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Los expertos coinciden: muchos alimentos y cosméticos tienen aditivos que nos interesa evitar a cualquier precio

Los expertos coinciden: muchos alimentos y cosméticos tienen aditivos que nos interesa evitar a cualquier precio
Artículo Completo 1,328 palabras
Cada vez que metemos en el carrito de la compra una tortilla de patatas envasada, un hummus o una crema hidratante, incorporamos a nuestro organismo decenas de sustancias que a menudo pasan desapercibidas a pesar de aparecer en la etiqueta. Los conservantes, los colorantes, los emulgentes o los filtros solares forman parte de la composición habitual de miles de productos que compramos en los supermercados. Su presencia responde a una lógica industrial legítima: es necesario alargar la vida útil de un alimento o estabilizar la textura de un cosmético. El problema es que la normativa que regula estos aditivos avanza casi siempre por detrás del conocimiento científico. Un aditivo puede llevar décadas aprobado y en uso masivo antes de que los estudios científicos obliguen a las autoridades a reabrir su expediente. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reevalúa periódicamente estos compuestos, pero su forma de trabajar exige acumular evidencia sólida y sostiene años de exposición continuada antes de cualquier cambio regulatorio. Esta desconexión no significa en absoluto que todo lo permitido sea automáticamente peligroso. De hecho, la inmensa mayoría de los aditivos autorizados cuenta con el respaldo de décadas de estudios toxicológicos. Aun así, a los consumidores nos conviene conocer qué sustancias han generado más controversia científica, en qué productos aparecen con más frecuencia y qué instituciones han puesto el foco sobre ellas. Los conservantes que ya están en discusión El benzoato de sodio (E211) es uno de los conservantes más utilizados en las tortillas de patatas envasadas, los encurtidos, las salsas y los refrescos. La EFSA ha revisado su seguridad en varias ocasiones, la última en 2016, y ha concluido que dentro de los niveles autorizados no genera preocupación de genotoxicidad (la capacidad de una sustancia para dañar el material genético de una célula). Sí ha advertido, eso sí, de que ciertos grupos de población pueden superar con facilidad la ingesta diaria admisible. En Xataka Christopher Nolan explica por qué 'La Odisea' no se despega del formato IMAX ni un solo minuto Un apunte breve antes de seguir adelante: una parte de la controversia sobre este aditivo procede de investigaciones como las del profesor Peter Piper, de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), que ha documentado daños en el ADN mitocondrial de las células expuestas al benzoato de sodio en ensayos in vitro. La EFSA opta por la prudencia regulatoria, mientras que ciertos grupos académicos insisten en un escrutinio más estricto El sorbato de potasio (E202) sigue una lógica parecida. Aparece con frecuencia en el hummus, los quesos, los yogures o los vinos, y actúa como antifúngico. La EFSA lo ha reevaluado en 2015 y de nuevo en 2019, fijando una ingesta diaria admisible conjunta con el ácido sórbico de 3 mg por kilo de peso corporal al día. Un estudio publicado en Toxicology in Vitro evaluó su potencial genotóxico en linfocitos humanos cultivados en laboratorio, sin hallar efectos relevantes a las concentraciones ensayadas, lo que refuerza la posición oficial de la agencia. Otro apunte relevante: ambos conservantes comparten un mismo patrón. Ninguna institución de referencia los ha clasificado como cancerígenos, pero tampoco existe unanimidad sobre su completa inocuidad a largo plazo. La EFSA opta por la prudencia regulatoria, mientras que ciertos grupos académicos insisten en un escrutinio más estricto, sobre todo en poblaciones sensibles, como los niños o las personas con alergia a la aspirina. No obstante, nos interesa poner estas cifras en contexto: la exposición real de quien come tortilla de patatas envasada varias veces por semana está muy por debajo de los umbrales en los que se han observado efectos adversos en los estudios más alarmistas. Los aditivos más señalados por la ciencia Más allá de los conservantes, existen otros aditivos que han recibido una atención regulatoria mucho más contundente. El caso más claro es el del dióxido de titanio (E171), un colorante blanco usado durante décadas en golosinas, chicles y algunos cosméticos. La EFSA concluyó en 2021 que no puede descartarse su genotoxicidad, sobre todo por su capacidad de acumularse en el organismo, lo que ha llevado a la Unión Europea a prohibir su uso como aditivo alimentario desde 2022. Aun así, sigue estando permitido en cosméticos, como los protectores solares. En Xataka Casi cinco años de uso y la batería de mi móvil sigue al 85%. La física nos explica por qué Los antioxidantes BHA (hidroxianisol butilado, E320) y BHT (hidroxitolueno butilado, E321), presentes en snacks, cereales y algunos cosméticos, ilustran bien los matices de este tipo de evaluaciones. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado el BHA en el grupo 2B como posible cancerígeno para el ser humano. El BHT, en cambio, permanece en el grupo 3, no clasificable por evidencia insuficiente. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer ha clasificado el BHA en el grupo 2B como posible cancerígeno para el ser humano La Comisión Europea ha situado además al BHA como sustancia prioritaria por disrupción endocrina, mientras que el BHT solo despierta sospechas similares en la literatura científica, sin una clasificación institucional equivalente. Los parabenos de cadena larga en cosmética recorren un camino parecido: varios de ellos están prohibidos en la Unión Europea desde 2014 por decisión de su comité científico de seguridad de los consumidores. El nitrito de sodio (E250), habitual en embutidos y carnes procesadas, cierra la lista con el caso mejor documentado: la IARC clasificó la carne procesada como cancerígena de grupo 1 en 2015, sobre todo por la formación de nitrosaminas al cocinarse a alta temperatura. En la siguiente tabla resumimos estos seis casos e identificamos la institución que ha señalado el riesgo de cada uno de ellos y los efectos descritos en la literatura científica: Aditivo Dónde lo encontramos Institución que ha señalado el riesgo Efectos descritos E211 (benzoato de sodio) Tortillas de patata envasadas, encurtidos, salsas, refrescos EFSA (revisión de 2016); Universidad de Sheffield Superación de la IDA en grupos sensibles; daño al ADN mitocondrial en estudios in vitro E202 (sorbato de potasio) Hummus, quesos, yogures, vinos EFSA (revisiones de 2015 y 2019) Posible inflamación celular en modelos animales E171 (dióxido de titanio) Golosinas, chicles, protectores solares EFSA (dictamen de 2021) Genotoxicidad no descartable; prohibido como aditivo alimentario en la UE desde 2022 E320 (BHA) / E321 (BHT) Snacks, cereales, algunos cosméticos IARC (grupo 2B para el BHA); Comisión Europea (disruptor endocrino prioritario para el BHA) BHA, posible cancerígeno y disruptor hormonal; BHT, sospechas similares sin clasificación equivalente Parabenos de cadena larga Cremas, champús, cosméticos Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (UE) Disrupción hormonal; varios prohibidos en cosmética desde 2014 E250 (nitrito de sodio) Embutidos, carnes procesadas IARC (grupo 1 para la carne procesada, 2015) Formación de nitrosaminas cancerígenas al cocinarse a alta temperatura Imagen | Kenneth Surillo Más información | EFSA | Unión Europea | IARC En Xataka | Más 'klotho', más años de vida: la proteína que los laboratorios de longevidad quieren inyectar en el futuro En Xataka | La ciencia de la longevidad tiene claro que la obsesión por la carne es un callejón sin salida. La clave es otra proteína - La noticia Los expertos coinciden: muchos alimentos y cosméticos tienen aditivos que nos interesa evitar a cualquier precio fue publicada originalmente en Xataka por Laura López .
Los expertos coinciden: muchos alimentos y cosméticos tienen aditivos que nos interesa evitar a cualquier precio
  • Los conservantes, los colorantes, los emulgentes o los filtros solares están presentes en miles de productos

