De choque en choque hasta el desguace moral. El sábado pasado, El País tituló: «Choque entre el Gobierno y los jueces por la investigación sobre Ceuta». Marlaska se contrarió por que la juez de la Audiencia Nacional preservó el secreto de la investigación en ciernes sobre el «ataque» a Ceuta, la seguridad nacional y las garantías procesales. Lo cual no gustó a Marlaska, que quería haber dispuesto de unos datos e información que ignoró o desdeñó cuando urgían. El CGPJ respaldó a la juez.
Marlaska, de fácil mohín y buen servir, evita enojarse con Abdellatif Hammouchi, que compagina la jefatura de la Policía con la dirección de Seguridad Interior marroquíes. Ingenuamente, el CNI también advirtió a Hammouchi de los preparativos del «ataque». Hammouchi miró el reloj, elevó el labio inferior y se fumó una cachimba. Marlaska lo condecoró en noviembre de 2025 con la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil por su colaboración en la lucha antiterrorista. Ignoramos si ambos conversaron antes o después del 30 de julio.
Ayer, El País empleó términos parecidos al sábado anterior: «Choque frontal en la Delegación del Gobierno en Ceuta por el aviso del CNI». Otra colisión en el seno del Gobierno y toba al peón. Entretanto, se ensayó, por si fuera requerido en campaña electoral para aglutinar plebiscitariamente en torno a Sánchez una minoría disruptiva, un choque contra el Rey. Y entre medias, otros dos encontronazos: uno, con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, al que despacharon en La Moncloa y conminaron desabridos a que dejase de molestar el día 27 de julio, fecha decisiva. Luego le birlaron la autoridad portuaria de la ciudad para montar una carpa de la infamia. El otro topetazo, entre el Gobierno y el CNI, como si éste tampoco dependiera de aquel. Es el que más ha tensado Sánchez.
El Gobierno choca que te choca con todos lo que avisaron, previnieron e investigan lo que se avecinaba menos con Marruecos, que ni previno ni avisó. Recapitulemos: Sánchez y su camarilla aseguraron primero que no hubo informes previos de situación; luego que no se expusieron por escrito o no eran claros; después que llegaron tarde, sin tiempo para la reacción; finalmente que no previeron la magnitud de la operación; igualmente, que no se respetó la cadena de mando o que la transmisión fue confusa; también, que Marruecos colaboró para frenar una segunda oleada invasiva...
Ahora sabemos que ese día 27 de julio la Comandancia de Ceuta se movilizó en previsión de un «cruce masivo». El CNI y el Centro de Inteligencia del Ejército ya tenían constancia del llamamiento en redes sociales y del «riesgo de colapso», previsiblemente, el día 30. EL MUNDO lo publicó el 3 de septiembre. El 30 de julio la Policía añadió en su informe el carácter de «extremo» -en negrita, mayúscula y subrayada-: «Riesgo extremo de colapso».
Total, que hubo informes previos, claros y contundentes; con tiempo, no sobrante pero sí suficiente; se transmitieron por escrito -aunque La Moncloa se aferre a la ingravidez de un wapp-, y advertían de la extraordinaria dimensión del despliegue orquestado. Por último, también sabemos, por los seguimientos que hizo el Ejército, que Marruecos lo sabía. No estamos ante una crisis migratoria. Sin embargo, Sánchez, obsequioso y reverencial, no choca con Marruecos; alienta que Marruecos choque con Feijóo.