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Los homínidos usaban el fuego más de 700.000 antes de lo que se creía

Los homínidos usaban el fuego más de 700.000 antes de lo que se creía
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El descubrimiento y el control del fuego es un hito fundamental de la evolución humana. Un estudio propone que los homínidos usaban el fuego como combustible más de 700.000 años antes de lo que se estimaba hasta ahora, unas conclusiones que podrían suponer una reinterpretación de la arqueología del fuego y la prehistoria universal. Leer
Salud y CienciaLos homínidos usaban el fuego más de 700.000 antes de lo que se creíaActualizado 1 JUN. 2026 - 20:00British Museum

El descubrimiento y el control del fuego es un hito fundamental de la evolución humana. Un estudio propone que los homínidos usaban el fuego como combustible más de 700.000 años antes de lo que se estimaba hasta ahora, unas conclusiones que podrían suponer una reinterpretación de la arqueología del fuego y la prehistoria universal.

Un equipo internacional liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Toronto (Canadá) ha descubierto que los Homo erectus ya usaban el fuego de manera recurrente hace 1,07 millones de años y hace 1,79 millones de años en la cueva de Wonderwerk (Sudáfrica), fente a evidencias previas que situaban un uso más regular y controlado del fuego hace un millón de años en África en ese mismo yacimiento. El equipo, cuyo estudio se publica en PLoS ONE, ha utilizado una novedosa técnica no invasiva basada en luminiscencia.

"Se trata de un trabajo de sumo interés para la prehistoria universal, ya que aborda uno de los temas más trascendentales para la humanidad: el fuego", señala Juan Manuel Jiménez Arenas, investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada y director del ProyectORCE.

El estudio, coordinado por la paleontóloga española María Dolores Marín-Monfort, delMNCN plantean un cambio importante en el paradigma actual sobre su uso, al envejecerlo en unos 800.000 años y situarlo hace 1,8 millones de años en una cueva sudafricana, Wonderwerk, que, precisamente, ya albergaba a los anteriores candidatos a los fuegos antrópicos más antiguos de la humanidad, añade Jiménez Arenas en SMC España.

El estudio introduce un nuevo protocolo rápido y no destructivo, basado en la estimulación de los restos óseos con una fuente de energía externa, una técnica que se conoce como luminiscencia.

"Hay que tener en cuenta que uno de los peores 'enemigos' del hueso es el calor, el cual altera su composición de forma muy significativa. Estos cambios se reflejan en la respuesta que muestran ante la emisión de una luz azul especial y muy potente: los huesos quemados brillan de forma diferente a los no quemados, lo que resulta fundamental para distinguirlos", explica.

Los autores han aplicado esta nueva metodología a huesos de animales de pequeño tamaño que formaban parte de egagrópilas, es decir, los restos no digeridos y regurgitados de las presas de aves rapaces nocturnas. El resultado demuestra que, en la cueva de Wonderwerk (1,8 millones de años), muchos de los huesos que componían estos elementos están quemados, lo que sugiere que "los humanos fueron los responsables de utilizar estos pellets naturales como combustible en el interior de esta gruta sudafricana.

"Un aspecto clave que discutir es la probabilidad de que los fuegos de Wonderwerk sean de origen natural. Esto es algo que ocurre con más frecuencia al aire libre, donde se encuentra una mayor cantidad de combustible vegetal y concurren fuentes de ignición, por ejemplo, rayos, tal y como sucede hoy en día con los incendios forestales no provocados".

El impacto metodológico del artículo es incuestionable, ya que los autores realizan una aportación crucial para la caracterización de huesos quemados en contextos extremadamente antiguos. Ahora bien, lo que genera más dudas es el origen antrópico de dichos fuegos, puesto que no existen evidencias directas de que los humanos estuvieran implicados en su génesis dentro de la cueva.

Tradicionalmente se ha sostenido que los fuegos más antiguos documentados fueron fruto del aprovechamiento de incendios naturales. El estudio va un paso más allá y "sugiere que nuestros antepasados no hicieron un uso completamente pasivo, sino que habrían introducido antorchas prendidas en el exterior hasta a 30 metros de profundidad en la cavidad para encender las agrupaciones de egagrópilas".

Esto se explicaría porque "la ubicación de los restos a 30 metros de la entrada actual hace improbable que el material en llamas viajara de forma accidental desde el exterior", añade, y además, los fuegos se repiten a lo largo de la secuencia estratigráfica".

No obstante, para plantear un cambio de tal envergadura —con consecuencias interpretativas tan notorias para la prehistoria universal—, considero que se requerirían evidencias directas más contundentes y relacionadas con su funcionalidad (por ejemplo, la cocción de alimentos). Además, añade este experto, habría sido conveniente evaluar el tiempo total de combustión, la necesidad de realimentación, el tipo de humo o la toxicidad, dado que generar un fuego en un espacio cerrado y sin ventilación puede volver el aire rápidamente irrespirable.

En conclusión, de confirmarse la datación (1,8 millones de años) y, sobre todo, la intencionalidad en la introducción del fuego en la cueva, estaríamos ante un hito que cambiaría el curso de la prehistoria porque tantes "no se habían reconocido fuegos con participación humana de tal antigüedad".