  • Un aditivo puede llevar décadas aprobado y en uso masivo antes de que los estudios científicos obliguen a las autoridades a reabrir su expediente

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Laura López

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Cada vez que metemos en el carrito de la compra una tortilla de patatas envasada, un hummus o una crema hidratante, incorporamos a nuestro organismo decenas de sustancias que a menudo pasan desapercibidas a pesar de aparecer en la etiqueta. Los conservantes, los colorantes, los emulgentes o los filtros solares forman parte de la composición habitual de miles de productos que compramos en los supermercados. Su presencia responde a una lógica industrial legítima: es necesario alargar la vida útil de un alimento o estabilizar la textura de un cosmético.

El problema es que la normativa que regula estos aditivos avanza casi siempre por detrás del conocimiento científico. Un aditivo puede llevar décadas aprobado y en uso masivo antes de que los estudios científicos obliguen a las autoridades a reabrir su expediente. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reevalúa periódicamente estos compuestos, pero su forma de trabajar exige acumular evidencia sólida y sostiene años de exposición continuada antes de cualquier cambio regulatorio.

Esta desconexión no significa en absoluto que todo lo permitido sea automáticamente peligroso. De hecho, la inmensa mayoría de los aditivos autorizados cuenta con el respaldo de décadas de estudios toxicológicos. Aun así, a los consumidores nos conviene conocer qué sustancias han generado más controversia científica, en qué productos aparecen con más frecuencia y qué instituciones han puesto el foco sobre ellas.

Los conservantes que ya están en discusión

El benzoato de sodio (E211) es uno de los conservantes más utilizados en las tortillas de patatas envasadas, los encurtidos, las salsas y los refrescos. La EFSA ha revisado su seguridad en varias ocasiones, la última en 2016, y ha concluido que dentro de los niveles autorizados no genera preocupación de genotoxicidad (la capacidad de una sustancia para dañar el material genético de una célula). Sí ha advertido, eso sí, de que ciertos grupos de población pueden superar con facilidad la ingesta diaria admisible.

