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Los funerales de Alí Jamenei ponen a prueba el acuerdo con EEUU: Irán insta a Trump a contener los ataques de Israel

Los funerales de Alí Jamenei ponen a prueba el acuerdo con EEUU: Irán insta a Trump a contener los ataques de Israel
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Teherán despedirá desde este sábado y durante seis días al líder supremo asesinado el 28 de febrero, en una ceremonia diseñada para exhibir la continuidad del régimen. Netanyahu amenaza mientras Trump se conforma. Más información: Trump ya no intimida: Omán desoye las amenazas de EEUU y propone a Irán cobrar un peaje a los buques que crucen Ormuz

Niños junto a una pancarta con imágenes de Ruhollah Jomeini, Alí Jamenei, y Mojtaba Jamenei. Majid Asgaripour Reuters

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Teherán despedirá desde este sábado y durante seis días al líder supremo asesinado el 28 de febrero, en una ceremonia diseñada para exhibir la continuidad del régimen. Netanyahu amenaza mientras Trump se conforma.

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Publicada 3 julio 2026 02:44h Las claves

Las claves Generado con IA

Este sábado 4 de julio, al amanecer, arranca en el Gran Musalla de Teherán una ceremonia funeraria que Irán lleva cuatro meses preparando y que, en su magnitud, aspira a superar la del propio ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989.

Las autoridades iraníes esperan entre quince y veinte millones de asistentes, un despliegue procesional que recorrerá durante seis días las ciudades santas de Teherán, Qom, las iraquíes Nayaf y Kerbala y que culminará el 9 de julio con el entierro del ayatolá Alí Jamenei en el santuario del Imán Reza, en Mashhad.

Asesinado el 28 de febrero en el primer ataque de la operación Furia Épica, Jamenei no había sido enterrado hasta ahora. Su cuerpo llevaba cuatro meses en depósito, esperando el momento adecuado para escenificar que el régimen de los ayatolás sigue en pie.

Un miembro de las fuerzas paramilitares Basij transporta piezas metálicas debajo de un gran cartel que muestra al fallecido líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Mohammed Salem Reuters

La diplomacia en torno al funeral es casi más relevante que el propio funeral. Han confirmado su asistencia el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif —mediador clave del Memorando de Islamabad—, el presidente georgiano, Mikheil Kavelashvili, el viceprimer ministro y el ministro interino de Exteriores del régimen talibán afgano, y delegaciones de más de treinta países entre los que figuran Rusia, China, Cuba y la India.

Narendra Modi no viaja, pero enviará a un gobernador; Xi Jinping tampoco, pero mandará a un alto funcionario.

Ningún jefe de Estado occidental estará presente. Lo relevante no son las ausencias —eran esperables— sino la naturaleza de las presencias: por primera vez desde el inicio de la guerra, Irán exhibe una diplomacia relativamente normalizada, con reuniones bilaterales previstas y desfiles multitudinarios.

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Es la vuelta a la normalidad de un régimen que Estados Unidos e Israel prometieron arrasar hace apenas cuatro meses. La operación Furia Épica había explicitado desde su primer día —el propio Donald Trump lo declaró en un comunicado el 28 de febrero— que el objetivo era el cambio de régimen.

Cuatro meses después, ese régimen entierra a su ayatolá supremo con veinte millones de asistentes y el reconocimiento tácito de la Casa Blanca.

Es difícil pensar en una escenificación más rotunda del fracaso estratégico de Estados Unidos. Trump destruyó el corazón militar del régimen, mató a su líder, humilló a su cúpula, pero fue incapaz de derribarlo. Los ayatolás siguen en Teherán.

¿Aparecerá Mojtaba Jamenei?

En el centro de la escenografía funeraria hay una silla vacía. O casi. Mojtaba Jamenei, hijo del ayatolá asesinado y designado el 8 de marzo como nuevo líder supremo, no ha aparecido en público ni una sola vez desde su nombramiento.

El propio secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, llegó a afirmar en aquellos primeros días de euforia que estaba "en coma". El secretario de Estado Marco Rubio ha sido más cauteloso, pero ha reconocido que Washington duda de su capacidad para gobernar.

Mojtaba Jamenei en una imagen de archivo de 2019. Hamid Forootan Reuters / WANA

Mojtaba, herido de gravedad en el bombardeo del 28 de febrero que mató también a su madre y a su esposa, se comunica exclusivamente mediante escritos que son después leídos por presentadores de la televisión estatal.

El miércoles no acudió siquiera a la ceremonia privada por su esposa fallecida, lo que ha alimentado de nuevo toda la rumorología. Y es que su aparición o no en el funeral es la incógnita central de esta semana. Si sale a la calle o se muestra en el Gran Musalla, será la confirmación de que el régimen ha superado el peor trance de su historia moderna con su cúpula intacta.

Si no aparece, la propaganda oficial lo justificará por "motivos de seguridad", pero abrirá el debate una vez más sobre quién manda realmente en Teherán.

Buena parte de los analistas señalan a Alí Larijani, difunto secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, como el líder de facto durante los primeros meses de la guerra: más pragmático, más negociador.

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Puede que ahí —en la incapacidad física del líder oficial— esté una de las razones por las que Teherán se muestra ahora dispuesto a firmar acuerdos con Washington.

Hay un dato que merece la pena señalar y que juega a favor del régimen: las revueltas populares que llenaron las calles iraníes en enero y febrero, reprimidas con una brutalidad que dejó miles de muertos, no reaparecieron durante los tres meses de guerra.