"De este modo, el inicio de una de las tecnologías más revolucionarias de la humanidad hundiría sus raíces en el tiempo, situándose en un momento muy próximo a otra gran transición que daría lugar al tecnocomplejo Achelense. Este no solo supuso un cambio importante en la tipología y la forma de tallar las herramientas líticas, sino también en las capacidades".

Lo que nos hace humanos

Si bien el registro arqueológico del fuego oportunista siempre es un gran reto y genera controversias, esta investigación abre la hipótesis de un uso del fuego en cronologías mucho más antiguas de lo que se pensaba: que los homininos de hace 1,8 millones de años ya lo utilizaban, apunta Aitor Burguet-Coca, investigador posdoctoral Beatriu de Pinós en el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA) de Tarragona especializado en arqueología del fuego.. Este plantemiento hará que los investigadores de estas cronologías se centren en esta problemática concreta sobre el uso del fuego y se generen líneas de investigación y mejoras metodológicas que asienten (o no) nuevos paradigmas sobre el uso del fuego en evolución humana.

"El estudio ayuda a complementar la identificación de los restos faunísticos quemados que se llevan haciendo basado en FTIR [espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier]", detalla, "una propuesta metodológica complementaria innovadora y una evidencia de fuego oportunista interesante. Las evidencias de fuego más antiguas que las encontradas anteriormente en Wonderwerk son un punto de partida para identificar esta primera etapa del fuego".

"Hasta el momento, algunas de las evidencias más antiguas de fuego que se habían publicado tenían como elemento en común proceder de yacimiento al aire libre, en un entorno donde de forma natural se producirían recurrentes incendios naturales. Esto dificultaba identificar el origen antrópico del fuego. Es decir, se podían identificar elementos producidos por una combustión, pero no vincularlos de forma clara a un evento de uso del fuego por parte de los homininos. En los estudios del registro piroarqueológico (del registro del fuego en los yacimientos arqueológicos), la controversia y la discusión sobre lo que realmente significan siempre está allí y no creo que estos resultados sean una excepción.

Wanderwerk Cave y estos resultados presentados es algo diferente, al tratarse del interior de una cueva dentro de una secuencia arqueológica consistente estratigráficamente con las evidencias documentadas 80 metros hacia el interior. Sin embargo, hará falta esperar si hay más resultados que puedan identificar también este uso del fuego desde una aproximación más directa, como se hizo en un estudio publicado PNAS en 2021, una evidencia de fuego antrópica más antigua en África, con un millón de años. El que se trate de una cavidad da mucha más seguridad que las evidencias que se han identificado en yacimientos al aire libre".

"Entender las dinámicas del uso del fuego y su evolución en África es relevante para ver cómo este mecanismo, que es tecnológico, pero con implicaciones sociales importantes, se pudo desarrollar con otras dinámicas en otras partes del mundo", concluye Burguet-Coca. "Ya se ha visto que la fabricación de herramientas no es exclusiva de nuestra especie. ¿Será el uso del fuego lo que nos hará humanos?"

Joaquín Panera, profesor permanente laboral del Área de Prehistoria en el departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid, apunta que "el control del fuego representó un punto de inflexión crucial en la evolución humana, permitiendo transformaciones que abarcaron desde la biología hasta la organización social compleja".

"El uso del fuego en el procesado alimentos fue fundamental para la adaptación de los hominidos, facilitando una mayor extracción de energía, una mejor digestibilidad y un aumento del valor nutricional de la dieta, los que se ha correlacionado con cambios evolutivos en la masa corporal y el tamaño cerebral. Además, el uso controlado del fuego se ha relacionado con un incremento de la cohesión, y con la dispersión geográfica del género Homo. Por tanto, determinar el inicio del uso controlado del fuego por los homininos es una cuestión central para comprender la evolución humana, pero la identificación de sus primeras evidencias sea extraordinariamente compleja".

"Los autores proponen un protocolo basado en la combinación de luminiscencia y FTIR para identificar huesos quemados, al permitir confirmar combustión y distinguirla de alteraciones naturales (...). Aunque existen propuestas que sugieren una asociación entre homininos y fuego en torno a 1,5 millones de años, las evidencias más robustas de uso controlado y recurrente del fuego se sitúan actualmente en torno a 0,8 millones de años. Si se precisara la cronología, agrega, el hallazgo constituiría una contribución de gran importancia para el conocimiento de la evolución humana.

En mi opinión, la principal aportación del artículo no reside tanto en adelantar de forma definitiva el inicio del uso controlado del fuego, sino en la propuesta metodológica que plantea mediante el empleo de la luminiscencia como técnica complementaria a la FTIR para identificar huesos alterados térmicamente, (...) que puede convertirse en una herramienta muy útil para reconocer el uso del fuego durante el Pleistoceno, incluidos los yacimientos europeos, donde existen diversas propuestas de uso controlado del fuego que aún no han sido suficientemente contrastadas mediante protocolos analíticos sólidos".

PLoS ONE https://doi.org/10.1371/journal.pone.0347480

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Fuente original: Leer en Expansión
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