Sábado, 21 de marzo de 2026 Sáb 21/03/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Los cinco civiles que rastrean cayucos desaparecidos donde el Estado ya no llega: "Hay barcos enteros que nunca existen"

Los cinco civiles que rastrean cayucos desaparecidos donde el Estado ya no llega: "Hay barcos enteros que nunca existen"
Artículo Completo 1,530 palabras
La periodista Taina Tervonen reconstruye en 'Los vigías' la red informal de ciudadanos que recibe alertas de peligro en la frontera marítima africana. Más información: Viaje a Nuadibú, el puerto de Mauritania donde 35.000 migrantes esperan su cayuco a Canarias.

Un cayuco procedente de Senegal luce una bandera española al acercare a la isla canaria de El Hierro. EP.

Referentes migraciones Los cinco civiles que rastrean cayucos desaparecidos donde el Estado ya no llega: "Hay barcos enteros que nunca existen"

La periodista Taina Tervonen reconstruye en 'Los vigías' la red informal de ciudadanos que recibe alertas de peligro en la frontera marítima africana.

Más información: Viaje a Nuadibú, el puerto de Mauritania donde 35.000 migrantes esperan su cayuco a Canarias.

Publicada 21 marzo 2026 01:45h

Hay historias que empiezan con un naufragio. Esta empieza con un mensaje. Un teléfono vibra de madrugada. En la pantalla aparece un número desconocido y un audio breve, grabado con viento y gritos de fondo.

A veces el mensaje contiene unas coordenadas. A veces una fotografía oscura de una embarcación sobrecargada. Otras veces solo una frase: "Estamos en el mar". Después, silencio.

Ese es el momento en que entran en escena los vigilantes. No trabajan para ningún Estado ni forman parte de una agencia de rescate. No tienen uniforme ni oficina.

Son cinco personas repartidas entre Francia, Italia y España que desde hace años reciben avisos de embarcaciones en peligro y tratan de reconstruir su rastro antes de que el océano lo borre todo.

Equipos de Salvamento Marítimo ayudan a migrante recién llegado en cayuco a Arguineguín, en el sur de Gran Canaria. Europa Press.

La periodista franco-finlandesa Taina Tervonen, que lleva más de veinticinco años cubriendo migraciones, pasó un año y medio hablando con ellos. Conversaciones por WhatsApp, audios, entrevistas, viajes.

De ese trabajo nació primero un pódcast y después un libro: Los vigías, publicado por la editorial Errata naturae. En sus páginas reconstruye el funcionamiento de esta red informal que, con teléfonos móviles y listas improvisadas, se ha convertido en una especie de archivo paralelo de la frontera marítima entre África y Europa.

"He escuchado estas historias durante 25 años, en países de llegada, de tránsito y de salida", explica Tervonen. "Y con el tiempo entiendes que no se trata solo de migración. Se trata de gente corriente que intenta moverse en el mundo y no puede hacerlo porque no tiene el mismo pasaporte que tú".

Portada de Los Vigías, el libro publicado por Taina Tervonen y la editorial 'Errata naturae'.

Yusuf y Said, dos guineanos que esperan en Mauritania salir hacia Canarias: "Nos piden 1.200 €, nos ayudan amigos que ya están en España"

La llamada

El detonante del libro fue un episodio concreto. Un día, alguien avisó a Tervonen de que más de cien personas habían desaparecido en el mar en apenas dieciocho días.

No había titulares. No había un gran rescate ni imágenes de televisión. Solo mensajes dispersos entre familias y activistas. "Sabíamos que había más de cien desaparecidos y nadie sabía qué hacer con esa información", recuerda.

Fue entonces cuando empezó a hablar con quienes seguían esas historias desde hace tiempo: los vigilantes.

Personas que reciben avisos de migrantes o familiares cuando una embarcación desaparece. Personas que llaman a guardacostas. Que intentan reconstruir rutas. Que guardan listas con nombres de quienes ya no llaman.

No es un trabajo oficial. Es una red informal que nació casi por accidente.

Menores migrantes sentados en unas sillas tras su llegada a Puerto del Rosario, Fuerteventura. Carlos de Saá / Efe.

Los vigías

Los cinco protagonistas del libro se llaman Marie Dupont, Saliou, Hervé, María y Marie Cosnay. Viven en distintos países europeos y llegaron al fenómeno migratorio por caminos distintos: el activismo, el trabajo humanitario, el contacto con comunidades migrantes.

Con el tiempo, sus números de teléfono empezaron a circular. Entre migrantes que preparaban la travesía. Entre familias que buscaban noticias. Entre personas que sabían que, si algo iba mal en el mar, alguien debía contestar.

Cuando reciben un aviso, los vigilantes intentan reunir información básica: el punto de salida, el número aproximado de pasajeros, el tipo de embarcación, los teléfonos disponibles.

Con esos datos reconstruyen la ruta probable del barco y alertan a los guardacostas correspondientes —españoles, italianos o marroquíes— si consideran que hay peligro inmediato.

