Eva junto a su padre Danny en el restaurante La pagoda (anteriormente Tao y La Gran Muralla). Nieves Díaz EL ESPAÑOL
Reportajes Los Chen, los 'primeros' chinos en venir a España: el bisabuelo llegó en 1941 y su sobrino creó una cadena de restaurantesLa historia familiar comienza con la llegada del tío bisabuelo de Eva Chen, creador del Teatro Chino de variedades de Manolita Chen. Se convirtieron sin pretenderlo en "embajadores" de China en España.
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Mario Piris Publicada 5 enero 2026 02:26hEva Chen (Madrid, 1990), explica la historia de su familia, que bien podría ser contada en un libro. Su tío bisabuelo Chen Tse-Ping (conocido como Chepin) fue el primer chino en España y una figura importante dentro del mundo circense al fundar uno de los teatros ambulantes más reconocidos del siglo XX, el Teatro Chino de Manolita Chen, llamado así por su mujer.
Pero la familia Chen no fue solamente pionera en el mundo del espectáculo, también lo fue en la hostelería con La Gran Muralla, primera cadena de restaurantes chinos de España, creada por su abuelo. Esta sirvió de lobby de los inmigrantes chinos. Cuando un chino venía a España, decía que iba a La Gran Muralla.
"Mi abuelo fue el primer chino que vino a España oficialmente tras la caída de Mao. Eso explica por qué cuando llegó él todo lo de Manolita Chen fue muy shock cultural, porque de hecho incluso en España el triunfo que tuvo fue un poco como Moulin Rouge, lo prohibido, el cabaret, era todo en la época de Franco, un poco clandestino", explica Eva en conversación con EL ESPAÑOL.
Eva Chen en su restaurante, La Pagoda. Nieves Díaz EL ESPAÑOL
Chen Tse-Ping en Europa
Chen Tse-Ping ya estaba en Europa, aunque el resto de la familia estaba en China. Él llegó a París en 1922 para estudiar. Allí descubrió su habilidad para los malabares. "Estaba junto a mi bisabuelo, su hermano. Mi tío bisabuelo empezó en Alemania, todo relacionado con el mundo artístico y tenía una mujer la cual falleció y ahí él acabó en España y estuvo en el Circo Price que fue donde conoció a Manolita", explica Eva. La conoció en 1943 y fue en 1947 cuando iniciaron el Teatro-Circo chino.
La diferencia de edad—ella 16 años y él 40— "chocó mucho", según explica Eva, pero añade que "parece ser que se enamoraron", lo que les llevó a abrir su propio teatro y así nació Manolita Chen. "Es muy curioso porque cuando abrimos nuestro restaurante con el mismo nombre, se asomaba gente mayor que decía 'no sabíamos que todavía existía el teatro ambulante'".
Manuela Fernández fue contratada como charivari en el Circo Price y fue por eso que pudo conocer a Chen. El show tuvo su runrún alrededor por espectáculos como el lanzamiento de cuchillos. Chen y ella decidieron comprar un circo. El teatro ofrecía, eso sí, espectáculos muy variados y alegraba de esa manera las ferias de muchas personas.
Había de todo, música, humor, bailes, malabares, chistes… Todo desde un estilo burlesque. Se ofrecían un sinfín de funciones, como explica el padre de Eva, Danny: "Algunos días terminaban a las 6 de la mañana". Y es que en Sevilla llegaron a ofrecer 7 funciones en un día. A lo que añade que "cuando terminaban una función ya se iban yendo mientras el resto hacían más funciones".
A la derecha Manuela Fernández junto a Chen Tse-Ping. Cedida
Este teatro fue tan exitoso que tuvo en nómina a artistas populares como Fernando Esteso, Antonio Ozores, Andrés Pajares, "Bigote" Arrocet... Hoy todas esas funciones son un eco lejano, pero el legado y el recuerdo siguen ahí gracias en parte al restaurante que ahora regenta Eva. Por otro lado, Manolita fue una artista "transgresora" para esos tiempos.
Y es que tuvieron que hacer frente a la censura, sobre todo cuando termina la guerra. Había una mentalidad muy tradicional, tanto es así que los censores comprobaban las longitudes de las faldas, las artistas no podían ir muy escotadas tampoco... Ponían el foco sobre el vestuario, qué palabras se usaban, ponían multas e incluso querían cambiar los espectáculos.
Manolita era muy perfeccionista con su empresa, siempre buscando que todas las chicas del teatro estuviesen en la misma sintonía: ofrecer los mejores espectáculos posibles. Chepin tuvo una vida muy movida, puesto que España no fue el único país por el que pasó, ya que también estuvo en Portugal.
Probablemente el éxito del teatro se deba en gran parte a sus artistas, pero también a la forma que tuvo de combinar dos culturas completamente distintas y que sea un rotundo éxito. Hacían largos viajes para cubrir las ferias de toda España, desde Logroño a Huelva, Algeciras, Albacete...
Danny en La Pagoda. Nieves Díaz EL ESPAÑOL
De hecho, Paco Umbral elogió en varios artículos la labor de este teatro ambulante considerándolos pioneros en la participación del público y el teatro moderno. Un espectáculo de variedades que desafió la censura y fusionó circo, teatro y cabaret en España durante décadas y al que Umbral lo denominó como "El cabaret de los pobres". La última función de este teatro se dio en Sevilla en 1986.
A raíz del triunfo de Chen Tse Ping, fue que el abuelo de Eva, Chen Diguang inspirado por su tío decidió venir a España buscando otras oportunidades. "Al final no se metió en el negocio de Manolita Chen, él venía de una China más cerrada y decidió buscar oportunidades para traerse a su familia, porque el teatro no era atmósfera, ese estilo de vida no era factible", comenta la madrileña.
En el teatro había ciertas pautas como "llevar medias, venía un vigilante y las chicas se tenían que poner las medias porque estaban bailando sin medias, a lo mejor el espectáculo tenía que ser hasta cierta hora y estaban de madrugada. Había espectáculos más estilo Cirque du Soleil, tirando dagas..."
"No existía el tema racial tan latente como lo hay hoy en día, hay una multiculturalidad más asentada y ahí es donde salen un poco los prejuicios y las diferencias muy obvias entre ambas culturas, ahí era tan desconocido que un chino en España haciendo teatro era original, pero la gente no juzgaba, les causaba curiosidad", argumenta Eva.
Eva Chen en La Pagoda. Nieves Díaz EL ESPAÑOL
La gente no tenía idea de cómo es China y esto les permitió conocer mejor la cultura oriental de primera mano. Justo en ese momento de la entrevista con Eva, llegaba Danny (1963), su padre. "Mi padre llegó a España con 37 años y no volvió a China por la guerra, la revolución, las relaciones diplomáticas eran difíciles", explica Danny.
El padre de Danny en China, al ser veterinario no le gustaba la vida de circo a la que vino a trabajar en un inicio, en los años 70, cuando llegó no había otros negocios que no fuesen en la hostelería. Con la ayuda del abuelo de Danny y su trabajo, pudo abrir La Gran Muralla en la calle de Meléndez Valdés en 1976.
En 1979 su padre abría el local en la calle de Félix Boix, hoy Pagoda, en el que nos cuenta que en aquellos tiempos tuvo que dejar de estudiar a los 15 años para ayudar a su padre. "Mi padre es pionero, fue el visado número uno, fue la primera familia china continental en España" explica Danny.
"Generó un movimiento migratorio, porque al final el negocio prosperó y mi abuelo empezó a ofrecerle trabajo a muchos familiares", añade Eva. El pueblo chino es muy hospitalario y cercano como explican padre e hija: "Los chinos no sabían español, no tenían dinero, conocimiento de Europa, entonces buscaban ayuda en la gente conocida".
Eva junto a sus padres en La Gran Muralla. Cedida
Precisamente hay muchos prejuicios o estereotipos al respecto, muchas veces se asocian los negocios de fuera con actividades ilegales. Danny explica que "no es una mafia china", es una comunidad que creció muy rápido y que vienen casi todos de la misma zona, Zhejiang y que es similar a la comunidad de gallegos en Alemania.
