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Los bolsos de la artesana de Pertegaz

Los bolsos de la artesana de Pertegaz
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The Bag Lab está comprometida con la creación de piezas en ediciones limitadas que se rigen bajo los principios de la calidad, atemporalidad y sostenibilidad

Puntadas con hilo

Los bolsos de la artesana de Pertegaz

The Bag Lab está comprometida con la creación de piezas en ediciones limitadas que se rigen bajo los principios de la calidad, atemporalidad y sostenibilidad

Regala esta noticia Añádenos en Google La diseñadora Edurne Insa posa con los bolsos de The Bag Lab. (José Antonio Rojo)

Gloria Salgado

Madrid

26/07/2026 a las 00:07h.

Cuando Edurne Insa recuerda a Manuel Pertegaz recuerda un traje que, a ojos de cualquiera, estaba terminado a la perfección y que el maestro decidió ... desmontar pieza por pieza para volver a hacerlo desde cero. «Yo lo veía impecable y decía: 'Hay que soltarlo entero y hacerlo de nuevo'. Luego veías la diferencia y entendías por qué las cosas salían como salían». En aquella obsesión por un detalle invisible estaba resumida una forma de entender la moda. Una lección que acompañó a Edurne durante más de un cuarto de siglo, mientras fabricaba los bolsos del genio aragonés, y acabaría convirtiéndose en el fundamento de su propia marca, The Bag Lab, con la que hoy reivindica el valor de la artesanía contemporánea.

Ese respeto por el trabajo bien hecho de Edurne venía de mucho antes. «Mi madre empezó en 1963 haciendo neceseres, bolsas de playa y turbantes» que vendían en las mejores perfumerías de España. Poco a poco llegaron los bolsos y terminaron convirtiéndose en el corazón del negocio.

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Después de toda una vida poniendo su oficio al servicio de otros, llegó el momento de ponerle nombre propio a todo ese conocimiento. Poco antes de la pandemia, la empresa acumulaba una enorme cantidad de pieles almacenadas. En lugar de verlo como un problema, decidió convertirlo en un laboratorio creativo. Así nació The Bag Lab. Primero fue una página web levantada casi de forma improvisada durante el confinamiento. Después llegó una decisión mucho más importante: dejar atrás el trabajo para terceros y concentrar toda la experiencia acumulada en una marca propia.

Lo que propone está en las antípodas de la moda rápida, una filosofía que muestra estos días en Momad, la Feria Internacional de Moda, Calzado y Accesorios de Ifema. No busca lanzar decenas de modelos cada temporada ni seguir tendencias efímeras. Prefiere diseñar pocas piezas, pensadas para durar y fabricadas íntegramente en San Sebastián. La decisión tiene mucho de convicción y también de sentido común. Compran la materia prima –pieles, cremalleras y herrajes– y confeccionan cada bolso únicamente cuando llega el pedido. Así evitan producir más de lo necesario y mantienen un control absoluto sobre cada pieza.

Hay dos ideas que aparecen constantemente durante la conversación. La primera es la ligereza. «Para mí es muy importante que no pesen». La segunda, la duración. «Son unas pieles que duran hasta demasiado», comenta entre risas al recordar clientas que siguen utilizando bolsos comprados hace años. Toda la piel procede de curtidores españoles. Ese compromiso con el origen forma parte de su manera de entender el oficio. También sorprende su forma de diseñar las colecciones. En lugar de multiplicar referencias, prefiere reducir los modelos y ampliar la gama cromática. «Hacemos entre quince y veinte formas distintas, pero nuestro fuerte es el color. Prefiero hacer colecciones más cortas en cuanto a modelaje y dar más color».

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Sin embargo, si hay un tema que realmente le preocupa no es el mercado internacional –vende en Europa, Japón y Estados Unidos– ni la competencia de las grandes marcas. Es la falta de relevo generacional. Explica que hoy incluso tareas aparentemente sencillas requieren una formación que casi nadie tiene. Resulta paradójico que mientras la artesanía española goza de un enorme prestigio fuera de nuestras fronteras, todavía quede mucho camino por recorrer dentro. «La piel española está muy valorada fuera de aquí», asegura. Y, aun así, cree que el reconocimiento pendiente está más cerca de casa. «En España todavía la gente se tiene que enterar más de lo que hacemos».

Y es que escuchar a Edurne Insa es recordar que el verdadero lujo no nace de un logotipo, sino de un conocimiento que pasa de generación en generación, de un taller donde todavía se sigue desmontando una pieza si no alcanza la perfección y de una mujer que, después de pasar casi cuarenta años haciendo bolsos para otros, ha decidido firmar los suyos con la misma exigencia que aprendió de Pertegaz.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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