Si todos creemos que las películas hablan de nosotros, alguno las tiene que estar entendiendo mal. No todos podemos ser Anakin Skywalker, alguien tiene que ser Darth Vader, pero no parece que nadie se identifique nunca como un déspota interplanetario. Esta idea me persigue ... tras años y años escribiendo sobre cine.
¿Por qué el mundo no es un lugar mejor si la ficción lleva siglos (antes de que llegasen los Lumière, ya lo hacía la literatura o la pintura) mostrando el bien y el mal? ¿Cómo puede nadie iniciar una guerra si ya hemos visto 'El señor de los anillos', cómo sigue habiendo matones en el colegio si existe 'Chicas malas', o gente en los bares que haya visto 'To Leslie'? ¿Cómo puede haber malos políticos en nuestro Gobierno? ¿Es que nadie ha visto 'Gladiator', 'El ala oeste de la Casa Blanca' o 'Akira'? Si ya hablamos, amamos y caminamos como lo hacen en el cine, ¿por qué no nos comportamos como se comportan los buenos?
Le daba vueltas a este tema al ver, hace unos días, que se hacían virales varias escenas de 'Bichos: una aventura en miniatura', la película de Pixar estrenada en 1998 que cuenta la batalla entre unas hormigas y unos saltamontes. El argumento es una revisión de 'Los siete samuráis': si en la obra de Akira Kurosawa los habitantes de una aldea contrataban a unos samuráis para defenderse de los bandidos, aquí es Flick, una hormiga, el que contrata a unos bichos fuertes de la ciudad para acabar con la tiranía de los saltamontes.
Una vez disfrutado su fantástico humor y su despliegue visual, 'Bichos' está llena de capas y discursos que uno no pilla del todo de niño, pero se comprenden mejor cuando el eco nos alcanza como adultos. «Si dejamos que una hormiga se enfrente a nosotros, todas podrían hacer lo mismo. Y si llegasen a esa conclusión, se acabaría nuestra forma de vida. No es cuestión de comida. Lo que importa es mantener esas hormigas a raya». Pelos de punta y trabajo excepcional de Pep Antón Muñoz en su doblaje.
«Los hijos de los grandes tenedores no miran a sus padres como si fuesen los saltamontes de 'Bichos'»
Imagino que, más allá del sesgo de interpretación de cada uno, más allá de que creamos que somos los héroes de nuestra historia, el problema será que la vida no es tan fácil como en las películas que veíamos de adolescentes, o no tan adolescentes. Entiendo que la gente que está acampando en Sol se identifique con las hormigas, pero, ¿quién es cada uno en 'Lawrence de Arabia', en 'Diamantes en bruto' o en 'Los lunes al sol'?
Cuando el discurso es más complejo, el reconocimiento también se enreda. Por eso hay que luchar por una cinematografía y unas series de calidad, comprometidas, pero de la manera menos subrayada posible, especialmente si están dirigidas a los más jóvenes: para que despierten espíritu crítico. Creo que mi generación vivió mejores referentes audiovisuales en su infancia que las posteriores (qué raro pensar que la generación propia está mejor formada, ¿verdad?). Apostaría a que la lucha contra el corporativismo de 'Pesadilla antes de Navidad' (al final esa película va de un tipo que se aburre en su trabajo e intenta cambiar de sector) o el feminismo de 'Mulán' (por cierto, durante años, la biografía en Twitter de Javier Ambrossi, codirector de 'La bola negra', rezaba «todo lo que sé lo aprendí de Mulán») eran puntos de vista más sólidos, más adultos y menos marcados que los sesgos del Disney de los últimos años. Intuyo que en 'Digimon' se alertaba de alguna manera de los peligros de la IA, y eso no lo veo en los vídeos de 'La velada de Ibai', pero igual soy yo. Ojo, que todavía nos queda 'Hora de aventuras', no todo está perdido.
«Los hijos de los grandes tenedores no miran a sus padres como si fuesen saltamontes»
Los hijos de los grandes tenedores no miran a sus padres como si fuesen saltamontes, claro. Cuando vamos al psicólogo, siempre salimos teniendo razón y necesitando priorizarnos, no importa la mancha de grasa humana que seamos. Todos los partidos saldrán estos días a conquistar España argumentando que ellos son los buenos. Por matemática, alguno tiene que estar equivocado. Me gusta mucho una cita de Obama en la que defiende que, incluso en la batalla, deberías encontrar conexiones en el ejército que tienes frente a ti: «Aquellos contra los que luchas probablemente quieran a sus hijos. Y compartan ciertas cosas contigo. Y creo que el peligro que veo entre la gente joven […] es la sensación, en ocasiones, de que su forma de cambiar las cosas consiste en juzgar todo lo posible a los demás. Con eso les basta. […] Eso no es activismo. Eso no es cambio. Si todo lo que haces es lanzar piedras, no vas a llegar muy lejos».
No sé si, con tanto sufrimiento a nuestro alrededor, apostar por el entendimiento es una posición cobarde o valiente, les digo la verdad. Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York, quizás el mejor político vivo, subía el otro día un vídeo dándose la mano con Curtis Sliwa, su oponente republicano, mientras ambos se vacunaban contra la gripe. Es una anécdota, pero me dio envidia, qué le vamos a hacer. A mí me daba gustito si veía, muy de vez en cuando, en algún capítulo suelto de 'Pokemon', que Ash y el Team Rocket colaboraban. Tras años de lucha, se respetaban lo suficiente como para aguantarse unas horas frente a un enemigo común, y creo que la crisis de la vivienda debería serlo. ¿Soy un ingenuo? ¿Me lavaron la cabeza los dibujos de mi infancia? Mientras me entero, vayan pensando si esta columna habla de ustedes. Probablemente lo haya hecho en las partes agradables.
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