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Un inmigrante trabajador de la hostelería. EP Los inmigrantes se concentran en puestos poco cualificados de la hostelería, el campo y los cuidadosApenas hay extranjeros funcionarios, mientras su peso en la construcción se ha duplicado en una década y representan una cuarta parte del empleo
Madrid
Domingo, 1 de febrero 2026, 00:48
... 79 millones si se suman quienes tienen doble nacionalidad, según la Encuesta de Población Activa (EPA). En solo un año son 258.000 más, un aumento del 7,8%, frente al crecimiento del 2% del empleo español.Ese ocupado no es coyuntural. Se concentra en el sector privado y en los eslabones más intensivos en mano de obra:agricultura y construcción, sobre todo. En el sector público, en cambio, su presencia sigue siendo casi testimonial:muy pocos son funcionarios.
El cambio es estructural. Hace dos décadas los extranjeros representaban el 10,4% de los ocupados; hoy son el 15,9%. Si se suman quienes tienen doble nacionalidad, el peso asciende al 21,4%. Más de uno de cada cinco trabajadores en España tiene ya al menos un pasaporte distinto al español.
4.790.000
es el número de ocupados extranjeros en España, casi uno de cada cuatro trabajadores.
La inmigración se ha convertido en el principal motor demográfico y laboral de la economía española. Entre 2018 y 2025 la población activa autóctona se redujo en 55.600 personas, mientras la de origen extranjero aumentó en cerca de dos millones. Sin ese aporte, el mercado laboral estaría hoy prácticamente estancado. Ese peso se refleja también en la actividad económica. Las estimaciones disponibles atribuyen a los trabajadores extranjeros en torno al 80% del crecimiento del PIB entre 2019 y 2024. Y ayuda a entender por qué la cuestión migratoria ha pasado del análisis económico a la agenda política.
La EPA se publicó, además, el mismo día en el que el Gobierno dio el primer paso hacia una regularización extraordinaria de inmigrantes en situación irregular. Funcas estima que unas 800.000 personas extranjeras viven sin papeles en España y las asociaciones calculan que la medida podría beneficiar a más de medio millón. Esa cifra encaja, a grandes rasgos, con el desfase entre los ocupados extranjeros que detecta la EPA (3,58 millones) y los afiliados a la Seguridad Social (3,08 millones). La regularización no cambiará apenas el volumen de empleo que mide la encuesta, pero sí aflorará trabajo ya existente en la economía informal y, por tanto, engordará el número de cotizantes.
Los sectores lo confirman. En la construcción, el peso de los trabajadores extranjeros se ha duplicado en una década, hasta el 25,8%. En la agricultura supera el 27% y en el empleo doméstico es aún mayor y representan casi la mitad. Por no hablar de la hostelería, en donde se concentran un tercio de los trabajadores inmigrantes y, sin duda, será la principal beneficiaria de esta regularización, según estima CCOO.
La dependencia no es homogénea: en las ocupaciones elementales los extranjeros representan el 35,8% del total. En el sector privado alcanzan el 19% de los asalariados; en el público, apenas el 1,7%. El autoempleo es otra vía relevante de inserción: el 16,8% de los trabajadores por cuenta propia son extranjeros y su peso es especialmente alto en la ayuda en la empresa o negocio familiar.
No es solo una cuestión de volumen de empleo, sino de calidad y encaje en el modelo productivo. Todo ello ocurre en un contexto de precariedad persistente. Aunque suponen en torno al 16% del mercado laboral, concentran una parte muy elevada del empleo más vulnerable. Su base media de cotización está, además, 532 euros por debajo de la de los españoles.
La mayoría, latinos
La segmentación no se limita a los salarios ni a las cotizaciones. A esto se suma el desaprovechamiento del capital humano. España registra la mayor tasa de sobrecualificación de trabajadores extranjeros de la Unión Europea: más del 54% de los inmigrantes con estudios universitarios trabaja en puestos que no requieren esa formación. La lentitud en los procesos de homologación –un tercio de las solicitudes de la última década sigue sin resolverse– explica buena parte de este atasco.
España es también una excepción en Europa por el peso de la inmigración latinoamericana, que representa el 48% del total. De los 3,58 millones de ocupados extranjeros, 1,48 millones proceden de América Latina. Marruecos, Rumanía, Colombia y Venezuela concentran los mayores volúmenes de afiliados.
La foto cambia cuando se mira a la segunda generación y a los horizontes de más largo plazo. El año 2024 sumó 3,1 millones de personas y muestra una integración laboral claramente ascendente, con mayor acceso a empleos cualificados y menos subempleo. Pero el salto no cierra todas las brechas.
La gran alarma está en la educación: la tasa de abandono escolar temprano en este colectivo alcanza el 33% y solo el 25% logra estudios universitarios. La vulnerabilidad material persiste y afecta al 62,4% de los menores en hogares de población migrante.
El cuadro general es este: la inmigración sostiene hoy el crecimiento económico y el empleo en España. Lo hace, eso sí, desde una posición frágil y muy segmentada, por lo que, a juicio de los expertos, la regularización permitirá aflorar parte de ese trabajo ya existente. El reto de fondo es otro: convertir este sostén en integración estable. Ahí se juega buena parte del futuro del mercado laboral español.
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