A veces mantienen contacto directo con los pasajeros durante horas. Otras veces la comunicación se corta de repente. Entonces empieza la parte más difícil: averiguar qué ocurrió.

Varón maliense de 26 años en cayuco hacia El Hierro: el perfil del migrante que protagonizó la ruta canaria en 2024

Desaparecidos

En Europa la conversación sobre migración suele concentrarse en dos momentos muy visibles: la salida y la llegada. La travesía queda en medio, lejos de la costa y lejos de las cámaras. Y los naufragios invisibles aún más.

Tervonen insiste en que uno de los grandes problemas de la frontera marítima europea es que muchas desapariciones nunca llegan a convertirse en noticia. Embarcaciones que salen de la costa africana y de las que nunca vuelve a saberse nada.

Ni rescate. Ni supervivientes. Ni cadáveres recuperados. Solo familias esperando. "Hay barcos enteros que nunca existen", dice la periodista. No porque no hayan partido, sino porque cuando se pierden nadie logra reconstruir su historia.

Los vigilantes intentan evitar precisamente eso. Mantienen listas con nombres de desaparecidos, anotan fechas de salida, cruzan testimonios de familiares y migrantes.

A veces utilizan herramientas digitales para seguir barcos de rescate. Otras veces simplemente escuchan. Porque para entender una desaparición hay que empezar por quienes buscan.

Un cayuco rescatado por Salvamento Marítimo el año pasado en la isla del Hierro. E. E. Europa Press

Las familias

Si hay un lugar donde los nombres siguen vivos es en los países de origen. Senegal. Mauritania. Marruecos. Allí las familias conservan el último audio enviado desde la embarcación, el número desde el que se hizo la última llamada, la fotografía tomada en la playa antes de partir.

Tervonen explica que hablar con esas familias fue fundamental para entender la dimensión del fenómeno. "Para encontrar a los desaparecidos hay que escuchar a quienes los buscan", dice.

Madres que esperan noticias durante meses. Hermanos que llaman a cualquier número que pueda ofrecer una pista. Grupos de WhatsApp donde circulan rumores sobre barcos perdidos.

Los vigilantes intentan dar respuesta a esas preguntas. No siempre pueden ofrecer certezas. Pero pueden intentar reconstruir la historia.

Viaje a Nuadibú, el puerto de Mauritania donde 35.000 migrantes esperan su cayuco a Canarias: "Por 1.000 € llegas a El Hierro en tres días"

El vacío

El trabajo de los vigilantes revela algo incómodo sobre la gestión europea de las fronteras. Europa invierte enormes recursos en controlar las rutas migratorias: patrulleras, radares, acuerdos con países de tránsito, sistemas de vigilancia.

Pero la identificación de quienes mueren o desaparecen en el mar ocupa un espacio mucho menor. Ahí aparece esta red informal.

Ciudadanos que, con teléfonos móviles y hojas de cálculo, hacen parte de una labor que debería corresponder a instituciones enteras: documentar naufragios, registrar nombres, intentar reconstruir desapariciones.

Lo hacen sin estructura formal y muchas veces sin reconocimiento público. Según Tervonen, ni siquiera quieren ser vistos como héroes. "Ellos no se consideran activistas", explica. "Son simplemente personas que decidieron contestar a una llamada".

Taina Tervonen posa en una imagen cedida por su editorial, 'Errata naturae'. E. E.

El mar

El mar tiene una cualidad terrible: borra. Borra cuerpos, rutas, fechas. Borra el lugar exacto donde una embarcación se hunde. Por eso el trabajo de los vigilantes consiste en algo aparentemente pequeño pero decisivo: preservar una memoria mínima de quienes desaparecen.

Anotar un nombre. Registrar una fecha. Guardar un mensaje de voz. Después de décadas cubriendo migraciones, Tervonen dice que el libro no nació solo de la indignación, sino también de una intuición: que la frontera marítima europea está llena de historias que nunca llegan a contarse.

Barcos que salen de Tarfaya o Nouadhibou. Cayucos que desaparecen camino de Canarias. Embarcaciones que se pierden entre Libia y Lampedusa.

Historias que, si nadie las recoge, se pierden definitivamente. Y por eso, cuando el teléfono vuelve a sonar en mitad de la noche, los vigilantes contestan.

Porque saben que cada embarcación desaparecida deja algo más que un punto vacío en el océano. Deja una pregunta. Y alguien tiene que quedarse mirando el mar el tiempo suficiente para intentar responderla.

  1. África
  2. Islas Canarias
  3. Objetivo 1: Fin de la pobreza
  4. Objetivo 2: Hambre cero
  5. Objetivo 9: Industria, innovación e infraestructura
  6. Objetivo 10: Reducción de las desigualdades
  7. Objetivo 16: Paz, Justicia e instituciones sólidas

Mientras Dormías - NEWSLETTER

Apúntate gratis y recibe cada mañana un análisis de los temas del día Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir