y sobre el Pacto Verde de la UE no será suficiente, pero los ciudadanos castigan al que bloquea la gobernabilidad y Vox lo sabe», explica uno de los dirigentes implicados en las conversaciones.
En Aragón, el entorno de Azcón aclara que no tienen prisa ninguna en ejecutar las negociaciones porque «ahora le toca a Vox mover ficha». El PP de esta comunidad le ha remitido a la formación de extrema derecha un documento en el que pone negro sobre blanco los principios y las medidas que deberían regir el pacto. «Aún no estamos negociando. Les pasamos este documento y nos reuniremos cuando nos llamen. Primero Vox tiene que contestar al documento marco que le hemos mandado. Estamos esperando», explican las fuentes. El plazo para que la mesa del Parlamento aragonés convoque la investidura vence el 3 de mayo. No se prevé que se produzca dicho pleno hasta que no haya un acuerdo cerrado.
Azcón también va a pilotar directamente sus negociaciones. «La negociación la vamos a hacer nosotros con Vox. Lideramos nosotros. Ellos reportan a Madrid, pero en nuestro caso Génova sólo dará el visto bueno, y no habrá problema ahí. Total sintonía», agregan las fuentes de su entorno.
En Extremadura, fuentes de la Junta aseguran que la entrada de Vox en el Gobierno «no será un obstáculo» para llegar a un acuerdo. «En absoluto». «Que entren si quieren», añaden. El entorno de María Guardiola cree que el acuerdo está ya cerca, a falta de unos flecos que se cifran en el 10% del pacto.
Eso sí, la baronesa cacereña reivindica su estrategia de confrontar con Vox y y reivindica también su 43,2% de votos (el mejor dato, de largo, de las tres elecciones autonómicas de este ciclo). Por ello, apela a la «proporcionalidad» en cualquier Gobierno de coalición. De hecho, el PP insiste en que en otras CCAA con más provincias ese resultado habría supuesto la mayoría absoluta. Por ejemplo, en Andalucía Juanma Moreno la logró con un 43,1%.
Ella es la candidata que necesita más ayuda de Génova, por sus tiranteces con la formación ultra, pero con los recientes ataques de Bambú al equipo de Feijóo, tiene más opciones para capitalizar por sí misma el acuerdo.