En XatakaChristopher Nolan explica por qué 'La Odisea' no se despega del formato IMAX ni un solo minuto

Un apunte breve antes de seguir adelante: una parte de la controversia sobre este aditivo procede de investigaciones como las del profesor Peter Piper, de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), que ha documentado daños en el ADN mitocondrial de las células expuestas al benzoato de sodio en ensayos in vitro.

La EFSA opta por la prudencia regulatoria, mientras que ciertos grupos académicos insisten en un escrutinio más estricto

El sorbato de potasio (E202) sigue una lógica parecida. Aparece con frecuencia en el hummus, los quesos, los yogures o los vinos, y actúa como antifúngico. La EFSA lo ha reevaluado en 2015 y de nuevo en 2019, fijando una ingesta diaria admisible conjunta con el ácido sórbico de 3 mg por kilo de peso corporal al día. Un estudio publicado en Toxicology in Vitro evaluó su potencial genotóxico en linfocitos humanos cultivados en laboratorio, sin hallar efectos relevantes a las concentraciones ensayadas, lo que refuerza la posición oficial de la agencia.

Otro apunte relevante: ambos conservantes comparten un mismo patrón. Ninguna institución de referencia los ha clasificado como cancerígenos, pero tampoco existe unanimidad sobre su completa inocuidad a largo plazo. La EFSA opta por la prudencia regulatoria, mientras que ciertos grupos académicos insisten en un escrutinio más estricto, sobre todo en poblaciones sensibles, como los niños o las personas con alergia a la aspirina.

No obstante, nos interesa poner estas cifras en contexto: la exposición real de quien come tortilla de patatas envasada varias veces por semana está muy por debajo de los umbrales en los que se han observado efectos adversos en los estudios más alarmistas.

Los aditivos más señalados por la ciencia

Más allá de los conservantes, existen otros aditivos que han recibido una atención regulatoria mucho más contundente. El caso más claro es el del dióxido de titanio (E171), un colorante blanco usado durante décadas en golosinas, chicles y algunos cosméticos. La EFSA concluyó en 2021 que no puede descartarse su genotoxicidad, sobre todo por su capacidad de acumularse en el organismo, lo que ha llevado a la Unión Europea a prohibir su uso como aditivo alimentario desde 2022. Aun así, sigue estando permitido en cosméticos, como los protectores solares.

En XatakaCasi cinco años de uso y la batería de mi móvil sigue al 85%. La física nos explica por qué

Los antioxidantes BHA (hidroxianisol butilado, E320) y BHT (hidroxitolueno butilado, E321), presentes en snacks, cereales y algunos cosméticos, ilustran bien los matices de este tipo de evaluaciones. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado el BHA en el grupo 2B como posible cancerígeno para el ser humano. El BHT, en cambio, permanece en el grupo 3, no clasificable por evidencia insuficiente.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer ha clasificado el BHA en el grupo 2B como posible cancerígeno para el ser humano

La Comisión Europea ha situado además al BHA como sustancia prioritaria por disrupción endocrina, mientras que el BHT solo despierta sospechas similares en la literatura científica, sin una clasificación institucional equivalente. Los parabenos de cadena larga en cosmética recorren un camino parecido: varios de ellos están prohibidos en la Unión Europea desde 2014 por decisión de su comité científico de seguridad de los consumidores.

El nitrito de sodio (E250), habitual en embutidos y carnes procesadas, cierra la lista con el caso mejor documentado: la IARC clasificó la carne procesada como cancerígena de grupo 1 en 2015, sobre todo por la formación de nitrosaminas al cocinarse a alta temperatura. En la siguiente tabla resumimos estos seis casos e identificamos la institución que ha señalado el riesgo de cada uno de ellos y los efectos descritos en la literatura científica:

Aditivo

Dónde lo encontramos

Institución que ha señalado el riesgo

Efectos descritos

E211 (benzoato de sodio)

Tortillas de patata envasadas, encurtidos, salsas, refrescos

EFSA (revisión de 2016); Universidad de Sheffield

Superación de la IDA en grupos sensibles; daño al ADN mitocondrial en estudios in vitro

E202 (sorbato de potasio)

Hummus, quesos, yogures, vinos

EFSA (revisiones de 2015 y 2019)

Posible inflamación celular en modelos animales

E171 (dióxido de titanio)

Golosinas, chicles, protectores solares

EFSA (dictamen de 2021)

Genotoxicidad no descartable; prohibido como aditivo alimentario en la UE desde 2022

E320 (BHA) / E321 (BHT)

Snacks, cereales, algunos cosméticos

IARC (grupo 2B para el BHA); Comisión Europea (disruptor endocrino prioritario para el BHA)

BHA, posible cancerígeno y disruptor hormonal; BHT, sospechas similares sin clasificación equivalente

Parabenos de cadena larga

Cremas, champús, cosméticos

Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (UE)

Disrupción hormonal; varios prohibidos en cosmética desde 2014

E250 (nitrito de sodio)

Embutidos, carnes procesadas

IARC (grupo 1 para la carne procesada, 2015)

Formación de nitrosaminas cancerígenas al cocinarse a alta temperatura

Imagen | Kenneth Surillo

Más información | EFSA | Unión Europea | IARC

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