Reza Pahlavi, principal figura de la oposición monárquica en el exilio, llamó a los suyos a "dejar las calles y quedarse en casa" esperando su "llamada final", que nunca llegó.

La combinación de bombardeos estadounidenses e israelíes con la brutal represión previa produjo un efecto contraintuitivo: parte de esa oposición que exigía el fin del régimen aceptó, temporalmente, cerrar filas frente al enemigo exterior.

Varias mujeres rezan durante una protesta en la plaza Enghelab de Teherán. Mohammed Salem Reuters

Trump se conforma; Netanyahu, no

La segunda gran incógnita es si Israel dejará celebrar el funeral en paz. Las últimas declaraciones del gabinete Netanyahu son alarmantes.

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, declaró el pasado lunes 30 de junio que Mojtaba Jamenei está "marcado para la muerte" y que Israel "ha atacado dos veces con golpes proactivos y preventivos en Irán, y, si es necesario, atacará por tercera vez”.

El propio Benjamin Netanyahu, en entrevista el martes con el Canal 14 israelí, afirmó "haber entrado en Irán dos veces para salvarnos del aniquilamiento por bombas atómicas que ya tenían en sus manos", una afirmación que el ex jefe del Estado Mayor israelí, Gadi Eisenkot, ha calificado públicamente de mentira justo antes de anunciar su candidatura a primer ministro.

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La respuesta iraní ha sido inmediata. Abás Araqchi publicó el miércoles en X: "Los términos del Memorando de Islamabad son claros y públicos. Trump se ha comprometido a poner bozal a sus perros de Tel Aviv. Si ignoran a su amo, Irán les dará una lección".

La formulación es humillante para Netanyahu, pero es también un recordatorio directo a Trump de que el memorando del 17 de junio incluía la obligación estadounidense de contener a Israel.

Teherán ha llevado la amenaza de Katz al Consejo de Seguridad de la ONU y ha exigido a Washington un pronunciamiento público. Trump aún no ha dicho nada. Su silencio se interpreta en la región, por primera vez, como una confirmación tácita de que ha aceptado el papel de contener a su aliado.

Un comandante iraní, Ali Abdollahi, jefe del Cuartel Central Khatam al-Anbiya, ha advertido directamente a "Estados Unidos y al régimen sionista" de que "eviten cualquier cálculo erróneo" durante el funeral, prometiendo "una dura represalia".

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JD Vance habla durante la cumbre de Bürgenstock. Fabrice Coffrini/Pool via REUTERS

La lógica israelí es la contraria: para Netanyahu, un régimen iraní intacto es una amenaza existencial, mucho más ahora que el Memorando de Islamabad prevé exenciones de sanciones al sector petrolero, descongelamiento de fondos y una arquitectura administrativa del estrecho compartida con Omán.

Si Bibi busca sabotear el acuerdo, este funeral, con veinte millones de personas concentradas en unas pocas plazas, parece una gran ocasión.

Negociaciones aplazadas

Mientras Teherán sepulta a Jamenei, las negociaciones técnicas entre Estados Unidos e Irán en Doha han quedado formalmente pausadas hasta después del entierro.

Los mediadores cataríes anunciaron el martes que la última ronda "ha logrado progresos positivos" sobre la implementación del Memorando de Islamabad —asuntos técnicos sobre el estrecho, la liberación del primer tramo de 6.000 millones de dólares en activos congelados, el mecanismo de verificación nuclear…—.

Ambas partes han acordado reanudar el diálogo el 10 de julio, el día posterior al entierro. Ese aplazamiento dice mucho, pues implica que ni Trump ni el régimen iraní quieren dinamitar públicamente el acuerdo esta semana.

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Con todo, cabe preguntarse también qué grado de continuidad hay realmente detrás de las alfombras rojas.

El régimen que sepulta esta semana a Alí Jamenei ha perdido a su líder histórico, a decenas de comandantes de la Guardia Revolucionaria, buena parte de su infraestructura nuclear declarada, una mitad de su capacidad misilística y la totalidad de su credibilidad regional. Rusia, aliada nominal, no movilizó un solo soldado durante la guerra. China se limitó a llamadas telefónicas.

Los Estados árabes del Golfo, tras sufrir ataques iraníes en Baréin y Kuwait, han cerrado filas alrededor de la posición saudí de que "un simple alto el fuego no es suficiente". Y Omán ha decidido cobrar peajes junto a Teherán.

El régimen sobrevive, sí, pero en un ecosistema regional radicalmente distinto al de febrero. Por eso, el funeral de Alí Jamenei es mucho más que un acto religioso. Es la prueba de estrés del acuerdo de Islamabad.

Si Israel no lo sabotea —y todo indica que Trump se lo va a impedir—, el mundo asistirá al primer gran acto público de una República Islámica que ha aguantado el mayor asalto militar de su historia y ha salido, si no ilesa, al menos con vida.

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Si lo sabotea, el memorando estalla, se reanuda la guerra y se demuestra que Trump no controla a Netanyahu ni siquiera cuando su propia victoria diplomática está en juego.

Cada minuto de silencio en Mashhad el 9 de julio será un minuto de examen para la palabra dada por Estados Unidos hace apenas dos semanas para lamento de muchos de los que apoyaron la guerra desde el primer momento porque pensaban que realmente serviría de algo.

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