Miércoles, 29 de abril de 2026 Mié 29/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Los chistes de Carlos III se ganan a los políticos de EE UU: «Sin nosotros, estarían hablando francés»

Los chistes de Carlos III se ganan a los políticos de EE UU: «Sin nosotros, estarían hablando francés»
Artículo Completo 1,712 palabras
El monarca británico sorprende a republicanos y demócratas con discursos trufados de humor, pero con un claro sentido de la Historia y de la necesidad de mantener la alianza transatlántica ante un «mundo cada vez más conflictivo»
Los chistes de Carlos III se ganan a los políticos de EE UU: «Sin nosotros, estarían hablando francés»

El monarca británico sorprende a republicanos y demócratas con discursos trufados de humor, pero con un claro sentido de la Historia y de la necesidad de mantener la alianza transatlántica ante un «mundo cada vez más conflictivo»

Regala esta noticia Carlos III y la reina Camila durante el discurso en el Congres de EE UU. (EFE)

Miguel Pérez

29/04/2026 Actualizado a las 09:14h.

Ah, el humor inglés. Carlos III se ganó esta noche pasada a la clase política estadounidense durante su discurso en el Congreso y en la ... posterior cena de gala en la Casa Blanca. Por unas horas logró que no se hablase de la violencia política ni del atentado frustrado del hotel Hilton contra el presidente y su gabinete. Es más, logró arrancar las sonrisas de un habitual hosco Donald Trump, quien manifestó su envidia porque el monarca británico recibiera el aplauso unánime de republicanos y demócratas en el Congreso. «Yo nunca lo he conseguido», bromeó.

Dentro de las tensas relaciones entre EE UU y Europa a cuenta de la guerra de Irán, el líder republicano espetó el pasado enero a los gobernantes del Viejo Continente que ahora «hablarían alemán y un poco de japonés» si Estados Unidos no hubiera intervenido en la Segunda Guerra Mundial. «¡Me atrevo a decir que, si no fuera por nosotros, ustedes estarían hablando francés!», le replicó esta noche Carlos III a Trump con una ironía que arrancó las risas del inquilino de la Casa Blanca y del Congreso. El humor británico acababa de entrar en acción.

No fue su única referencia idiomática. En otro momento de su discurso, recordó al poeta y dramaturgo británico de origen irlandés Oscar Wilde para aseverar: «Hoy en día tenemos prácticamente todo en común con Estados Unidos, excepto, claro está, el idioma».

La difícil relación actual de EE UU y el Reino Unido ha sobrevolado, como cabía esperar, la visita de Estado, pero una parte de la prensa norteamericana señala este miércoles que el monarca ha sabido superar la situación con una acusada vis humorística. Por ejemplo, se fijo en las polémicas obras ordenadas por Trump para construir el salón de baile de la Casa Blanca, que han supuesto el derribo de una parte del histório edificio, y las calificó como «reajustes» antes de compararlas con la invasión británica de Washington en 1814.

Dos años después de iniciada la Guerra de 1812 entre los dos países, las tropas lideradas por el general Robert Ross entraron en la ciudad y quemaron la residencia presidencial. Es la única vez en la historia que un presidente de EE UU, James Madison, debió abandonar la capital del país. Antes de huir, su mujer rescató del incendio el retrato de George Washington. Después de la guerra, los representantes del Gobierno decidieron pintar el edificio de blanco para borrar todas las huellas del fuego. Desde entonces se llama la Casa Blanca.

Y a Carlos III no le pasó desapercibido el episodio. «Lamento decir que nosotros, los británicos, por supuesto, hicimos nuestro propio intento de remodelar la Casa Blanca en 1814.», soltó en un momento de su discurso ante la mirada sonriente de Trump y un auditorio puesto en pie. Sus alusiones históricas se extendieron a las referencias a nombres de la familia real británica que denominan a muchos de los condados estadounidenses,. «Sus mapas se parecen bastante a nuestra lista de tarjetas navideñas a lo largo de los siglos», ironizó. Incluso el senador republicano Lindsey Graham, muy cercano a Trump y portavoz de sus políticas más agresivas, acabó rendido ante el «ingenio, el humor, la historia y la sensibilidad» del soberano británico. Graham es el veterano político que aconsejó al inquilino del Despacho Oval retirar las bases estadounidenses de España.

La campana original

El Palacio de Buckingham ha tenido el acierto de preparar en esta visita clave un singular regalo al anfitrión: la campana original del 'HMS Trump', un submarino británico que sirvió en la Segunda Guerra Mundial. Botado en 1944, participó en diferentes episodios bélicos y hundió al menos media docena de buques japoneses. Su vida útil terminó en 1971 después de ser asignado a la Royal Navy en aguas australianas. Su nombre procede de una tradición de la Armada británica. Todos los submarinos de la clase Tritón encabezaban su nombre con la inicial T. Trump era una construcción que aludía a la palabra 'triunfo'

«Que sirva como testimonio de la historia compartida de nuestra nación y de su brillante futuro», dijo anoche Carlos III sobre el obsequio de la campana. «Y si alguna vez necesitan contactarnos, simplemente llámenos», le dijo a Trump, levantando de nuevo una oleada de risas.

La Casa Blanca respondió al histórico acto con una cena de Estado acorde a las preferencias de Carlos III y la reina Camila. Se prescindió de la carne y las harinas refinadas en los postres. La cocina apostó por los vegetales, las salsas, los toques herbáceos (con hierbas del propio jardín del presidente) y un lenguado de Dover a la meuniere con el que alguien ironizó que se había elaborado «a la francesa». Picardías de ida y vuelta, ya se sabe.

Entre los platos destacaron una velouté de verduras de huerta, chalotas tostadas, raviolis de hierbas de primavera, colmenillas y queso ricotta. Se dice que los preparativos los hizo Melania Trump en persona, que escogió las vajllas conmemorativas de los mandatos de George W. Bush y Bill Clinton como demostración de la larga alianza entre EE UU y el Reino Unido. Hubo cien comensales, entre ellos la trinidad presidencial: el vicepresidente, JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth. Junto a ellos, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y el del Tesoro, Scott Bessent. Legisladores republicanos, magistrados de la Corte Suprema, amigos de Trump y magnates como Jeff Bezos, Tim Cook y Marc Benioff ocuparon algunas de las mesas. Y la familia, claro: Eric, Tiffany e Ivanka Trump y Jared Kushner.

Carlos III y Camila disfrutaron de los platos. Elogiaron al cocinero. Brindaron con Donald y Melania. Y el rey concluyó que la cena suponía «una mejora con respecto al Motín del Té de Boston». Nuevas carcajadas. ¿Quién quiere a Jimmy Kimmel en estas circunstancias?

Pero el monarca británico no es Ricky Gervais, Peter Sellers o Jimmy Carr. Él compartió las bromas con un sentido histórico y solemne de la relación anglo-estadounidense que algunos congresistas y participantes a la cena de gala describieron como «profundamente emocionantes». Y que medios anglosajones han calificado hoy como elegantes réplicas ('zascas') a los últimos desplantes del presidente de EE UU contra la OTAN y el Reino Unido.

Así, subrayó que las democracias británica y estadounidense están sólidamente entrelazadas por su pasado –«una alianza verdaderamente única»– y, hábilmente, introdujo una defensa cerrada de la Alianza Atlántica y la necesidad de que perviva. «Creo de todo corazón que la esencia de nuestras dos naciones reside en la generosidad de espíritu y el deber de fomentar la compasión, promover la paz, profundizar el entendimiento mutuo y valorar a todas las personas, de todas las creencias y de ninguna», dijo el monarca.

Los retos militares

El rey retomó la Historia con frecuencia. Hizo geoestrategia moderna con los hitos del pasado. Reivindicó una y otra vez la vigencia de la OTAN. A veces dio de la sensación de que había venido a hablar de su libro. De este libro. Por ejemplo, alabó el «liderazgo estadounidense» en la reconstrucción de un «continente devastado» durante la Segunda Guerra Mundial y su «papel decisivo como defensor de la libertad en Europa», en una muestra de la necesidad de mantener los lazos transatlánticos. «Ni nosotros ni yo lo olvidaremos jamás, sobre todo ahora que la libertad vuelve a estar amenazada tras la invasión rusa de Ucrania. Hoy, nuestra alianza en la OTAN profundiza nuestra cooperación tecnológica y militar y garantiza que juntos podamos afrontar los retos de un mundo cada vez más complejo y conflictivo», enfatizó.

Los medios norteamericanos llaman la atención este miércoles sobre el hecho de que Carlos III no rehuyó ningún tema. Defendió a su primer ministro, Keir Starmer, vilipendiado por Trump, como un guardian de la alianza con EE UU, e hizo frente a las pasadas críticas de su anfitrión sobre la «debilidad» de la fuerza naval británica recordando que él mismo prestó servicio en la Armada «hace muchos años». Le preguntaron sobre el 'caso Epstein', que ha causado un daño profundo en la familia real británica debido a los vínculos del expríncipe Andrés con el fallecido pederasta. «En ambos países, es precisamente el hecho de tener sociedades vibrantes, diversas y libres lo que nos da nuestra fuerza colectiva, incluso para apoyar a las víctimas de algunos de los males que, tan trágicamente, existen hoy en día en ambas sociedades», señaló.

La pareja real británica abandona este miércoles Washington. Viaja a Nueva York para participar en distintos actos conmemorativos, entre ellos un homenaje a las víctimas del 11-M en Manhattan. Carlos III y Camilia tienen previsto también un desplazamiento al cementerio de Arlington en Virginia. El soberano deja un último recado: «El poder ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios». Pero Trump, que es todo omnipresencia en su Administración, y si le dejan, en el mundo, parece no percatarse del mensaje. O no se da por aludido. «Fantástico. Buen trabajo», le felicitó a Carlos III al término de su discurso en el Congreso mientras le palmeaba la espalda.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir