- MOHAMED EL-ERIAN
La capacidad de las autoridades para responder a las crisis ha disminuido en todos los ámbitos.
Durante tres décadas, y algunos dirían que incluso más, ha existido una inconsistencia recurrente entre los principios de política monetaria de los grandes bancos centrales y la práctica real cuando los mercados se desestabilizan.
Los banqueros centrales intentan mantener una distinción entre las ventas masivas de mercado, que deberían tolerarse, y las disfunciones del mercado que amenazan la estabilidad sistémica y exigen intervención.
Sin embargo, llegado el momento crítico, tienden a cruzar esa línea, recurriendo a la intervención verbal y a medidas políticas, no solo para abordar el estrés sistémico real en el sistema financiero, sino también para revertir ventas masivas de acciones. Esto ha ocurrido incluso cuando el mercado funcionaba correctamente y la economía real subyacente era sólida, como en el cuarto trimestre de 2018.
Al hacerlo, los bancos centrales suelen dejar de lado las preocupaciones sobre el riesgo moral, las burbujas de activos y la mala asignación de recursos a nivel económico, priorizando la comodidad a corto plazo de una rápida recuperación del mercado.
Los gobiernos han actuado de forma parecida, poniendo en marcha enormes paquetes fiscales para proteger a los hogares y los balances de las empresas de las perturbaciones exógenas cada vez más frecuentes y violentas (como la crisis financiera, la pandemia y las consecuencias estanflacionarias de la invasión de Ucrania).
Para los inversores, esta situación estableció y reforzó una firme convicción en la "garantía de política monetaria": la seguridad implícita de que las autoridades poseen tanto la voluntad como la capacidad de protegerlos no solo de grandes pérdidas, sino también de una volatilidad inquietante. Esto ha condicionado enormemente la psicología del mercado, y muchos inversores consideran la volatilidad no como una señal de acontecimientos fundamentales, sino como una oportunidad de compra prácticamente automática.
Esto explica por qué las ventas masivas de acciones en los últimos años han sido espectacularmente efímeras, independientemente del catalizador subyacente. La estrategia de "comprar en las caídas" se ha convertido en una estrategia de inversión dominante y muy rentable. Consideremos la rapidez con la que las acciones globales se recuperaron incluso después del impacto inicial de la guerra de Irán y las consiguientes interrupciones (aún vigentes) en las principales rutas energéticas y las cadenas de suministro globales. Los índices bursátiles estadounidenses no solo repuntaron de forma espectacular, sino que, desde entonces, han alcanzado récords históricos.
Sin embargo, una realidad macroeconómica inquebrantable implica que esta red de seguridad no debe darse por sentada. Los hechos sobre el terreno —encabezados por una inflación y tipos de interés elevados durante un período prolongado, un alto nivel de endeudamiento y cambios estructurales en la economía global— señalan un endurecimiento de las restricciones tanto para las autoridades fiscales como monetarias, lo que compromete su capacidad para amortiguar futuras crisis financieras.
Aunque la voluntad de proteger los mercados puede mantenerse, la capacidad para hacerlo es menor. Los bancos centrales no pueden ignorar la crisis inflacionaria global. Los datos publicados recientemente mostraron que la inflación general y subyacente de los precios al consumidor en Estados Unidos superó las previsiones consensuadas. Igualmente preocupante es el aumento vertiginoso de las presiones sobre los precios de los oleoductos. El índice mensual de precios al productor (IPP) de abril subió a un ritmo anualizado del 6,0%, el incremento mensual más rápido desde marzo de 2022. Los datos del IPP de Japón reflejan una trayectoria ascendente igualmente preocupante, al igual que las últimas cifras de Europa.
Esta realidad inflacionaria obliga a tomar una decisión crucial: estabilizar los activos financieros o proteger la credibilidad de las políticas a largo plazo. Además, existe el riesgo de acelerar la caída de la demanda en ciertas economías debido a los precios más altos, y no solo en el sector energético.
En resumen, el margen para maniobras fiscales contracíclicas se ha evaporado en la mayoría de las economías avanzadas. El aumento de los costes de endeudamiento se traduce directamente en un mayor gasto público en intereses, al tiempo que amenaza los ingresos fiscales al frenar el crecimiento.
Esta vulnerabilidad fiscal ha despertado a los inversores que durante mucho tiempo habían permanecido inactivos en el mercado de deuda. Ya estamos presenciando su vuelta y su impacto en los mercados de deuda soberana más vulnerables del G7, sobre todo en Japón y Reino Unido.
El panorama para muchas economías en desarrollo es aún más preocupante. En algunos casos, el uso de sus reservas fiscales e internacionales para amortiguar las perturbaciones externas se está agotando, lo que aumenta la amenaza de una presión a la baja sobre el nivel de vida interno, la fuga de capitales y la inestabilidad monetaria.
La economía global se encuentra ahora inmersa en una inevitable y compleja recalibración estructural. Dado que las autoridades no pueden depender tanto de las antiguas intervenciones, tendrán que implementar otras estrategias: aprovechar la adopción de la IA para mejorar la productividad laboral, movilizar una financiación profunda en los mercados de capitales, ejecutar una política fiscal inteligente cuando sea posible e impulsar una mayor coordinación de las políticas internacionales.
Para los mercados, estas estrategias son inherentemente menos directas que una red de seguridad de la política monetaria. Por lo tanto, los inversores tendrán que convivir con una incertidumbre estructural más compleja durante un tiempo. Aunque una solución ordenada a la guerra en Oriente Próximo sería de gran ayuda, la economía global tardará en recuperar el grado de flexibilidad política al que los mercados se han acostumbrado y en el que, de hecho, han confiado.
© The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribución, copia o modificación. EXPANSIÓN es el único responsable de esta traducción y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.
-
15:43
Así afectan los cambios fiscales en el reparto de dividendos de las inversiones en Brasil
-
15:18
Los consumidores estadounidenses afrontan una caída del gasto a medida que se agotan las devoluciones de impuestos de Trump
-
15:09
Felipe González defiende que debería haber elecciones "este año"
-
15:04
Los inversores ya no pueden confiar en una red de seguridad de los bancos centrales
-
14:29
España registra 57.158 solicitudes de marcas en 2025, un 11,5% más