"Hay una anécdota que dicen que con la tarjeta del restaurante de La Gran Muralla, desde China, los chinos que venían a España, lo que te preguntaban era a dónde ibas a ir y con qué recursos y enseñaban la tarjeta esta y decían "otro más", señala Eva. Era muy fácil en ese momento solicitar un visado, pero "necesitaban una dirección o una persona".
De hecho, entre risas Danny cuenta lo siguiente: "Algunos listos en China, vendían la dirección a la gente". Semanalmente tenía que ir a Barajas a recoger a los recién llegados. "Yo llegué a recoger al aeropuerto una semana 14 veces, todo de manera gratuita y cuando les cogíamos les dábamos agua, dinero, 20.000 pesetas..."
El boca a boca hacía mucho y al ser una comunidad muy familiar y ayudarse tanto entre todos ellos, eso permitió la llegada de muchos chinos, casualmente la mayoría de Zhejiang, se estima que más de un 70% de los habitantes chinos en España, vienen del mismo lugar.
Chen Diguang (abuelo de Eva) junto a sus hijos. Cedida
Un fenómeno muy bien explicado, en el libro A dónde van los chinos cuando mueren, escrito por el periodista Ángel Villarino. Un libro recomendado por Ignacio López, marido de Eva que explica lo curioso que le pareció "ver a la familia de Eva aparecer en un libro".
La hospitalidad era tanta que a veces Danny cedía su habitación a recién llegados. La cadena de La Gran Muralla llegó a tener hasta 14 restaurantes y llegaron a emplear a más de 300 personas, pero esto no pudo ser sostenible en el tiempo porque como explica Danny, "se generaba competencia interna".
Posteriormente, el tío y el padre de Eva montaron la cadena Tao, uno de los primeros locales que apostó por la comida japonesa en Madrid. Un momento clave en el futuro de Eva se dio en el lugar de la entrevista: “El local de Félix Boix iba a ser traspasado a unos italianos, pero el día de la firma no se presentaron”, explica la madrileña.
Esa coyuntura fue la que provocó el comienzo de Eva en la hostelería. Sus padres estaban en China y tuvieron que hacerle un poder notarial para que realizara ella la gestión. Unos inicios que no fueron fáciles porque venía de un trabajo muy distinto.
Eva y Danny en La Pagoda. Nieves Díaz EL ESPAÑOL
Al ser preguntados sobre si se consideran pioneros del movimiento migratorio de China a España ellos si que lo sienten así, por toda la ayuda que brindaron a sus compatriotas, pero los que venían hacían el resto. Incluso Danny explica como su padre ayudaba a otros restaurantes lo que hacía que se asemejasen.
"Copiaban la carta con los números de cada plato para hacerlo más fácil". Un aspecto clave para que todo esto funcionase en España fue la adaptación de la gastronomía asiática y china. "China es un país muy grande y hay de todo, no es que lo que se hiciese aquí no fuese comida china, pero se adaptaba".
Antes de dedicarse de lleno a la hostelería, Eva tenía un futuro muy distinto. "Yo estudié administración de empresas en Estados Unidos. Nadie en mi familia quería que me metiese en esto, pero lo hice por pasión". Desde bien pequeña ha vivido en sus propias carnes lo que es llevar un negocio familiar, viendo a su padre trabajar tan duramente.
Y en esa aventura le acompañó su marido, de oficio abogado. Muchos días, después de trabajar iba al restaurante para ayudarles con todo. Ella, por otro lado llevaba cuatro años trabajando en Repsol. "Yo sabía que si no iba bien todo esto podría volver a Repsol o ir a otro sitio".
Manolita Chen, la reina de la cultura sicalípticaLa familia Chen es un ejemplo de trabajo y esfuerzo, pero también de multicultural. Una fusión de dos países que si bien muchos prejuicios tratan de separarlos, no ha sido posible en este caso. Tanto es así, que Eva explica entre risas "que su padre es muy madridista". Un hombre que lleva desde los 13 años en España y que tiene muchos amigos y apego por la cultura española.
Algo que le ha llevado a crear en su momento un restaurante en Pekín llamado Puerta 20, en honor a la puerta del Santiago Bernabeu y en el que ofrecen comida española. Lo que les ha llevado a que en la Fiesta Nacional de España hagan paellas para la embajada española en Pekín.