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El mapa muestra como la llegada de los colonos fenicios atrajo la población local a la costa. E. H. Los fenicios, los primeros descubridores de la costa de MálagaUna investigación demuestra que la llegada de los comerciantes y colonos orientales atrajo a la población indígena a la primera línea marítima de la bahía
Málaga
Viernes, 27 de marzo 2026 | Actualizado 29/03/2026 00:08h.
CompartirEl paralelismo no deja de tener su guiño histórico. Aunque habría que decir más bien arqueológico. Todos esos extranjeros que llegan a la Costa del Sol desde mediados del pasado siglo XX buscando el sol que más calienta tienen su antecedente en los fenicios que fueron los primeros ‘turistas’ de nuestra costa. Solo que no venían a descansar, sino a comerciar y, como ahora, a quedarse a vivir. Pueblo de cultura marítima y mercantil, el primer espacio en el que se asentaron en la Bahía de Málaga fue La Rebanadilla, el más antiguo en la península ibérica junto a Huelva y que, según la última investigación con carbono 14, hunde sus orígenes a finales del siglo X a. C, lo que provocó el acercamiento a la costa de las poblaciones autóctonas, más interesadas por la explotación ganadera y agrícola que por los recursos marítimos. Un fenómeno que los expertos han bautizado como un «efecto llamada» que desembocaría en el origen de la actual ciudad de Málaga.
«Antes del asentamiento de los fenicios en las costas malagueñas, las poblaciones locales se instalaban en el interior, pero a partir de finales del siglo X a.C., cuando los colonos orientales se instalan en La Rebanadilla, se produce un acercamiento de estos grupos autóctonos que entran en contacto directo con los fenicios», explica Bartolomé Mora, catedrático de Arqueología de la Universidad de Málaga que, junto a sus colegas José L. Caro y José Suárez –director del yacimiento del Cerro del Villar–, se hizo una pregunta: ¿Cuándo llegaron los fenicios, existían asentamientos autóctonos en primera línea? La respuesta está en el estudio ‘Cronología y temporalidad de los inicios de la Edad de Hierro en la Bahía de Málaga’, que ha publicado el último número de la revista de prehistoria y arqueología ‘Spal’ y que, usando como base nuevas dataciones de carbono-14 de restos de ámbitos fenicios e indígenas, han confirmado que el acercamiento a la costa de los nativos se produjo tras la llegada de los colonos de Oriente.
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Los bajos del Rectorado de la UMA atesoran restos fenicios de Málaga capital. SURLa investigación con carbono-14 ha confirmado el «efecto llamada» que tuvo para los nativos la llegada de los fenicios a la costa malagueña
A diferencia de Huelva, donde los fenicios contactan con asentimientos que ya están organizados cerca de la orilla, Málaga presenta unas dinámicas diferentes y propias en esa etapa fenicia arcaica. «Las fechas más antiguas del hábitat indígena de San Pablo –en el barrio de la Trinidad– se parecen a las que tenemos en el santuario de La Rebanadilla que crean los fenicios en el entorno costero», explica el arqueólogo José Suárez, estableciendo la llegada de la civilización oriental al instalarse en la desembocadura del Guadalhorce –donde actualmente se encuentra la segunda pista del Aeropuerto de Málaga–, mientras que el asentamiento indígena coetáneo en la bahía se localiza en el ámbito del Guadalmedina, pero desaparece a finales del siglo VIII a.C.
Puerta de entrada
«Me gusta pensar en la casualidad que supone que la mayoría de la gente que está llegando a Málaga hoy día lo hace por el Aeropuerto, cuya pista está situada precisamente en La Rebanadilla. Es curioso que la entrada principal de extranjeros sigue siendo por el mismo lugar en el que se instalaron los primeros habitantes que vinieron de fuera», destaca Suárez sobre esta puerta de entrada con antecedentes arqueológicos. Solo que aquel espacio no tenía pinta de pista de aterrizaje, sino más bien de isla en la que atracar, ya que entonces ese mismo ámbito era un islote de la desembocadura del Guadalhorce, hoy colmatado y a unos ocho kilómetros de la actual orilla. Posteriormente, los fenicios buscaron un nuevo territorio en las inmediaciones para desarrollarse todavía más cerca del mar y ese lugar fue el Cerro del Villar, en el mismo estuario del río y con unas condiciones muy concretas.
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Última campaña de excavaciones en el asentamiento fenicio de Cerro del Villar. Salvador SalasEl estudio atrasa la antigüedad del uso de La Rebanadilla por parte de los fenicios a finales del siglo X a.C.
«Encontramos que la población local se incorpora al nuevo proyecto de la comunidad fenicia, un espacio ambicioso con un urbanismo y organización oriental, pero que integra a la gente autóctona», relata el arqueólogo, que continúa con la cronología y añade que el asentamiento predominante en la bahía de Málaga en el siglo VII a.C. es la nueva isla del Cerro del Villar. En ese siglo, también se tienen evidencias de un santuario fenicio en calle Císter, «pero la zona del Guadalmedina es un espacio secundario», aclara. Un mapa cronológico que, enlazando con las últimas campañas de excavaciones en la desembocadura del Guadalhorce, vuelve a cambiar en el siglo VI a.C. cuando los problemas de inundaciones de la colonia fenicia, supone el traslado del núcleo principal al Guadalmedina y a Malaka, quedando la antigua isla como una zona industrial subsidiaria de la nueva centralidad emergente en lo que hoy es el casco antiguo de la capital.
Isótopos para afinar la antigüedad
Los innovadores resultados de esa investigación están vinculados al uso de las pruebas con radiocarbono, un sistema que se está imponiendo y aplicando a las cronologías que hasta ahora se obtenían con el tradicional estudio de la cerámica. Así, esta técnica para medir la antigüedad de materiales orgánicos usa como material base restos obtenidos en semillas, huesos, espinas, carbones e incluso conchas de yacimientos arqueológicos. «Podríamos decir que el radiocarbono es un ‘reloj’ escondido en los seres vivos que permite conocer de forma aproximada el momento de su muerte», explican los investigadores de este estudio aplicado ahora a los asentamientos situados en el entorno de la Bahía de Málaga.
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Imagen cenital de las excavaciones en el yacimiento Taralpe Alto. SUREl fundamento de estas pruebas se basa en que tanto humanos como animales y plantas absorben durante su vida un isótopo de carbono denominado carbono-14, que es ligeramente radiactivo. En el caso de los seres vivos, ese isótopo se aloja en los huesos, pero al fallecer esa absorción se paraliza, por lo que, desde ese momento, actúa como ese ‘reloj’ natural que permite conocer la datación de los hallazgos arqueológicos con restos orgánicos. Enmarcada en proyectos de I+D, la investigación con la metodología del radiocarbono ha puesto sobre la mesa las tendencias de poblamiento en la Bahía de Málaga en el final del Bronce, a la vez que ha afinado la cronología más antigua que sitúa el uso de La Rebanadilla por parte de los fenicios a finales del siglo X a.C., lo que supone una divergencia de varias décadas con respectos a mediados del siglo IX a.C. propuesta por la cerámica.
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Poblado indígena de San Pablo, en Málaga capital, zona de la Trinidad. Salvador Salas«Esa llegada de los fenicios y su establecimiento al borde del mar es lo que hemos denominado ‘efecto llamada’ al provocar que los núcleos de población que estaban tierra adentro cada vez se acerquen más a la costa», señala el catedrático Bartolomé Mora que tira de metáfora en gran pantalla y recuerda los ‘westerns’ para ilustrar aquel fenómeno. «El mejor ejemplo es el del fuerte de esas películas, a cuyo alrededor se instalaban las tiendas de los indios con los que comerciaban y trabajaban», cierra el arqueólogo y cinéfilo.
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