Los sótanos de los colegios se habilitan para los estudiantes, mientras Moscú destruye las editoriales y millones de manuales de estudio
Regala esta noticia Añádenos en Google Los bomberos apagan un incendio en un almacén de libros ucraniano. (RR SS)Miguel Pérez
02/09/2026 a las 07:05h.Los alumnos de la Escuela Internacional de Kiev bajaron este martes directamente a los sótanos para asistir a su primer día de clase. Así será ... durante todo el curso. Los estudiantes-topo. La dirección del centro ha tomado esta medida para crear un «entorno seguro» y evitar la suspensión de la actividad lectiva cada vez que suenan las sirenas antiaéreas.
Otra razón es que los misiles y los drones de la marca Putin caen ahora sobre Kiev a cualquier hora, sin ritmo preconcebido, y cada vez son más rápidos; por lo tanto, llegan antes. La población ya no se siente segura de que correr hacia un refugio nada más escuchar el primer pitido garantice llegar antes de las explosiones. Desde hace tiempo se han producido muertes suficientes para que miles de vecinos estén habituados a hacer vida en los túneles del metro o a no alejarse de un subterráneo.
En Obolón, un distrito de la capital, el estreno escolar se celebró en el patio del colegio con una fiesta de globos. La alegría de los más pequeños y los rostros complacidos de sus padres representaban un extraño contraste con la madrugada de terror soportada horas antes debido a un nuevo bombardeo ruso, que dejó doce muertos y decenas de heridos. Seis de ellos eran empleados de una estación de tren. Les alcanzó la onda expansiva de un misil que impactó en un depósito ferroviario. Kiev llevaba seis días consecutivos bajo el fuego y, aun así, los vecinos buscaron fuerzas para inflar unos globos que apenas tardaron unos minutos en flotar abandonados por el recinto. La sirena obligó a padres y alumnos a correr a los refugios.
Los colegios e institutos del país matriculan este año a unos tres millones de jóvenes, de los cuales alrededor de un millón estudian de forma semipresencial o remota. Entre estos figuran los auténticos hijos de la furia, 200.000 escolares residentes en las poblaciones del frente bélico. Leen apuntes bajo el resplandor del fuego.
Antes de que termine la primera jornada lectiva, madres como Yiuliana admiten que los menores «están cansados. Se levantan agotados porque pasan la noche pendientes de los ruidos o de nosotros, los padres, revisando Telegram por si salta un aviso o alguien informa de la aparición de drones», lo que eufemísticamente Yiuliana llama «el boletín».
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